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TU 'REPUTACIÓN DIGITAL' PUEDE MANCHAR TU CURRÍCULUM

SOCIEDAD

TU 'REPUTACIÓN DIGITAL' PUEDE MANCHAR TU CURRÍCULUM

La huella que hoy dejamos en Internet repercute en nuestro futuro laboral y puede vetarnos para un puesto de trabajo

17.02.13 - 00:09 -
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El currículum de Felipe es similar al de otros jóvenes de su generación. Al menos en lo que respecta a su formación y su experiencia laboral. Licenciado en Ciencias Empresariales, con un máster en márketing digital, habla con soltura dos idiomas extranjeros (inglés y francés) y domina como usuario avanzado las herramientas que ofrece Internet. Incluso puede presumir de haber realizado sus prácticas en algunas de las empresas más punteras del sector informático. Sin embargo se llevó una desagradable sorpresa en su última entrevista de trabajo. Lo que prometía ser el típico proceso de selección se convirtió en una pesadilla. Antes de poder defender su valía y sus fortalezas para el puesto recibió un no rotundo. A priori, era el candidato ideal pero descuidó un detalle. Su muro de Facebook, repleto de fotografías subidas de tono y comentarios jocosos de índole política y religiosa, le jugó una mala pasada. Le descartaron de forma fulminante porque habían investigado su huella en la red y les pareció que resultaba problemática. Aquel día aprendió una importante lección.
La reputación digital es el reflejo del prestigio o estima de una persona o marca en Internet. Es una cuestión de credibilidad, fiabilidad, compromiso, diferenciación y coherencia. Según el portal InfoEmpleo, el 80% de las empresas espían a sus candidatos en internet. Los 'headhunters', los consultores y los directores de recursos humanos fisgonean los 'rastros' que han dejado en la web, fiestas locas inclusive. Ya no se trata de que Facebook o MySpace entreguen información relevante de los consumidores a las compañías de publicidad sin el consentimiento del usuario para buscar perfiles individuales adecuados a un determinado producto. La huella digital se ha convertido en un fenómeno complejo y un escenario de preocupación porque nos exponemos en un escaparate con cristales transparentes. No basta con enviar el currículum y esperar a las entrevistas, las pruebas psicométricas y las evaluaciones. Debemos pensar que somos un producto en venta y por ello es una obligación cuidar nuestra presencia en la red. La diplomacia y la discrección pueden ser nuestras mejores aliadas.
Julio Alonso, fundador y director general de Weblogs SL, la principal empresa española de contenidos especializados en internet, lanza un aviso: «dedicar esfuerzo a construir nuestra identidad digital no es opcional sino un acto de pura responsabilidad». A fin de cuentas, «cualquier contenido publicado en una página abierta es susceptible de ser localizado, indexado, copiado y enlazado por Google».
Botellón en la red
Ricard Martínez, presidente de la Asociación Profesional Española de Privacidad, declaraba hace un par de semanas que «la generación de jóvenes que comparte botellones y comentarios en los que se ríen de los demás en sus perfiles abiertos de las redes sociales se enfrentarán a dificultades para encontrar trabajo en el futuro porque los departamentos de selección de personal rastrearán en internet su actividad y su reputación». Aunque reconoce que se trataba «más de una imagen que de una afirmación taxativa», subraya que, desde el punto de vista de los futuros profesionales universitarios que aspiran a trabajos cualificados, «es obvio que la reputación posee un valor central porque define quiénes somos y cómo nos ven». De algún modo, en el mundo digital, en el que todo se amplifica hasta límites insospechados, hemos renunciado a lo privado y cuidar tanto nuestra identidad pública como el prestigio personal contribuye a cimentar nuestras relaciones laborales.
Ahora bien, ¿qué 'pecados' en Internet pueden resultar determinantes en un proceso de selección de personal? Una vez más, y aunque parezca un ejemplo socorrido, los botellones virtuales. «¿Si usted fuera director de un centro escolar contrataría a un candidato cuya información lo define como un asiduo y activo participante de botellones?», acentúa. Pero el mayor pecado «no consiste en qué información subimos a internet sino en nuestra carencia absoluta de una reflexión previa, de un mínimo criterio racional en término de coste y beneficio que nos permita decidir qué debo publicar, dónde debo hacerlo y bajo qué condiciones».
Por otro lado, Martínez también hace hincapié en conductas «potencialmente antijurídicas» cuando menciona a algunas empresas que «exigen ver nuestro espacio privado o nos obligan a 'ser sus amigos' en una red social».
Con la mira puesta en el mañana, los usuarios deberían «aprender a utilizar el sentido común» mientras las organizaciones superan las políticas de privacidad prolijas. «Es evidente que todos sabemos si una fotografía nos favorece o no, si un comentario es grosero o molesto. A veces conviene contar hasta diez o esperar unas horas antes de subir o enviar algo por Internet», aconseja.
Cotilleos a nivel planetario
Aunque la idea resulte aterradora, lo cierto es que nunca se ha tenido tanta información sobre nosotros, toda ella procesable en tiempo real. Al respecto, Paloma Llaneza, una abogada especializada en los aspectos legales y regulatorios de internet, opina que, más allá del puro exhibicionismo, el problema reside en «un entorno digital extraordinariamente intrusivo por su propia naturaleza técnica». Una coyuntura que explica con un ejemplo esclarecedor: «Uno no necesita identificarse para pasear por una ciudad o para comprar en una farmacia pagando en efectivo; sin embargo, para conectarse a Internet se requiere, por lo pronto, un identificador como la IP que permite rastrearnos y analizarnos». Además, «si antes se cotilleaba en el pueblo o en la escalera, ahora se hace a nivel planetario».
Llaneza trabaja en Razona Legaltech, «un espacio jurídico donde confluye el modo tradicional de ejercer la abogacía con la consultoría tecnológica de seguridad más avanzada». Desde su experiencia, reconoce que hay«empresas muy conocidas que viven de hacer rentable la recolección de nuestros datos de navegación, amigos, seguidores y aficiones». Borrar los rastros de nuestro pasado no es una tarea sencilla y, por ello, «el que crea que sus pecados de juventud van a ser perdonados cuando busque trabajo está muy equivocado».
En cualquier caso, no debe cundir el pánico. Velar por nuestra reputación digital no es una labor compleja. «Deshabilitar la geolocalización del teléfono móvil aunque dejen de funcionar un par de aplicaciones o evitar calentarse y publicar comentarios ofensivos en las redes sociales puede ser un buen comienzo», recalca. Por supuesto, el internauta debe ser precavido cuando «tuitea o actualiza su perfil de Facebook en medio de una juerga o a lo tonto».
Experto en reputación digital
Internet se ha convertido en una de las mayores fábricas de modas y tendencias -pasajeras o no- del planeta. Como sucedió en su momento con la popularización de los 'community managers' (gestores y dinamizadores de comunidades), las posibilidades que ofrece la administración de la 'e-reputación' son una materia prima golosa para aquellos que buscan nuevas oportunidades de negocio. En ese sentido no resulta sorprendente que el Instituto Internacional de Marketing de Barcelona haya incorporado a su oferta formativa el título de 'técnico superior en reputación digital', orientado al ámbito empresarial, con especial incidencia en los departamentos de comunicación y relaciones públicas. A lo largo de 20 horas lectivas presenciales y 40 horas de trabajo 'online', los interesados se sumergen en los vericuetos del mundo profesional desde la óptica de la identidad y la marca personal. Por su parte, la institución asegura que se puede lograr «la empleabilidad en sectores vinculados a la publicidad y el marketing con un salario medio de 19.000 euros al año».
Pero esta inquietud no solo incumbe al mercado laboral. En un contexto en el que «las redes sociales se han convertido en una suerte de photocall», la Diputación de Alicante organizaba el pasado año un curso itinerante que recorrió siete puntos de la provincia para ayudar a los adolescentes a gestionar su 'yo digital' y, de este modo, proteger su reputación en la red. La meta del programa, bautizado como 'Inside Generation', era ofrecer consejos y herramientas útiles para evitar que los menores, de edades comprendidas entre 13 y 17 años, divulguen de forma contraproducente la información que concierne a su esfera privada. Citando algunas sorpresas incómodas relacionadas con el 'sexting' (el uso del móvil o las redes sociales para enviar mensajes e imágenes de contenido erótico), la Administración alicantina quería inculcar a los alumnos del seminario que la difusión de datos íntimos o fotografías comprometedoras puede resultar peligroso para «la primera generación de jóvenes preocupados por su reputación en el mundo real e Internet».

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