«¡Yo ahí no me monto!», clama una joven en mitad del barullo de la feria: reguetones y música disco con los decibelios disparados. Está delante del 'Flip Fly', una de las atracciones más espectaculares de las montadas en el Recinto Ferial durante estos días. Ofrece sensaciones fuertes, de esas que a algunos les provocan vértigo y mareos y a otros una especie de fascinación irresistible que les hace repetir una y otra vez. Es una plataforma cuadrada con 16 asientos y sujeta por una especie de viga enorme que va ascendiendo a base de movimientos pendulares. Sube, sube y sube tanto que al final da la vuelta sobre su propio eje. A partir de entonces ya no paran los gritos. Los atrevidos que quieren experimentar vivencias extremas han pagado 3,5 euros por apenas unos minutos de agitación corporal. Éste es sólo uno de los cerca de 60 artefactos disponibles hasta hoy en la Feria de Cáceres. Los precios oscilan entre los 2,5 y los 3 euros en la mayoría de ellos. En este pequeño parque de atracciones hay un poco de todo: de la tensión más total a la agradable contemplación del mar de luces de la feria desde 20 metros de altura. Ese panorama lo ofrece la noria, clásico entre los clásicos. Adrián Virgil se encarga de despachar las entradas y de controlar el acceso del público. Suelen abrir a las 18,00 horas y, en días fuertes, están trabajando hasta las cinco de la mañana. 11 horas de sube y baja imparable, en viajes de 5 minutos. No duda: la gente sube por las vistas, incomparables desde las alturas. Además, en el cielo el ruido de la música se diluye y el sopla un refrescante aire. Un pequeño placer. Aunque la silueta de la noria es muy reconocible desde la distancia, no es la atracción más alta. El 'Booster' la supera en unos metros. Es otro de los cacharros más llamativos y salvajes. Se trata de un eje con asientos en ambos extremos que va girando.
La tarántula es otra propuesta mareante. Un bicho de tonos anaranjados con una cabina en cada uno de sus tentáculos. Santiago Pérez es el dueño de esta atracción. Dice que nunca se pone al máximo de velocidad, sino un poquito menos de la mitad de lo que les permite la máquina. Él gestiona también un carrusel de caballitos para niños y 'Las Bolas', una novedosa atracción infantil en la que los pequeños se introducen en una enorme bola de plástico hinchada de aire y son lanzados una piscina, donde se bañan «en seco». «El tiempo máximo para estar sin peligro dentro de la bola es de quince minutos, pero aquí no están más de cinco», apunta. Dice que la feria ha ido mal y que se nota la falta de dinero. ¿Monta la gente en menos atracciones? «Yo creo que directamente, no montan».
No lo ve tan negro J. J. Camuñez, dueño del Master, un aparato que gira y gira. Cuenta que en la noche del viernes al sábado 700 valientes se subieron a su máquina. A las siete de la mañana dieron el último viaje a los fiesteros más aguerridos.
Coches de choque, tren de la bruja, carruseles y montañas rusas, algunas acuáticas, completan esta oferta de emociones fuertes.