Cuando el circo descansa

El Gran Circo Mundial instalado en Cáceres es una 'ciudad' con 160 personas de 12 países, medio centenar de animales y una escuela En este pequeño pueblo itinerante conviven 160 personas de doce nacionalidades

MARÍA FERNÁNDEZCÁCERES.
Hay cinco hembras de elefante en el circo, salen a pasear y juegan con los troncos. ::
                             A.M./
Hay cinco hembras de elefante en el circo, salen a pasear y juegan con los troncos. :: A.M.

Resulta curioso pasar por la pista central del Gran Circo Mundial que ahora está instalado en Cáceres al antojo de uno como si nada. Espacio para el espectáculo sin espectáculo. Nadie en las butacas. Ni luces de colores ni nada. El circo es magia, alegría, humor. Detrás del show se esconde, como suelen decir ellos mismos, una pequeña ciudad. Ambulante, pero con colegio y viviendas-caravanas a las que no les falta de nada. Eso sí, con la particularidad de tener más compañía de animales que las habituales mascotas.

Conviven 160 personas de doce nacionalidades diferentes. Rusos, mexicanos, ecuatorianos, australianos, alemanes, ingleses, italianos, rumanos, árabes, polacos, búlgaros y españoles conforman una familia multiétnica. «El cóctel es interesante y nada explosivo», subraya el responsable, Francisco Salas. Cuando no trabajan en el espectáculo o en los ensayos previos, hacen lo que todo hijo de vecino: se echan una siesta, sacan a pasear al perro o van a tomarse una caña.

«Yo siempre digo que tenemos tareas, pero no trabajo. Si es obligación, no es felicidad», dice. Una de estas tareas es dar de comer a los animales. Hay cinco elefantes indianos, 25 caballos, 21 perros, dos gatos, un lobo, dos pitones, una boa, tres palomas, una tigresa de bengala y su cría. Todos cuentan con su pasaporte y han nacido en cautividad. Su comida supone 3.800 euros semanales. «Lo vamos comprando sobre la marcha, buscando en la ciudad donde estemos donde podemos obtener su comida», dice.

Lee Alberth se encarga de la dieta de las cinco hembras de elefante, que tienen entre 36 y 42 años. «Cada una bebe 200 litros de agua al día y come 35 kilos de alfalfa y 20 de fruta», resume. «Les saco a pasear y juegan con los troncos de los árboles», dice, señalando a decenas de troncos amontonados al lado. ¿Y cuánto tiempo dura el aprendizaje? «Toda la vida», responde Lee.

Cerca de ellos están los tigres de bengala. La gran tigresa dispone de un espacio con aire acondicionado a temperatura de 28 ó 29 grados. «Han nacido en cautividad y nunca estuvieron en la selva a cincuenta grados», explica Salas. Ella se resguarda en dicho espacio mientras su cría descansa a la sombra fuera.

De todos los animales, el mayor número corresponde a caballos y perros. Laura López ha comenzado hace poco a trabajar en este circo, pero lleva 31 años dedicándose a los caballos. Les da cuatro comidas al día: por la mañana y a media tarde cada caballo come dos kilos de pienso. Para la comida y la noche, heno y alfalfa hasta decir basta. «Cuando hay pista libre entreno con ellos y damos un paseo», dice. «Hay un momento en el que sabes que el caballo está preparado y no te va a fallar, pero hay que repasar. Si lo haces bien, la doma duraría un año», explica Laura.

El circo también tiene su propia escuela. Ahora, acoge a 13 niños de entre 4 y 16 años. Este cole sobre ruedas imparte de todo, desde Infantil hasta Secundaria. Cuando llega la hora de la asignatura de Lengua, los peques aprenden a escribir, los medianos repasan los adverbios y los mayores analizan morfológicamente algunas frases. Otras asignaturas, como Música o Educación Física, se hacen en conjunto.

La educación se rige por el programa de aulas itinerantes en los circos del Ministerio de Educación. «Los niños ya están adaptados, es la maestra la se tiene que adaptar a dar todos los niveles que hay, que es lo más difícil», cuenta la profesora, Sara Lázaro.

A la hora de la mudanza requieren de 60 camiones para transportar la infraestructura y los animales, además de las 80 caravanas de los artistas. «Lo más importante aquí es la organización. No sabes cómo es mover todo esto», señala Salas. Hay veces en que el circo se instala cerca de la ciudad, como en el caso de Cáceres, y otras totalmente apartado del núcleo urbano, por lo que dispone de plena autonomía en cuestiones, por ejemplo, de agua y electricidad. También en lo relativo a la seguridad, con vigilancia cuando el circo duerme.

Conviven con la doble cara de la moneda: el riesgo y el éxito. «No puedes jugar al fútbol sin lanzar fuera alguna vez. Sabes que es implícito al trabajo», apunta Salas, tras recordar que aunque nunca se ha producido un ataque de un animal, sí ha habido caídas de trapecistas y equilibristas.

Los últimos cuatro años, el circo ha realizado su gira por España, aunque también tiene carácter internacional y viaja por todo el mundo. Cuenta con varios premios, como la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Fue fundado por el pacense José María González Villa, tiene 36 años de historia y hace 27 que no pisaba Cáceres. Estará en Casa Plata hasta mañana, hoy con doble sesión (18,15 y 20.30 h) y el domingo, triple (11, 18 y 20,15). «El propietario está muy contento de que volvamos a Extremadura. Y nosotros, encantados».

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