Tres coronas rojas, dos ramos y varios centros florales presidieron ayer el homenaje a los caídos en el bando republicano durante la toma de Badajoz en la Guerra Civil.
Como cada 15 de agosto, socialistas, sindicalistas y comunistas se volvieron a reunir junto al monumento del cementerio viejo de San Juan para homenajear a las víctimas de aquel 15 de agosto de 1936.
Fue un acto sencillo donde se mezcló la emotividad y la reivindicación. De lo primero se encargaron la violonchelista Carmen Agúndez y el escritor y actor Sergio Román. Agúndez interpretó al violonchelo 'Los cantos de los pájaros' de Pau Casals y acompañó al recital de Román de un poema sobre la matanza de Badajoz. Muchos de los asistentes se acercaron a felicitar a ambos por la interpretación cuando terminó el homenaje.
Tras la música y los poemas, llego el turno de la palabra. Fue Francisco Fuentes, el exsecretario provincial del PSOE, quien se dirigió a los asistentes. Fuentes asumió el papel de la reivindicación. Criticó a los historiadores que minimizan los acontecimientos de la Guerra Civil, al papel que jugaron algunos curas de la provincia en este periodo, y al Ayuntamiento de Badajoz por poner una calle al capitán Manuel Carracedo Blanco. «Todavía hoy, una familia respetable como los Pla, a quienes asesinaron a su padre y su tío, tienen que sufrir la vergüenza de que el Ayuntamiento de Badajoz ponga una calle al responsable del asesinato de su padre y de su tío».
También se acordó de los críticos con actos de recuerdo. En su opinión, la falta de sensibilidad por los que se preocupan en buscar a sus seres queridos «demuestra que en el campo de la miseria moral, la humanidad ha avanzado muy poco».
Igualmente quiso marcar distancias con los que toman un discurso neutro cuando hablan de la Guerra Civil, porque en su opinión los excesos del franquismo nada tienen que ver con el comportamiento de los republicanos en el poder. Argumentó esta diferencia porque, en su opinión, en el franquismo había un interés premeditado por acabar con los republicanos y citó algunas declaraciones de generales que participaron en el alzamiento, como las palabras de Yagüe a un corresponsal extranjero cuando le preguntó por lo acontecido en Badajoz y que algunos libros de historia recogen. «Claro que los fusilamos, qué esperaba usted, que iba a llevarme conmigo a 4.000 rojos», fue la cita que utilizó Fuentes.
A juicio del veterano dirigente socialista, la comparación de las atrocidades franquistas con las republicanas obedece a que existe una «numerosa cofradía de farsantes y golfos que quieran reescribir la historia». «Ya está bien del cuento de presentar este genocidio (en referencia a hechos como los de Badajoz) como respuesta a la violencia republicana», sentenció. Entre los fallecidos aquel día en Badajoz, se acordó del comandante no sublevado Enrique Alonso García. Su hija presenciaba el acto desde el público.
Ante la atenta mirada de más de doscientas personas -entre las que se encontraba el exvicepresidente de la Junta, Ignacio Sánchez Amor; el portavoz socialista en la Asamblea, Valentín García; el secretario local socialista, Celestino Vegas; o el concejal de Izquierda Unida, Felipe Cabezas- Fuentes se detuvo en las atrocidades que se cometieron en Badajoz. «A los detenidos les cortaban la nariz, las orejas y los testículos siguiendo la costumbre de la guerra de África».
Con el papel de la iglesia en estos episodios tampoco se mordió la lengua. «Miles de ciudadanos asesinados y miles de mujeres violadas en nombre de la cruz». «El señor obispo de Badajoz fue respetado durante la república, nadie le toco un pelo, pero a partir del 15 de agosto la iglesia fue parte fundamental de la represión. Algunos curas actuaban como un militar más, pistola al cinto».
En este apartado puso el ejemplo de «Juan Galán Bermejo, coadjuntor de la iglesia de Santa Catalina de Zafra, que alardeaba que había asesinado a más de 100 individuos de izquierdas. Otros curas delataban y legitimaban asesinados, siempre en nombre de Cristo. Todavía hoy vemos a un decrépito cura zascalindeando por Badajoz que parece añorar aquellos tiempos».
Finalizó su intervención «deseando que la memoria triunfe sobre el olvido» y pidió seguir trabajando para que «la dignidad de los vencidos contraste con la miseria moral de los canallas que todavía hoy se burlan de quienes buscan a sus seres queridos». Hay que «certificar la muerte del tiempo de silencio», sentenció.
Tras el discurso de Francisco Fuentes, los asistentes abandonaron la explanada donde se encuentra el monumento de recuerdo y recorrieron el cementerio en silencio y bajo una fina lluvia para depositar los ramos de flores y las coronas sobre las lápidas de algunos fallecidos aquel 15 de agosto de 1936.