Subiendo por la avenida Gurugú se pueden contar más de diez casas abandonadas que son la angustia de quienes viven puerta con puerta con ellas. Escombros, ratas, culebras, cucarachas... la suciedad y las alimañas son innumerables y crean una preocupación en los residentes de esta zona que no saben cómo enfrentarse a este problema.
En la margen derecha del río Guadiana, vías arriba, se encuentra la barriada del Gurugú. Los vecinos de este lugar se quejan del mal estado del barrio en general y de los problemas que ocasionan las casas abandonadas.
Es el caso de Remedios Pérez, que vive en el 179 de la calle Gurugú y tiene que soportar en su día a día los desechos que se acumulan en la casa de su vecino, que está deshabitada. Esta vecina recuerda que el Ayuntamiento negó al propietario de la vivienda la licencia para edificar, por lo que directamente la abandonó y se compró otra en la misma calle. «Lo peor es que el Ayuntamiento sabe quién es el dueño y no hace nada», se lamenta Remedios.
Esta mujer puso un par de denuncias que no han sido respondidas y sus quejas se suman a las de los demás vecinos, que por la suciedad acumulada no pueden salir prácticamente a la calle a charlar por las noches porque se pasan el tiempo matando cucarachas. «Es asqueroso», asegura.
Las medidas que ella y su marido toman en su casa son variadas. En primer lugar, usan unos aparatos de ultrasonidos para ahuyentar a todos los animales que puedan entrar. Los tienen puestos en varias habitaciones para que sea realmente efectivo. Por otro lado, ponen paños debajo de las puertas porque cuando llueve, el agua entra llena de suciedad y bichos. «No sabemos ni qué hacer», cuenta Reme.
Esta pacense confiesa cómo se siente ante esta situación y asegura que es una opinión generalizada. «Es una sensación muy triste porque parece que del puente hacia acá nos han abandonado y Badajoz nos da la espalda».
Su impresión es que están solos ante estos problemas y no saben qué hacer para solucionarlos. Unas casas más arriba, en la misma calle, vive José Murillo. Hace pocos días tapó con cemento los agujeros que habían hecho las ratas en su habitación, por donde campaban a sus anchas.
Como la casa abandonada junto a la que él vive no tiene techo, cuando llueve se empapa toda su pared y, al ser tan fina, se reblandece, las ratas las roen y hacen los agujeros. También influye en la casa de José el hecho de que los cables suyos y de su antiguo vecino están en su tejado y con el peso del cableado y del agua se crea una balsa que hace muy endebles las paredes. «Así las ratas las roen tranquilamente», asegura.
José llegó a su casa hace 13 años y la de su vecino ya estaba abandonada. Aunque ahora está en venta, no cree que la compre nadie en las condiciones en las que se encuentra.
Sus métodos para combatir a los roedores son caseros. Utiliza un trozo de cartón con pegamento y un pedazo de queso en medio para atraparlas. «Caen como chinches», confirma.
«En la parte trasera de la casa hay más», asegura. Entran en las habitaciones por la puerta y por el patio. Una vez llegó a encontrar en un sofá una camada de seis crías que había parido una rata.
Las casas y solares abandonados son incontables y producen una gran molestia a quien los sufre en primera persona. Se encuentran animales de lo más variado en ellos: ratas, gatos, culebras, cucarachas e incluso caballos. El hedor que emana de estos terrenos se hace en verano insoportable y quienes lo aguantan quieren hacerse oír.
Ricardo Cabezas, presidente de la asociación de vecinos del Gurugú, se suma a estas voces y hace un llamamiento a las autoridades para que contribuyan a erradicar esta situación.
Es consciente de que en estos casos, lo más importante es empezar desde abajo, y recuerda que si la gente no es más limpia y no se conciencia de que no se pueden abandonar las viviendas y dejarlas sin más, ni ocupar los solares o hacer botellón en ellos, la situación no va a cambiar.
Algunas de las construcciones abandonadas cuentan con el inconveniente de que eran viviendas sociales de la Junta, con lo que sus antiguos dueños las abandonaron sin ponerlas en venta o avisar a nadie.
Incluso se comenta en los alrededores que alguno de estos solares son propiedad del Ayuntamiento, en cuyo caso desconocen cuál es el motivo de que esto sea así y el modo de proceder para que no estén abandonados.
Los mismos residentes del barrio reconocen que hay zonas a las que ellos mismos no quieren ir por miedo, y se preguntan por qué se tienen que sentir así en su propio hogar, quién puede terminar con esto o, simplemente, mejorarlo.