Comienzo este artículo con una fe de erratas en el publicado la semana pasada. A la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) le fue abierto un expediente por parte de la Comisión Nacional de la Competencia, en relación a supuestos acuerdos de precios de la leche, pero no hubo sanción. Tras esta justa aclaración, entramos en el tema de esta semana.
A pesar de lo que se cuestionan las ayudas a la Política Agraria Común (PAC), estas responden la estrategia de la única política común de todas las políticas europeas, lo que la dota de peculiaridades. El análisis del coste presupuestario no es comparable con el de otras que no existen, como tampoco su carácter estratégico como responsable de nuestra suficiencia y seguridad alimentaria. Tampoco se deben olvidar que esta política afecta al 80 por ciento del territorio comunitario, motivo por el que las organizaciones más ecologistas hacen un seguimiento crítico de su gestión. De hecho, la fase actual de renovación de la futura PAC, estos grupos han alabado su denominado reverdecimiento. De todo esto, ¿qué opinan realmente los ciudadanos? Aparentemente, si uno escucha las tertulias en diferentes medios audiovisuales o algunos comentarios de prensa, se percibe una actitud crítica más o menos generalizada; pero hay que ir a datos objetivos.
De acuerdo con los datos del Eurobarómetro publicados por la Comisión Europea, en la Unión Europea (UE) de los 27, más de la mitad de la población apuesta por una gestión europea de esta política frente a la toma de decisiones a nivel nacional. Solo Reino Unido, tal como cabe esperar, defiende una renacionalización de la misma. Sin embargo, es cierto que a pesar de que el ciudadano español ha sido un defensor de la PAC, en los últimos datos publicados se percibe como esta situación está cambiando. Además, la gran crisis económica y laboral de estos últimos dos años no aparece reflejada en estas encuestas, por lo que el cambio real de tendencia se estima todavía mayor. Con carácter general en todos los países de la UE se consideran satisfactorias las políticas de seguridad alimentaria, de protección ambiental y de defensa de la agricultura, esta última con un menor nivel de complacencia.
Además de la valoración de las políticas y también de acuerdo con los datos del Eurobarómetro, el ciudadano europeo y el español en particular tienen una percepción positiva de las responsabilidades de los agricultores en lo que respecta a su función de proporcionar alimentos sanos y seguros. Sin embargo, aunque es una opinión mayoritaria, no lo es tanto como se podría suponer. El 56 por ciento de los europeos y el 50 por ciento de los españoles consideran esta función como la principal. Hay otras que cada vez adquieren más relevancia y que relegan la producción alimentaria a una función importante, pero compartida con la protección del medio ambiente, el mantenimiento de las economías rurales, el bienestar animal o la mejora de vida en áreas rurales. Un dato significativo es que solo el 14 por ciento de los europeos y el 9 por ciento de los españoles valoran la garantía de autoabastecimiento alimentario, lo que implica una confianza en el mercado global alimentario y en su estabilidad.
El 90 por ciento de la población europea considera clave la agricultura y el medio rural. Alrededor del 40 por ciento de los ciudadanos españoles y europeos tienen conocimientos elementales sobre este sector. Del 32 por ciento de la población española que ha oído hablar de la PAC solo el 13 por ciento sabe lo que es, es decir, el 4 por ciento de la población. Se trata de un dato relevante que es síntoma de uno de los grandes problemas del sector, como es la escasa complicidad de la sociedad no agraria. El ciudadano asume su presencia y su importancia como parte histórica de nuestra economía, pero no es sensible ante sus problemas o sus necesidades.
Al margen de los datos estadísticos, uno de los temas más controvertidos en el debate social ha sido el teórico alto coste de esta política para las arcas comunitarias. Una circunstancia que en numerosas ocasiones ha puesto a buena parte de los europeos en su contra. En cualquier caso, los datos estadísticos, contradictorios en muchos casos, muestran que todavía el sector tiene mucho que hacer en cuestión de comunicación externa.