Un hombre corriendo con su pene al viento y las calzonas en la mano. Esa es la paralizante escena con la que se han topado ya unas cuantas mujeres en el parque del Príncipe. La última vez fue el pasado lunes. La visión del impúdico atleta sorprendió a dos chicas que paseaban entre el laberinto de caminos de tierra y árboles que es el parque en algunas zonas.
Un hábitat en el que parece encontrarse a gusto el exhibicionista que el pasado lunes llevó a la Policía Local hasta el parque del Príncipe. El mismo al que buscaron los agentes el 19 de junio. El mismo al que intentaron identificar sin éxito el 4 de mayo. Y en octubre de 2011. Es un exhibicionista de larga trayectoria, al que tienen perfectamente identificado varios de los que más horas pasan allí.
Se trata de un varón de unos cuarenta años, de complexión atlética y aficionado a mostrarse públicamente al sexo opuesto sin más ropa que unos calcetines, unas zapatillas de deporte y una gorra sahariana, o sea, de las que incorporan un trozo de tela que protege la nuca. Cada vez que ha actuado, ha seguido un mismo guión. Se esconde, y al advertir la presencia cercana de alguna mujer, le da igual que esté sola o acompañada, sale a correr de manera que le vean de frente. Si están sentadas en un banco, pasa frente a él con toda su anatomía en libertad, excepto pies y cabeza.
«Le he visto varias veces, y una de ellas, él me vio a mí», empieza a contar un hombre que prefiere no figurar en el periódico con nombre y apellidos. «El tío me vio -sigue relatando- y lo que hizo fue esconderse en uno de los estanques del paseo central, se metió dentro, se agachó y asomaba por encima del agua sólo los ojos . Le grité '¡Qué te he visto!', y salió del estanque y se fue corriendo». Él mismo recuerda otras dos veces más. En una, al darse cuenta de que había sido sorprendido con evidente déficit de atuendo, «cogió las calzonas que tenía en la mano y rápidamente se las puso y se fue».
También le dio tiempo a escaparse el pasado lunes. Lo resumía en dos líneas de texto el parte diario de incidencias principales de la Policía Local. «A las 13.10 horas -especificaba-, se nos denuncia la presencia de un exhibicionista en el parque del Príncipe, una dotación se hizo cargo del servicio, pero no localizó al referido individuo».
Sí consiguieron identificarle el 19 de junio. Ese día, la Policía Local recibió el aviso a las 12.38. «Una dotación se desplazó inmediatamente hasta el lugar -explicaba la nota policial- y localizó al individuo. Como no había menores en la zona, se le identificó y se le requirió para que abandonara el lugar una vez que se vistió».
En este último entrecomillado está una de las claves que explican por qué alguien puede repetir y repetir una conducta incívica durante el tiempo que le apetezca. Según el artículo 185 del Código Penal, «el que ejecute o hiciere ejecutar a otra persona actos de exhibición obscena ante menores de edad o incapaces, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses». Es decir, si no hay de por medio menores de edad o lo que el texto legal define como «incapaces», nada pueden hacer las autoridades más allá de identificar al autor y pedirle que cese en su conducta.
En Cáceres, como en todas las ciudades, hay precedentes de exhibicionismo. Y con dos escenarios especialmente habituales: la Ciudad Monumental y el parque del Príncipe. A este último lugar, en concreto a las inmediaciones de la piscina, tuvo que acudir la Policía Local el 13 de agosto del año 1999, aunque su búsqueda tras recibir la denuncia ciudadana resultó infructuosa. Se repitió intervención, con idéntico resultado, el último día de septiembre del año 2000. Y las hay posteriores, en ese y en otros lugares. Entre otros, la ronda de San Francisco, las calles de Nuevo Cáceres, las inmediaciones de la residencia universitaria San José, el Cerro de los Pinos, la calle Hernández Pacheco, a las puertas del colegio Aldana, el paseo de Cánovas o en Cabezarrubia.
Precisamente en este último barrio actuaba el exhibicionista que fue juzgado en mayo del año 2003. Según la denuncia que formuló la Policía Nacional, lo que hizo fue enseñar sus genitales a cuatro niñas de entre ocho y doce años, a las que también dirigió gestos obscenos. Los padres de las menores conocieron los hechos, increparon y persiguieron al exhibicionista, que finalmente fue detenido. El mismo hombre había protagonizado hechos similares en las semanas anteriores. Al hombre, de unos treinta años y que admitió los hechos, se le aplicó la circunstancia eximente completa de enajenación mental, y fue condenado a tres meses de prisión por cada uno de los delitos, y a pagar 5.400 euros, cantidad que incluía una indemnización de 900 euros para cada niña.
Hasta el momento, no ha podido demostrarse que el exhibicionista del parque del Príncipe haya mostrado sus partes íntimas a menores de edad o personas con discapacidad mental. Suele esconderse cerca de la tapia de piedras que hay tras las pistas deportivas del R-66, donde aparca el coche para poder huir rápidamente si es detectado, aunque también ha huido en bicicleta por Aguas Vivas. En la zona del parque que suele elegir hay un pozo y un palomar, habitual punto de partida de sus obscenas carreras.