Una salida laboral, una vía comercial alternativa que posibilite ingresos familiares. Una necesidad a la que ha llevado la crisis económica que desde hace ya cuatro años marca el día a día del país y la ciudad. Iniciar una nueva actividad económica o, cuando menos, mantener la que se tiene.
En definitiva, comenzar en la venta ambulante o garantizar su permanencia en ella con la asistencia a mercados grandes. Por uno u otro motivo, ambos justificados en la crisis económica que persiste, la lista de espera del tradicional mercado de frutas y verduras que cada martes se celebra en la Plaza Mayor se ha disparado.
Unido a los orígenes de la ciudad del Jerte son 70 los puestos que hoy protagonizan un mercado cuya lista de espera se ha disparado hasta las 21 solicitudes, según los datos facilitados por el Ayuntamiento. Fuentes municipales aseguran que habitualmente era normal que dos o tres vendedores ambulantes estuvieran a la espera de uno de estos puestos. Pero la realidad hoy es que esa cifra se ha disparado hasta superar la veintena.
Son 21 los vendedores que engrosan la lista de espera para el mercado del martes en Plasencia. El que tuvo lugar ayer en la Plaza Mayor y que reunió a los 70 que tienen concedidos puestos por los que pagan cada semestre una media de 240 euros.
«Llevo más de 20 años viniendo cada martes a este mercado y es normal que crezca la lista de espera, aunque las ventas sigan bajas», asegura Antonio Nuevo, uno de los hortelanos de la plaza.
Asegura que los vendedores prefieren hacerse con un puesto en un mercado grande como es el de Plasencia, porque las ventas son aún peores en los mercados pequeños y porque algunos de ellos ya no se celebran o, si continúan desarrollándose, se teme que puedan dejar de hacerlo de un momento a otro.
El motivo no es otro que la crisis económica, que afecta a todos los sectores incluido el de la venta ambulante. Un problema que Antonio Nuevo resume así: «Se compra por pieza en lugar de por kilo». Es lo que demuestra que la crisis continúa haciendo daño: «Se compra lo que se va a consumir en dos o tres días y así no se tira nada».
Antes asegura que se compraba con más alegría, aunque los buenos momentos, según este vendedor, fueron los anteriores al euro. «Entonces todo era maravilloso». Con la llegada de la moneda europea las ventas comenzaron a descender y siguen sin recuperarse.