Es un italiano de Sicilia, que se crió al sur de Francia y se enamoró en la Costa Brava. Mediterráneo de pura cepa, que iba para electricista pero encontró la chispa de la vida en los helados. Lo suyo es la pasión, en caliente o en frío. «Lo importante es disfrutar de cada instante. En la duda, siempre hay que pegarle un buen lametón...», recalca entre risas. Angelo Corvitto tiene 68 años y es un tipo sabio. Maestro de maestros. Vive en nuestro país desde 1975 y aquí no se mueve un cucurucho sin que él se entere. Tiene un obrador en Torroella de Montgrí (Girona) donde van de rodillas sus discípulos. O cualquiera que tenga ganas de probar algo rico, rico, rico.
- Deje que le pinche. Uno de sus exalumnos, Jordi Roca (de la heladería barcelonesa 'Rocambolesc'), se ha atrevido a elaborar un helado con sabor a puro.
- Ah, me encanta ese chico. Ha sabido aprovechar mis enseñanzas al máximo. Tiene técnica, creatividad y los mejores productos.
- Ya, ya, pero no sé yo si me gustaría probar uno de puro...
- Anímese, es algo así como darle un beso a un fumador. Ha conseguido una mezcla 'contaminada' con olor a puro. Muy revolucionario.
- No sé, no sé. Prefiero un helado de cacao con sabor a coñac.
- ¡Ese es mío! (Risas) Sí, reconozco que tiene bastante éxito.
- ¿Cuantos tipos de helados se le han ocurrido hasta ahora?
- Ya tengo un catálogo de 250 variedades. Lo mismo de algas marinas, gazpacho o setas. Y, oiga, estoy abierto a sugerencias...
- ¿Qué tal uno de gambitas?
- Noooo. Eso no tiene sentido. Soy capaz de convertir en helado cualquier cosa, pero tengo que verle un sentido. Las gambas son fabulosas a la plancha y punto.
- No se enfade. ¿No le tienta una bolita de helado de gamba sobre una crema de marisco?
- Mmm, puede ser. Sería como el helado de ajo sobre un salmorejo. Eso me cuadra, vale, vale.
- Me está dando hambre.
- Normal, no hay mejor postre.
- Sobre todo en verano.
- Noooo, rotundamente no. Los helados artesanales son sanísimos todo el año. Las grasas lácteas que utilizamos son tan digeribles como las que hay en la leche materna.
- Usted, siendo diabético, tampoco se priva.
- Claro que no. Eso sí, sin abusar. Con 30 gramos al día me basta y me sobra.
- ¿No se le corta la digestión con la crisis?
- ¿La económica? No, no, qué va. Aguantamos el tipo estupendamente. Piense que nosotros elaboramos un producto barato. Las cosas van mal pero siempre nos quedará un buen...
- ¡Cucurucho!
- ¡Eso! ¡Eso! (Risas) Aunque lo mejor es probar el helado en un plato. Sin prisas, con los ojos cerrados...
- A ver, ¿qué le apetece ahora?
- ¿Ahora mismo?
- Venga, venga, anímese...
- Un sorbete de mango, fruta de la pasión y champán.
- ¿Qué le ha dado más satisfacciones?
- Descubrir los beneficios del helado artesanal en los enfermos terminales de cáncer. En un estudio en Cataluña descubrimos que es el alimento que mejor toleran. Es nutritivo y les hace felices.
- Eso sí que no tiene precio.
- Los helados siempre traen recuerdos de los momentos hermosos de la vida. Ya sabe, la infancia, el verano, un amor... Nadie pide un helado cuando está cabreado.