«Vaya día de luto tenemos hoy». Con este doloroso sentimiento intercambiaba Félix Castillo saludos y abrazos en su reencuentro con tres viejos amigos. El motivo de la cita era recordar los 20 años del último ascenso del Badajoz a Segunda, pero como es lógico la efemérides pasó a un segundo plano y la conversación derivó sobre el mazazo de la noticia de la liquidación del club blanquinegro conocida el día antes.
Este periódico reunió dos décadas después a los protagonistas de aquella mágica tarde del 28 de junio de 1992. Félix Castillo, Paco Herrera, Rodri y Pozo aparcan sus recuerdos y la nostalgia para adentrarse en el debate que mantiene en vilo y en un estado de angustia a la ciudad futbolística. El destino quiso que se fijara este encuentro el miércoles 20 de junio y resultaba inevitable las referencias a la fatalidad que pesa sobre el Badajoz. Julián Vázquez se acercó y se unió a la tertulia. «Te he conocido por la voz», le decía a Paco Herrera mientras le daba un apretón de manos. «Es una pena después de tantos años, pero parece que esta vez sí que se acabó», apuntaba el encargado del mantenimiento de las modernas instalaciones de El Vivero y que estuvo otros 43 años al servicio del centenario templo de las emociones blanquinegras. «La ciudad lo va a echar de menos. Hay otros equipos, pero no es lo mismo que nuestro CD Badajoz que se nos acaba de ir. Es una desilusión tremenda», sostenía el histórico presidente que recuperó 25 años después para la ciudad su categoría de plata.
Paco Herrera también considera difícil de imaginar la ciudad y el fútbol extremeño en general sin su principal seña de identidad. «Espero que alguien, los aficionados, y nadie mejor que aquellos que estaban en esos momentos duros, se unieran con su experiencia por los años vividos y la aplicaran en un nuevo Badajoz. Y por qué no, dentro de dos, tres años o cuando yo decida volver poder echar una mano, por supuesto desinteresadamente, sin otro objetivo que mi experiencia sirviera para ayudar a levantar ese nuevo equipo. Aunque no sé lo que puede pasar con el Badajoz».
La actual propiedad se queja de trato discriminatorio y precisamente ponen de ejemplo al Celta de Paco Herrera. «Yo no estaba y sería un atrevido por mi parte hacer comparaciones. Pero conociendo el club, la gente actual que es la que hizo el concurso, la preparación del proceso fue meticulosa, exhaustiva y con las garantías suficientes para que pudiera salir adelante. Que luego en la quita haya más o menos a favor de uno u otro lo desconozco. Lo que es cierto es que después el Celta ha hecho las cosas muy bien, que era lo que yo decía que tenía que haber pasado con el Badajoz. El Celta este año, superando las expectativas que había todavía por delante para ir reduciendo el déficit, prácticamente al 90-95 por ciento deja al club a cero con el ascenso. Y esa es una gestión que siempre he reclamado para el Badajoz, de cantera. El Celta tiene uno de los presupuestos más bajos porque tiene trece jugadores en el primer equipo de la cantera de una plantilla de veinte, de los que entre siete y nueve son titulares. Cada chico que viene de abajo es 50 por ciento más barato que cualquiera de fuera».
Y veinte años después de nuevo alcanza la gloria con un proyecto de cantera. «No hay ninguna duda que en eso son vidas paralelas. El Badajoz que descendió a Tercera significó el inicio de lo que ocurrió después. Fue una desgracia y fue bueno para el Badajoz. Porque inmediatamente los directivos tomaron la decisión de hacer un equipo con jugadores de Badajoz. Continuamos dos veteranos como era Isi Lavado y yo. El resto eran chicos jóvenes: Alegre, Macarro, Rodri, Pablo, Valverde, Juan Pedro... Aquel equipo subió a Segunda B y fue el artífice del siguiente ascenso a Segunda porque el 90 por ciento de los jugadores también eran extremeños. A ellos se unió Fael que vino de Zafra, Agustín Izquierdo de Campillo de Llerena, Cobos de un pueblecito al lado de Santa Amalia...», recuerda Herrera.
El presidente, el entrenador, el capitán y el héroe del ascenso del 92 mantienen vivo el recuerdo del Cartagena, una tarde que forma parte de la historia de la ciudad. El día que la afición blanquinegra tomó Badajoz. Una gesta imborrable, un recuerdo inolvidable y una respuesta popular irrepetible. El Badajoz puso la traca a un fin de fiesta de San Juan en la que los fuegos artificiales iluminaron el cielo pacense en honor a su club emblemático. Nunca antes se había producido una identificación tan profunda de la ciudad con su equipo de toda la vida. «La afición estaba comprometida porque cuando empezamos en Tercera y hacíamos esas goleadas de doce y trece goles iban 500 ó 600 aficionados a los pueblos. Y en El Vivero unas 8.000 personas, por lo que antes del ascenso la gente ya apoyaba. El ascenso fue la culminación». «Después -añade Pozo- de aquello disfrutamos de unos años de la división de plata».