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Bacanal clásica griega con música electrónica

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Bacanal clásica griega con música electrónica

18.08.12 - 00:07 -
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Unas 1.500 personas. Algo más que en el último estreno del Festival de Teatro Clásico, 'La Odisea' de 'El Brujo'. Esta vez no para reír, sino para presenciar una de las venganzas más trágicas a la par que sensual del gran Eurípides, 'Bacantes', defendida por la compañía extremeña 'Desván de Teatro'. Estará en cartel hasta el 19 de agosto. No dio tiempo a mirar el reloj cuando puntual, la oscuridad se hizo con el recinto, y con ella, el silencio absoluto de los presentes. Maravillosa y erizante sensación.
Un Matthew Herbert ataviado con una capa negra, como la muerte que augura sed de sangre, se sitúa en la orchestra, junto a su mesa de mezclas. Entonces, se ilumina una zona del público. El dios Dioniso, hecho hombre, caracterizado con rastas y hasta ese momento espectador, se acerca a las grandes tinajas que decoran el espacio.
Comienza un monólogo en el que el dios explica el por qué de su venganza, junto a la tumba derrumbada de su madre Sémele, que se convierte en el epicentro de la obra y lleva a los espectadores a una versión de poco texto y diálogos. Empieza su ritual, con una voz que sale de lo profundo y que se funde con los primeros ritmos electrónicos de Herbert, a partir de ese momento elemento fundamental para convertir a los ciudadanos de Tebas y al público emeritense en auténticos bacantes.
La palabra da paso a la danza. A cuenta gotas, como si de almas perdidas y poseídas se tratasen, el esperado coro inunda el espacio. Doce ánimas, que caen sin resistencia al poder del vino y la lujuria. Doce ánimas que comienzan a desprenderse de la ropa, con movimientos imposibles para el resto de mortales, eróticos e insinuantes como un volcán en erupción que comienza a lanzar sus primeros avisos. Doce ánimas entre las que destaca Ágave, madre de Penteo, y bacante como la que más. Los doce a los pies de Dionisio y venerando el placer por el placer. El dios inicia su particular vendetta.
La pasión y el desenfreno son interrumpidos por la razón y el poder personificado. Penteo entra en escena, cortando como quien dice el 'rollo' de lo que más tarde terminará acabando en una auténtica y salvaje bacanal rave, con un trágico y doloroso final.
Eterna dualidad
Amor y odio, guerra y paz. Antagónicos, incompatibles que marcan las tragedias y que paradójicamente no pueden existir el uno sin el otro. En esta representación, la razón y el deseo marcan el hilo de la historia, en ese choque de fuerzas, donde el vencedor no siempre es el héroe, ni el vencido el villano.
Cada fuerza tiene su momento de superioridad en la obra, creando ese desequilibrio en la balanza, que se desborda cuando gana el fuerte y está dispuesto a llegar más lejos.
En un primer momento, Penteo, interpretado por el extremeño Domingo Cruz, junto con su mano ejecutora, Diego Ramos, simbolizan el poder político, que con la violencia oprime al pueblo y lo que va en contra de lo impuesto. Que los ciudadanos desobedezcan las leyes, y el extranjero, como se refiere al dios, se burle de su poder, llevan a Penteo a la locura. En esa desesperación cree que ha matado al joven, ya sin peluca, que ha infectado la ciudad de ritos paganos.
Se produce un cambio de superioridad de poderes. Ahora es Críspulo Cabezas, que encarna a Dioniso, quien toma el control, renaciendo y alzándose como el dios que profesa. El volcán erupciona, el desfase comienza. Las bacantes se agolpan a los pies de Cabezas, entregándose los unos a los otros, dando rienda suelta a la pasión y euforia que contagia el vino, principal elemento de su rito mientras las columnas del Teatro arden.
La música electrónica, hasta ahora dormida, despierta para hacer retumbar el graderío, en una rave clásica griega donde se dejan ver los primeros desnudos y el insinuar se acaba, para dar paso a lo explícito. Penteo, ahora invadido por el miedo y débil, acepta unirse a la bacanal, aunque para ello tenga que vestirse como mujer.
Las bacantes, encabezadas por Ágave, se convierten en la mano ejecutora de la venganza, acabando con la vida del rey de Tebas, quien suplica clemencia. Devorado por sus seguidores, Dioniso cumple su promesa de resarcir la muerte de su madre y martirizar a aquellos que no veían en él a uno más de los que habitan en el Olimpo.
La locura finaliza con los primeros rayos del día. La vergüenza y el rechazo invade ahora a los ciudadanos medio desnudos, con sangre aún entre sus manos y el barro esparcido por el cuerpo. Todos, salvo Ágave, personaje que defiende Paca Velardiez, aún eufórica, con la cabeza de su hijo en brazos. El coro, las verdaderas víctimas del enfrentamiento entre mortales y dioses, se encarga de abrir los ojos de la reina, quien no comprende lo sucedido y menos recuerda.
Un desenlace doloroso. Herbert, es el último en abandonar el espacio, con su larga capa negra y el alma de Penteo. Llegan los aplausos de los presentes, aunque esta vez el espectáculo no los levantó de sus asientos.
Poco enganche
Sin duda una apuesta arriesgada por la fusión de los elementos, que demostraron que es posible un híbrido entre la música contemporánea y el texto de los clásicos. Aún así, ocurre a veces, que las ideas son brillantes, hasta que se llevan a la práctica y algo se pierde. El concepto de esta 'Bacantes' extremeñizada, a la que no hay que quitar mérito, no consiguió llegar al gran público emeritense, que quizás esperaba mucho más.
Una trama que en algunos puntos parece lenta, poco texto, poco diálogo y quizás poca fuerza en el contenido capaz de absorber la atención absoluta, que se rescataba cuando el gran Herbert ambientaba el lugar.
Quien consiguió sorprender en su interpretación fue Críspulo Cabezas, bárbaro e implacable, que gustó gratamente a los presentes. Como Paca Velardiez, que aunque no tuvo muchas intervenciones, cada vez que alzaba la voz, abría los ojos del público. Domingo Cruz protagoniza el gran desnudo de la obra, y aporta la comicidad del que desconoce el trágico final que le espera, cuando se entrega al rito con los ojos cerrados.
El coro, que según Carlos Álvarez Ossorio, director de la obra, es el verdadero protagonista de la versión que defiende, consiguió transmitir unidad y dispersión al mismo tiempo. Sensual, y explícito en ocasiones contadas, dictaba el grado de euforia de manera ascendente, hasta el resacoso amanecer.
La falta de garra se consiguió suplir con el resto de elementos. No siempre la producción de la obra apuesta por dar notoriedad al escenario del Teatro Romano para aprovechar su fuerza innata. En esta ocasión se demuestra que no es necesario una ambientación barroca para llenar e involucrar al gran espacio del Teatro y ser alabado por lo presentes. Las grandes tinajas situadas a ambos lados del escenario, que el escenógrafo y encargado de vestuario Diego Ramos rescató de una bodega de Almendralejo, parecían hermanas de las grandes columnas del yacimiento. En el centro del espacio, una tumba en ruinas se convierte en el epicentro del lugar clandestino reservado para los ritos en honor a Dioniso.
El diseño de iluminación de Fran Cordero aportaba una gran fuerza dramática a la historia. Impresionantes las escenas en las que el fuego devora las columnas del Teatro, cuando no, las convierte en gotas de agua. Aún más, cuando enfocan a Dioniso y su sombra lo hace engrandecer.
Mención aparte merece la aportación de Matthew Herbert, que convenció a los espectadores de que la música electrónica también puede contar historias y transmitir sentimientos y sensaciones.
Reconocer los errores engrandece aún más a los actores. Críspulo Cabezas, tras su espectacular aparición, indicó que no estaba del todo contento con el estreno, «porque su forma de trabajar así se lo hace sentir». El madrileño puntualizó algunos problemas técnicos, provocados por el calor, que no quiso perderse la sensorial fiesta. Nada que no se pueda solucionar para el resto de funciones.
Domingo Cruz por el contrario se sentía muy satisfecho de la representación, por el mero hecho de haber apostado por un espectáculo de estas características. Paca Velardiez resaltó que habían peleado hasta el final y que seguirá haciéndolo el resto de días.
Una apuesta innovadora que nace de una idea brillante. Una fusión fuera de lo común. Una 'Bacante' extremeña que sirve como ejemplo de que aún se pueden crear montajes novedosos, sin necesidad de caer en el exceso.
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Pirámide humana protagonizada por las bacantes, y en el centro Críspulo Cabezas. :: BRÍGIDO

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1. Penteo reconoce a su madre entre las bacantes de Dioniso, y la repudia por ello.

2. Momento en el que los ciudadanos empiezan a transformarse en seguidores del dios.

3. Besos, caricias, desnudos y danza protagonizan las bacanales.

4. Dioniso en su forma humana, caracterizado con una peluca de rastas.

5. Matthew Herbert, durante el ensayo de la representación un día antes del estreno.

6. Dioniso invita a sus bacantes a que se entreguen a la euforia en una bacanal con aire de rave.

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