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En pie de guerra por la mina

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En pie de guerra por la mina

12.05.13 - 00:37 -
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El municipio de Valle de la Serena clama por su complejo minero de San Nicolás. Es un conjunto dedicado a la extracción de wolframio que dio sustento a muchas familias de la población el siglo pasado, pero los vecinos no quieren ver su recuerdo desplomado de la noche a la mañana.

Sobre todo, ante los «graves daños» que la Asociación para la Defensa del Patrimonio del Valle de la Serena (Adepa) considera que se están ocasionando al importante complejo minero por parte de la empresa que realiza las labores de desmonte en la plantación de eucaliptos, que han denunciado. De hecho, la plataforma empezó movilizándose a través de las redes sociales (cuenta con un grupo en Facebook de más de 600 seguidores) e incluso ha elevado sus quejas a la Administración regional.

El Grupo Minero San Nicolás empezó a funcionar en 1912 y, alternando periodos de actividad e inactividad, se mantuvo en explotación hasta 1990. Sus concesiones abarcan un área de 95 hectáreas. El conjunto tiene una gran relevancia en la historia contemporánea. Su mineral es de interés estratégico y el papel de estas minas fue crucial en todas las guerras del siglo pasado.

Su descubrimiento se realizó, según detalla el estudioso local Pedro Pérez Osorio, a principios del siglo XX por tres amigos de Don Benito que andaban cazando en el cerro de Martín Pérez. Al quedarse uno de ellos sin munición, optó por coger bolitas de mineral negro que encontró esparcidas por el campo para usarlo con su escopeta. Posteriormente y tras realizar las investigaciones oportunas se encontraron sin pretenderlo con el descubrimiento de una mina de wolframio.

Dada la cantidad de este mineral que había en la superficie se decidieron a obtener los permisos necesarios para una concesión que permitiera su posterior explotación. El nombre de la concesión no podía ser otro que el de Mina Tres Amigos y debido a que desconocían cómo sacarlo de la tierra, optaron por transmitir sus derechos.

Adepa cuenta que desde el pasado mes de octubre la empresa Enerbosque Extremadura está trabajando en labores silvícolas. En concreto, se encuentran realizando trabajos de corte y procesado de todos los árboles de la plantación de eucaliptos que ocupa el amplio espacio de las minas. Pero el colectivo advierte de que desde entonces el patrimonio que se encuentra en este complejo minero está sufriendo «una brutal agresión, ya que se ha acelerado el deterioro de todo el conjunto de una forma inminente».

Casas para todos

El patrimonio que generó la mina es amplísimo. Contó con casa de dirección, poblado, almacén, sala de máquinas, tres lavaderos de mineral, caseta fichero, oficinas, colegio y cuartel de la guardia civil; además de pozos maestros, galerías, chimeneas, bocaminas... De hecho, Adepa, con ayuda del Centro de Desarrolo Rural de La Serena, lleva dos años realizando un amplio inventario-catálogo de todo su contenido, así como su estudio histórico para iniciar la incoación del expediente de Bien de Interés Cultural.

No obstante, la asociación denuncia que ya el mismo mes de octubre, recién iniciados los trabajos, dejaron caer un árbol sobre una de las casas. Pero no ha sido el único destrozo, ya que tras una visita a la zona han podido comprobar otros de relevancia. Así, se denuncia la destrucción de dos bases de rumbos, que eran construcciones circulares para lavar mineral, que databan de 1937. También se han destruido las paneras, realizadas de obra en 1941 para lavar la ropa de las familias que habitaban en el poblado, así como canales abiertos, hechos con ladrillos, que conducían agua de las galerías al aljibe grande.

Además, la asociación también denuncia el robo de hierros, en concreto de las vigas del techo de nueve a diez raíles de vagonetas de lo que fue en principio Casa de la Bomba. Advierten también de los daños a la zona de oficinas del centro de la mina, con desplome de enlucidos, arañazos, rotura de esquinazos., al tiempo que se ha observado el desplome de parte de los muros en distintos edificios causados «por golpes al cortar los eucaliptos».

En definitiva, un panorama desolador que destila mucho dolor, «como es el que produce la visión de tanta destrucción premeditada, a sabiendas de la importancia del conjunto», como apunta uno de los integrantes de la asociación, Juanjo Minaya.

Esto ha hecho que la asociación se pusiera urgentemente en contacto con todos los organismos con competencia en el tema para denunciarlo. Así se ha hecho ante la Consejería de Educación y Cultura y en concreto con la Dirección General de Patrimonio, ante la Direccion General de Medio Ambiente (que había dado la autorización para los trabajos selvícolas), y ante la Dirección General de Ordenación Industrial y Comercio (por tener las competencias de minas).

A todos se les ha solicitado la «paralización inmediata de los trabajos, la intervención arqueológica, con seguimiento si se reanudan los trabajos, y por supuesto la imposición de una sanción o penalización que obligue a la rehabilitación del conjunto minero».

La asociación Adepa agradece la labor de los técnicos de Patrimonio, «que se han volcado en el tema, como también lo han hecho los agentes de la Guardia Civil y la patrulla del Seprona, quienes diligentemente están realizando los informes oportunos».

Cultura supervisa

Por su parte, la Dirección General de Patrimonio Cultural indica sobre este asunto que «ha estado, desde el primer momento, en contacto con la empresa que está realizando los trabajos de extracción forestal en la mina, así como con Adepa». En este caso, los técnicos de la Dirección General han «supervisado los trabajos para garantizar la protección del patrimonio material».

De hecho, el pasado 30 de abril, se produjo una reunión con responsables de la empresa y se alcanzó el acuerdo de que la empresa seguirá todas las indicaciones técnicas que se le hagan desde la Consejería a la hora de balizar las áreas a proteger.

También se llevará a cabo el destoconado de los eucaliptos de forma controlada, con respeto absoluto de los elementos patrimoniales y conforme a las indicaciones de arqueólogos y etnógrafos. Se acordó además no eliminar los árboles en las inmediaciones de las bocaminas por seguridad y para evitar el posible deterioro de éstas.

Juanjo Minaya se ha mostrado satisfecho con esta reacción: «Es importante el seguimiento arqueológico que llevarán los trabajos y se ha empezado a hablar del tema de las medidas compensatorias de la empresa... El daño que está hecho ya es inevitable, pero al menos ahora sabemos que no dañarán más. Aparte, la Junta se está volcando con este bien, pues se han comprometido a iniciar planimetrías como inicio de los trabajos para la incoación de Bien de Interés Cultural. La reacción que ha tenido la Consejería no ha podido ser mejor, por eso estamos relativamente contentos, lo que nos supone un alivio ante el disgusto de las graves destrucciones».

Desde la empresa Enerbosque Extremadura, su director, Antonio Romero, precisó a este diario que «en ningún momento hemos realizado trabajos que no estuvieran autorizados ni hemos hecho daño queriendo». Además, considera que «si se habla de daños, éstos son ridículos pues hemos pisado una pila que no se veía con las jaras y unos canales que nadie sabía que estaban allí». No obstante, Romero advierte que ya han acordado con la Junta el subsanar y compensar estos desperfectos ya que en el ánimo de la empresa «siempre ha sido el de prestar toda la colaboración posible a la Administración».

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