El pasado sábado, a las 9 de la mañana, un ladrón entró en la panadería El Nevero, situada en la calle Menacho, cubriéndose la cara con una braga y una capucha. Esgrimía una navaja y amenazó a la empleada, instándole a que le diera el dinero. Le dijo que si lo hacía tranquilamente «no pasaría nada».
Poco después entró una mujer, con el rostro igualmente tapado, y cogió el dinero que le entregó la dependienta (unos 1.800 euros según fuentes policiales). Acto seguido salió corriendo de la tienda, mientras que su cómplice pedía a la empleada que le concediera algo de tiempo para que pudieran escapar y que luego hiciera lo que creyera conveniente.
Eso sí, en todo momento el atracador pidió disculpas por lo que estaba haciendo, asegurando «que no quería tener que llegar a este punto pero que no le quedaba otro remedio para subsistir».
Parece ser que los atracadores tenían estudiados los horarios tanto de los negocios de esta calle como de las patrullas policiales. «Lo tenían todo controlado, un sábado a las nueve de la mañana no hay nadie por la calle», cuenta Paqui Macías, de Tara. «Nosotros tenemos menos miedo porque estamos tres personas más, ella estaba sola», cuenta, refiriéndose a la dependienta de El Nevero.
La Policía sigue buscando a los autores del atraco. Por lo pronto, se ha incrementado la vigilancia sobre la zona, haciendo más frecuentes las patrullas.
A pesar de la gravedad, este hecho no parece haber despertado un pánico incontrolable entre los negocios cercanos. «Algo de miedo siempre se tiene, sobre todo porque a veces ves entrar a gente... digamos gente 'complicada'», cuenta Manoli Santos, de Opticalia. Su tienda está justo al lado de la panadería atracada. Sin embargo, también afirma que se siente bien protegida por las patrullas policiales, que pasan con bastante frecuencia por la calle Menacho.
Tampoco hay miedo en Strategia Bicolore. «Si tienes miedo no puedes trabajar porque no estás tranquila», opina María de los Ángeles Martínez, la encargada de la tienda. «Cuando te enteras de estas cosas tienes un poco de miedo, sí, pero más que nada sientes lástima por la persona a la que le ha tocado».
Lo mismo piensa Laura García, de Cordones Kids. «Hay mucha policía por aquí, te sientes protegida. Además, los problemas solo pueden darse a ciertas horas, porque durante el resto del tiempo hay mucha gente en la calle. Lo único es que parecen saber a qué horas pueden causar más peligro. Eso siempre lo controlan bien».
No es la primera vez que se atraca una tienda en la calle Menacho, aunque ha pasado bastante tiempo desde la última. En 2007 un hombre fue condenado a ocho años y diez meses de prisión por robar con una navaja en un locutorio cercano y en un establecimiento en la misma calle, concretamente la tienda Blue Niño. El delito se cometió el año anterior y se llevó un botín de más de 900 euros.
Protección policial
Como norma habitual, los comerciantes piensan que están bien protegidos por la Policía. Las patrullas son constantes y frecuentes, tanto motorizadas como a pie. «Cada veinte minutos más o menos pasa algún agente», explica Manoli Santos.