No soy el periodista Sergio Lorenzo, ocupante de este habitáculo periodístico sabatino. Lo siento, soy una okupa, aunque ya me he alojado en otras ocasiones en esta página amplia y bien amuebladita. No se está mal aquí. Espero tener una plácida estancia y que los vecinos no se me quejen. Sus seguidores sabrán disculparle y mirar a esta sustituta de forma condescendiente. No le he suplantado, no le he retenido contra su voluntad. Sergio se recupera de los efectos dañinos de la agricultura doméstica, de una caída que le ha lastimado el brazo. Él está de baja, pero no sus ocurrencias y su particular forma de ver el mundo. «No he tenido mala suerte, he tenido buena suerte», comentaba el otro día por teléfono acerca de su accidente. «Mala suerte hubiera sido haberme dado en la cabeza». Eso es conservar la alegría y el optimismo. Huelga desearle que sus huesos curen pronto y que vuelva a la redacción, al saxofón, a la moto chula de recortes de periódicos, a los chinos cafeteros y a todo lo demás.
Las ardientes jornadas de esta semana han traído una nueva hornada de frases tópicas (y algunas ocurrencias brillantes) sobre el calorazo salvaje de esta ciudad que inicia su éxodo más total, sus tardes aburridas, la nada absoluta. Dios nos pille confesaos y con el aire acondicionado dándonos bien en la cara. Entre la desesperación y el miedo del súper bochorno he comprobado que los argumentos y el rollo que da hablar del tiempo son infinitos, y más cuando esto parece una especie de Apocalipsis infernal, de ensayo general del fin del mundo. «Me he pasado la noche metiendo la cabeza en el congelador», contaba el otro día una señora en la cola del bus. No está mal como remedio a los sofocos, desde luego, aunque puede ser de traca el trasiego de la cama a la nevera y de la nevera a la cama. Gimnasia nocturna.
La vida se paraliza en este Cáceres, pero no pasa nada. Llegará el otoño y volverán los festivales, una buena noticia teniendo en cuenta la depresión imperante que amenaza absolutamente todo. Ayer el Ayuntamiento anunció que mantendrá sus ayudas a los festivales de la ciudad. En total serán 36.000 euros los destinados a cuatro citas: el Festival Folclórico de los Pueblos del Mundo recibirá 12.000 euros, igual que el Irish Fleadh. El Cáceres Pop Art, y el Europa Sur (creados y dirigidos hasta sus anteriores ediciones por el director del Gran Teatro, Juan Pedro González) recibirán 6.000 euros cada uno. Este anuncio ha enfadado a los horteras cacereños. En realidad, la queja proviene de la Asociación Cultural Avuelapluma, organizadora de Horteralia, el festival que el año pasado llenó la plaza de San Jorge de looks imposibles y divertida mamarrachez. Esta asociación se queja no de no haber pillado ni un euro para la celebración de este acontecimiento, que celebrará su tercera edición el 29 de septiembre de 2012, sino de que se haya dicho que todas las peticiones para festivales fueron atendidas. Quieren que el Ayuntamiento haga públicos los criterios de adjudicación de festivales. Poco pastel para muchos comensales.
La Orquesta de Extremadura lleva tiempo en pie de guerra en defensa de sus puestos de trabajo. Acaban de poner en marcha una iniciativa en la que varias orquestas españolas están grabando un vídeo con la versión orquestal del Candil, el tradicional ritmo extremeño, en apoyo a la OEx y sus reivindicaciones. La Sinfónica de Galicia, dirigida por Maxim Vengerov, ya ha grabado su vídeo con el Candil.
Música para amansar a las fieras, para reír, para llorar, para reivindicar. Y bailoteos para quitarse malos farios. Hoy a las 20,30 en el Auditorio del Seminario Diocesano, se celebrará un espectáculo del grupo Iberoamérica Danza con el título «Rastros y Rostros, Unidos sin Fronteras» bajo la dirección artística de Marcos Yépez.
Más vida social de la ciudad. Desiderio Guerra, un histórico del socialismo cacereño, se ha jubilado como profesor del Centro de Educación de Adultos. Seguro que, aunque haya dejado de lado la tiza, seguirá de alguna manera ejerciendo su vocación de político. El otro día recibió un homenaje por su carrera.
Homenaje y tirón de orejas civilizado, pero tirón de orejas al fin y al cabo, es lo que se brindó ayer en los jardines del Museo Pedrilla. La Asociación de periodistas de Cáceres celebra anualmente una fiesta para presentar su anuario y los premios Pata Negra y Pezuña. Este año se entregaba por primera vez el I Premio de periodismo escolar Fernando García Morales que recayó en jóvenes Ana Moreno, Jorge Ollero y Rocío Mendo. Una atmósfera de pesimismo se instaló en el ambiente cuando tocó hablar de la situación de la profesión periodística. La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (Fape), Elsa González, dio datos de espanto, como que en los últimos cuatro años se han cerrado 57 medios de comunicación. «Es difícil saber si los periodistas somos dinosaurios a punto de fenecer o astronautas dispuestos a la conquista de Martes», señaló González dando cuenta de los nuevos retos a los que se enfrenta la profesión.
Y llegó el momento de entregar los premios Pezuña y Pata Negra. El primero, con el que los periodistas de Cáceres señalan la buena labor informativa de una institución, fue a parar al Colegio de Médicos de Cáceres y lo recogió su presidente, Carlos Arjona. El premio chungo, el que señala malas prácticas informativas, fue a parar a la política informativa del Gobierno de Extremadura, que algunos periodistas de la provincia consideran oscurantista. La vicepresidenta, Cristina Teniente, lo recogió e hizo una especie de monólogo humorístico con promesa final de redención. Dijo que serán más «accesibles y flexibles», recordó que a sus predecesores en la Junta también les endilgaron el premio malo en un par de ocasiones (en 2006 y 2008) y además, como para justificarse, hizo públicas dos peticiones realizadas al gabinete de prensa de la Junta en los últimos tiempos: el número de explotaciones de lombrices en la región y por qué los murciélagos duermen boca abajo. El 'gag' hizo mucha gracia al público, lleno de periodistas.