La actividad en el Badajoz está paralizada por la junta de acreedores del 19 de junio y la liquidación de la temporada no acaba de cerrarse porque el club aún no ha recibido las ayudas comprometidas de las instituciones, pero Ángel Cuenda sigue ahí, impasible, y a pesar de que en su cuenta corriente no ingresa un euro desde marzo. Es otra víctima, la de necesidad más acuciante, de este bloqueo administrativo. Casado y con dos hijos, le cuesta reconocer públicamente su angustiosa situación personal, pero la conversación deriva inevitablemente a ese punto dada la situación del club. «No quiero perjudicar al Badajoz ni que nadie se moleste», apunta sincero y en un acto de generosidad innata. Pero su testimonio es desgarrador. «Lo estoy pasando muy mal. Tenía unos ahorrillos, pero si sacas y no entras nada llega un momento en que se acaban. Los 900 euros que cobro y los 250 euros de gratificación que Carlos daba a mi mujer son los únicos ingresos que tengo. Yo vivo de esto». Se encuentra en un punto límite. «Este mes me ha llegado la letra del coche y el recibo del seguro y no tenía para pagarlo. Al final he podido hacerlo con recargo porque me ha ayudado mi familia». A Ángel Cuenda se le agotan los recursos. «Cuando se me acabe el gasoil dejo de venir porque antes de gastarme dinero en el coche tengo que comer. Si no me pagan no puedo venir más». En ese sentido, destaca la sensibilidad y el trato recibido por parte de varias personas. «Tengo que agradecer el apoyo del delegado Alfredo (Gómez-Landero) y a Jesús Reynolds, que me ha ayudado muchísimo. También a Jose 'el Campeón', Sonia, de administración, y a Ángeles Aguilera». Y se queda con un detalle que todavía al recordarlo le sigue emocionando. «En Navidad, cuando también llevábamos varios meses sin cobrar, me llevaron por sorpresa a casa una cesta con comida». Y se siente decepcionado con Carlos Uriarte. «No me lo esperaba. Desde que llegó siempre hemos tenido muy buena relación. La verdad es que me ha defraudado un poco porque creo que tanto él como Íñigo (Landa) podrían ser conscientes y haberme ayudado, tener un poco de amor propio y no dejarme en estas circunstancias».
Su sencillez y bondad le lleva a lamentar y disculpar una situación que le hizo perder los nervios. «Creo que el otro día me alteré con Rafa Rojas y me equivoqué. Me subí de tono porque no era capaz de localizarle. Me dijo que iba a hablar con Íñigo y no lo hizo. Les dije que si se estaban riendo de mí y que a mí no me toreaba nadie». Una muestra más de su honradez y grandeza como persona.