Javier Cienfuegos (Montijo, 15 de julio de 1990) ya ha cumplido su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos. Décimo sexto entre los mejores lanzadores de martillo del mundo y desde luego uno de los más jóvenes de los que se metieron en la jaula del Estadio Olímpico. No entró en la final por menos de un metro, una espinita que promete quitarse en los próximos Juegos.
La última plaza de la final la ocupó el bielorruso Valery Sviathoha con una marca de 74,69 metros. Por su parte, Cienfuegos realizó un primer tiro nulo, seguido por un lanzamiento de 63,79 metros y otro de 73,73, un poco lejos de su marca personal de 76,21. De haber igualado su récord de España, Javier hubiera terminado sexto en la final olímpica. A pesar de ello, Javier tira de modestia y deja en casi imposible la posibilidad de haberse subido al podio. «Tenía que haber superado mi marca personal en muchos metros para llegar a las medallas. El objetivo era disfrutar de la prueba», añade montijano.
Su experiencia en los Juegos fue magnífica. «Cualquier deportista que haya participado en unos pensará lo mismo». Y más si se trata de un joven que acude a la cita más importante del deporte por primera vez en su carrera. «La verdad es que fue impresionante. El hecho de poder convivir en la villa olímpica con tantos deportistas es algo fuera de lo normal e increíble».
Reconoce haberse quedado con la miel de la final en los labios, pero por otro lado asegura que no estaba nervioso momentos antes de competir, algo que normalmente les suele pasar a los deportistas antes de los momentos clave, más aún si se trata de un novato en la cita olímpica. El extremeño estaba con muchas ganas. «La mente me decía que podía pasar a la final. Hice buenos tiros aunque no fueron los esperados. En el primer lanzamiento hice nulo. Con el segundo me fui entonando. Y ya con el último y definitivo saqué lo mejor de mí mismo. Tenía que arriesgarme a llevarme todo o nada. Pero el hecho de estar en unos Juegos ya es una medalla para mí», sentencia Cienfuegos.
Representar a España y a Extremadura en Londres es un orgullo para Javier. «Es cosa de poquitos». La delegación extremeña en Londres no era pequeña, de hecho igualó a la de Atlanta'96, pero faltaba alguien. «La pena fue no superar a esa delegación con la presencia de Javier Alves», detalle que tuvo Cienfuegos con el también atleta y compañero valentino. En Atlanta'96, compitieron los extremeños Juancho Pérez, jugador de balonmano; Nuria Cabanillas, gimnasta; Marisa Martínez, atleta; Manuel Francisco Borrega, también atleta y el arquero Juan Carlos Holgado.
Objetivos
Con superar su marca personal (76,21) con un nuevo récord de España y asistir a los Juegos Olímpicos, Javier Cienfuegos da por cumplidos sus objetivos para esta temporada. Eso sí, todavía tiene una tarea pendiente en la presente campaña, el Campeonato de España en el que participará en próximo fin de semana en Pamplona. Como es lógico, se espera que el montijano sea el mejor en su modalidad.
Sus objetivos de cara a la próxima temporada son, en primer lugar, mejorar su marca personal, y después acudir al Mundial que se celebrará en Moscú. Allí intentará estar entre los ocho mejores. Por último, Cienfuegos quiere participar en los Juegos Mediterráneos de Turquía con el objetivo de luchar por las medallas.
Además del atletismo, el plusmarquista montijano tiene dos pasiones: la música y la lectura. Aunque es muy aficionado a los instrumentos, sin duda alguna, ponerse delante de un libro es lo que más le atrae después de lanzar martillo. Asegura que «devora libro tras libro». Es ponerse a leer y no para. Cada vez que termina uno, busca otro para empezar a embarcarse en una nueva historia. «Soy un apasionado de la lectura», admite el joven atleta de 22 años.
Cienfuegos compagina los entrenamientos con los estudios de Inef en Madrid. El montijano no le ve demasiado futuro a eso de lanzar el martillo. «Más que nada porque el atletismo no es fútbol». No es fácil estar demasiado tiempo en la élite de cualquier deporte y, además, si comparamos los honorarios de unos deportistas y otros se demuestra la gran diferencia que hay. Por ello a la pregunta de si espera poder vivir a costa de este deporte, Javier indica un no rotundo. «Por desgracia no creo que el atletismo me permita vivir de ello, por eso llevo mi carrera de Inef a la par», asegura.
En cuanto a los entrenamientos, el joven atleta piensa que lo más importante, por encima del ejercicio físico, es la dieta. Está claro que la mayor parte del entrenamiento es físico. Cuando no lanza con el martillo, toca encerrarse en el gimnasio para ganar masa muscular. Pero son el cuidado de la alimentación y el descanso las bases principales para poder competir de la manera más correcta posible. Además, Javier afirma que cuando una temporada está llegando a su fin, los entrenamientos físicos son cada vez menos intensos y el cuidado de la dieta mayor. También resalta que hay que cuidarse con el tema de las salidas nocturnas. De vez en cuando no le viene mal a uno salir por ahí y despejarse pero no se debe abusar de ello.
Odriozola y compañía
Tras los Juegos, la figura de Odriozola, el presidente de la RFEA, está en el punto de mira de atletas y periodistas. Javier no está por alimentar la polémica. «Los atletas debemos seguir a lo nuestro». Para el montijano el problema es más de años que de otra cosa. «Las grandes figuras del atletismo español llevan demasiado tiempo en la élite y tienen ya una cierta edad. No se les puede pedir más». El atletismo español está sufriendo un cambio generacional. «Los atletas que están empezando a destacar son todavía muy jóvenes y explotarán dentro de cuatro o cinco años». No lo dice, pero él es uno de los que explotará. Seguro.
El ucranio Sedykh consiguió el actual récord del mundo en 1986.
El húngaro Pars se llevó el oro en Londres con este lanzamiento.
La mejor marca del de Montijo es de este año y es récord de España.
El mejor lanzamiento del extremeño en la clasificación de Londres, con 74,69, hubiera entrado en la final. Terminó décimosexto.