Hippie es un gato de color negro que está de paso por casa de Susana. Estará allí hasta que le adopten. Este gato sufre una enfermedad, es inmuno. Esta dolencia es igual que el sida para los humanos, pero solo afecta a los felinos.
El hecho de que Hippie sea inmuno implica que no puede convivir con ningún otro gato porque le contagiaría la enfermedad. Hasta ahora era el único de su especie en la vivienda de Susana, pero encontraron un gatito abandonado en Madrid que también es inmuno y está a punto de llegar a esta familia.
Hippie comparte piso con tres perros y tres humanos. La mujer gracias a la que puede pertenecer a este hogar es Susana Barreto, una de las ocho personas que ofrecen su casa a animales de acogida.
En una visita al veterinario, Susana descubrió la asociación Adana gracias a un folleto. Inmediatamente no se lo pensó y se puso en contacto con ellos. Esa misma tarde tenía un perro en su casa.
Adana es una asociación protectora de animales sin ánimo de lucro que depende financieramente de las donaciones de los ciudadanos. Todas las personas que trabajan en este colectivo son voluntarios que deciden prestar su ayuda ofreciendo charlas de concienciación en colegios, proponiendo actividades, realizando los transportes o abriendo sus casas como hogar de acogida.
La actual directora es María Manglano. Es veterinaria y dedica sus horas libres a la asociación. Tiene en su finca siete perros en acogida más otros cinco que son suyos, y asegura que nunca ha tenido ningún conflicto con los animales, pero que sus perros no admiten gatos.
María se dedica a ellos porque son su pasión, pero recuerda a los ciudadanos que Adana no es una perrera y que lo que intentan es «cambiar las cosas desde la base» concienciando a las personas de que los perros no son un juguete y no se pueden abandonar «así como así».
María recuerda que cuando se encuentra un perro en la calle hay que llamar a la Policía Local, la cual se pone en contacto con la perrera municipal para que vayan a recogerlo. Cuando el perro llega a la perrera pasan veinte días hasta que es sacrificado. Esto varía si el dueño lo deja directamente allí, en este caso son solo diez días hasta su sacrificio.
Esta situación indigna a María, quien alega que «en otras ciudades, como por ejemplo Vitoria, si dejas a tu perro en la perrera pagas una multa de 150 euros, y si encima está sin 'microchipar' son 200». Asegura que si se penalizara de algún modo esta forma de actuar los abandonos se reducirían.
El 'microchipado' es obligatorio en la actualidad. Cuando se encuentra un perro en la calle y su dueño no ha denunciado su desaparición, tiene que pagar una multa por abandono. Pese a que sea obligatorio, para saber si un perro tiene implantado el chip o no, es necesario que un lector de microchip lo detecte, y esta acción la tiene que realizar la policía. María reconoce que no es suficiente con endurecer la ley para controlar a los perros, sino que también hay que hacerla cumplir. Hace referencia a que hay muy pocas máquinas lectoras de microchips y, por tanto, esta acción no siempre se puede realizar y los animales no son identificados.
Este verano se han disparado las cifras de abandonos. Los perros encontrados son de una gran variedad de razas, pero llama la atención la cantidad de cachorros abandonado en lo que ha transcurrido durante la época estival.
María afirma que alrededor del 40% de estos animales pertenecen a razas de perros de caza, y el 90% de ese porcentaje se deja directamente en las perreras. La única salida es que los acojan en otros países porque, tal y como asegura, «aquí no se consideran perros de compañía pero fuera se los rifan».
Adana trabaja con protectoras en Italia, Francia, Suiza y Alemania desde hace 10 años. Los animales se mandan a estos países 'microchipados', desparasitados, esterilizados y con todo en regla. Hacen un gran seguimiento de las casas a las que van a parar con reuniones como la que se realiza anualmente en Italia para revisar las adopciones de galgos en el país.
La manera de contactar con Adana es a través de la página web, donde se pueden encontrar todas las fotos y documentación de los animales, y también a través del correo que aparece en la misma.
Cuando una persona quiere adoptar un animal, lo primero que hace María u otra compañera es comprobar que sea el perfil correcto. Estudian la casa donde va a vivir, las condiciones y si son compatibles, porque no todos los perros son buenos para todas las personas. «Miramos si hay niños, miramos el carácter del perro, la disponibilidad de horario que tengan», afirma Susana, que ha realizado este seguimiento cuando el animal que se ha querido adoptar se encontraba en su casa.
Adana se encarga tanto de recoger perros como gatos. El problema al que se enfrentan con los felinos es que, cuando los abandonan, crían muchísimo y hay muchas camadas de gatos abandonados en diversas zonas de la ciudad, mientras que el espacio en las casas de acogida para poderlos mantener es escaso. Por eso se creó el 'Proyecto gato urbano', en el que un grupo de voluntarios atiende a las diferentes colonias que hay controladas dándoles de comer, llevándoles agua y tratando de esterilizarlos para mejorar la situación en la medida de lo posible.
Para poder ser una casa de acogida hay que cumplir también los requisitos necesarios que aseguren que los perros y los gatos estarán bien atendidos. En tiempos de crisis puede parecer difícil dar cobijo a un miembro más en las familias, por eso Adana se hace cargo de todos los gastos de manutención de los animales hasta que sean adoptados por su familia definitiva.
En el año 2011 recogieron 165 animales, de los cuales el 80% eran perros. Se han adoptado 90 y unos 40 están en el extranjero. Son más los perros que se abandonan en perreras que en la calle, por eso la principal preocupación de Adana es concienciar para cambiar esta situación lo antes posible.