La noche de la Feria de San Juan es para los jóvenes. El recinto ferial se llena de juventud de madrugada, que es el colectivo que anima y mantiene viva la fiesta hasta altas horas de la mañana.
Los primeros en llegar son los más niños acompañados por sus padres para disfrutar de las tómbolas, atracciones y demás juegos ubicados estos días junto al parque acuático Lusiberia. Cuando los más pequeños se recogen, comienzan a llegar los jóvenes y mayores.
Ellos son los que llenan las casetas del real pacense, sobre todo durante los fines de semana y vísperas de festivo. De hecho, son las jornadas que mejor funcionan para los responsables de los establecimientos instalados en este espacio. Los encargados coinciden en destacar que el nivel de éxito de la Feria de Noche este año es similar al de ediciones anteriores. «Los fines de semana el ambiente está bastante bien, pero los días de diario flojean. Esperamos que mañana sábado sea uno de los días grandes», explica José Maqueda, gerente de la caseta Malandares que abre por primera vez este año.
La ubicación del recinto, la Feria de Día que se celebra en el Casco Antiguo, el botellón, la crisis y el fútbol son algunos de los factores que afectan negativamente al volumen de gente que se acerca por la noche al ferial.
«La feria por el centro nos perjudica, porque muchas de las personas que salen por esta zona a tomar cañas y comer se quedan hasta tarde y después no acuden al ferial. En la mayoría de los casos porque deben desplazarse en coche, y prefieren no hacerlo», agrega Maqueda.
Manuel Moreno, responsable de la casera La Voltereta (que lleva participando en la Feria de San Juan desde el año 1999), reconoce que el perfil del colectivo que vive la Feria de Noche no tiene mucho poder adquisitivo. «La gente que viene es joven, de 16 y 17 años en adelante. Muchos de ellos son estudiantes o no tienen empleo, con lo que no pueden estar gastando todos los días mucho dinero. Por esta razón también se reúnen al inicio de la noche para hacer botellón en las traseras de Lusiberia antes de venir al ferial. Está autorizado y siempre se ha hecho, pero está claro que todo lo que tomen en el botellón no lo consumen en las casetas y eso nos repercute», asevera Moreno.
Para atraer el mayor número de clientes posible, muchas casetas ponen en marcha promociones. «A primera hora de la noche sólo vienen pequeños grupos de jóvenes, la mayoría están en el botellón. Por eso, hay dos relaciones públicas de la caseta informando a los usuarios de las ofertas que lanzamos a esa hora para captar a más personas. Ofrecemos dos copas a seis euros o regalamos chupitos. Pero cuando el establecimiento se llena, que viene siendo alrededor de las 4 de la madrugada más o menos, se empieza a cobrar entrada a cambio de consumición. Así los clientes consumen, porque sino vienen y no piden nada», subraya Maqueda.
Moreno también destaca que en algún momento los partidos de fútbol les han podido perjudicar. «Cuando jugó España contra Francia el sábado hubo mucha gente que salió a ver el partido en los bares del centro o de sus barrios y ya se quedó por allí y no se acercaron al ferial», añade Moreno.
Señala que el hecho de que la feria se viva en las diferentes barriadas hace que cada vez el ferial tenga más competencia y sea más complicado atraer al público al recinto. «Los locales de las distintas zonas de la ciudad están decorados y ambientados. Por eso cada vez la gente está más repartida», apunta.
Moreno afirma además que el ferial ha ido mejorando con el tiempo. El microclima y el impulso a la promoción para tratar de venderse lo mejor posible a los pacenses son algunas de las medidas que han beneficiado a la imagen del ferial. «Sin embargo, todavía le falta un relanzamiento», puntualiza.