Ana Cano se siente de Badajoz, aunque su vida ha sido muy movida. Nacida en Don Álvaro, su padre era militar y vivió en Guareña, Lobón, Llera y Cádiz. Finalmente se instaló en Badajoz, donde estudió Magisterio, y muy joven se trasladó a Irún, donde su marido fue destinado como inspector de Policía. Desde entonces ha ejercido como maestra, los últimos doce años en el colegio Leopoldo Pastor Sito del Cerro de Reyes. Considerada por sus niños como una segunda madre, Ana entiende la docencia como un trabajo integral.
-¿Cómo fueron sus inicios?
-Mi primer destino fue Irún. Tenía 22 años y acababa de terminar los tres años de Magisterio en La Normal (Badajoz). Me casé a principios de septiembre y ese mismo mes me marché a Irún. Allí comencé a trabajar como maestra.
-¿Qué recuerda de los inicios?
-Fue una época muy buena si quitamos el problema de ETA. Aquello era terrible, tres compañeros de mi marido murieron y yo lo esperaba en el balcón con el alma en vilo. Era muy duro.
-¿Le costó salir de Badajoz?
-Nuestro deseo siempre fue volver, pero hasta el año 2000 nos fue imposible. Antes estuvimos 23 años en Sanlúcar de Barrameda.
-Y su destino final fue el colegio Pastor Sito. ¿Qué tiene este centro de especial?
-El equipo de compañeros es estupendo. Y con los niños se hace un trabajo muy bonito. El colegio Leopoldo Pastor Sito es un centro magnífico por su profesorado, por sus alumnos y por sus familias. La prueba está en que todos los compañeros que vienen terminan quedándose. Aquí, la maestra es maestra, pero además es psicóloga, trabajadora social, educadora, consejera... En este colegio se realiza el magisterio en toda su plenitud.
-¿Es difícil educar a los niños de ahora?
-Aquí, como en todas partes, hay familias desestructuradas, y en esos casos haces un poco de consejero de los niños, tratas de educarlos en el respeto y la igualdad, y hacemos una educación más integral.
-¿Qué influencia tiene un docente en el desarrollo de un chaval?
-Un maestro influye mucho, porque somos un ejemplo para ellos. La educación empieza por dar ejemplo con lo que haces y dices. ¡Es que los niños son esponjas! Absorben todo lo que digas y lo que dice la maestra va a misa. A veces influye más que lo que les dicen los propios padres.
-¿Teme que los recortes deterioren el sistema educativo?
-Yo he conocido muchas leyes de enseñanza y aunque a los funcionarios nos han recortado, veo el futuro con esperanza. Antes teníamos 40 alumnos en clase y este curso he tenido 16. La crisis hará que lo pasemos mal, yo tengo a un hijo que se ha ido a Alemania a trabajar como docente, pero pienso que a largo plazo seguiremos evolucionando.
-Dicen que con más alumnos será más difícil enseñar.
-A las maestras viejas no nos preocupa tanto que haya más niños, aunque ahora la enseñanza es más personalizada. Pienso que hay que adaptarse, tenemos que ser solidarios todos para salir adelante. Ahora los interinos lo están pasando mal, me duele lo que está pasando, pero las cosas mejorarán.
-Otro problema de la educación es la falta de autoridad.
-A los maestros antes se nos respetaba más, pero el problema no es exclusivo del sistema educativo, sino de la sociedad. El problema está en la pérdida de valores. En el colegio los niños te respetan, pero en el instituto sí sé que hay más problemas.
-¿Es partidaria de la disciplina?
-La disciplina es necesaria. El niño prueba quién puede más, y la maestra tiene que demostrar que quien manda es ella.
-El Pastor Sito siempre fue un buen colegio, pero a raíz de la riada decayó un poco. ¿Qué ocurrió?
-Yo creo que es más la fama que otra cosa. El colegio Leopoldo Pastor Sito es un centro magnífico por su profesorado, por sus alumnos y por sus familias.
-¿Qué sintió el último día de clase?
-Un poco de añoranza y tristeza, pero también alegría. Sé que en septiembre lo voy a pasar mal, pero otros compañeros que ya se han jubilado me animan mucho, porque después del retiro se pueden hacer muchas cosas.
-Si volviese a nacer, ¿sería maestra de nuevo?
-Seguro. Además, a mí me gusta que me llamen maestra. En el norte de España somos la señorita y en Andalucía, la seño. Aquí te dicen maestra, que es lo que realmente eres.