La industria editorial lucha por sobrevivir al huracán que la ha asolado en los últimos años. Varios han sido los factores. Primero, la maltrecha economía de los españoles, que prefieren llenar la nevera antes que la estantería. Segundo, y en consecuencia, la piratería, pues no por no poder pagar esos precios quieren dejar de leer. Y tercero, los nuevos patrones de lectura en soportes electrónicos cada vez más extendidos.
A editoriales, libreros y distribuidores les ha costado reaccionar. «Su despiste es muy lógico», entiende David Sánchez, que fundó hace ya un año la plataforma de suscripción 24Symbols, conocido como el Spotify de los libros. «Es un sector grande, atomizado, poco acostumbrado a variaciones en su modelo de negocio. Era irreal pretender que de la noche a la mañana todos iban a empezar a priorizar el negocio digital, su negocio está en el papel y las plataformas digitales solo somos los canales del futuro. Pero es que hoy día es muy evidente que hay que empezar a dar pasos, que hay un segmento de lectores que está moviéndose a leer en digital y que es necesario construir la oferta para ese segmento. Somos optimistas al ver cómo están reaccionado los editores, y cómo esperamos que empiecen a reaccionar los lectores. Si hay que dar un consejo es el de probar sin miedo, y ayudar a consolidar opciones que puedan ser canales interesantes».
Eso es lo que hacen precisamente en la plataforma de servicios digitales Libranda, creada por los mayores grupos editoriales de España «con el fin de que los editores puedan vender todo su catálogo en todas las tiendas y bibliotecas digitales; y de que las tiendas tengan acceso a esos contenidos y los provean a sus lectores dando el salto digital de la mejor manera posible. Su directora general, Arantza Larrauri, ve «a las editoriales orientadas, sobre todo las que han entrado antes en el formato digital que las demás. Van aprendiendo sobre cómo se compra, cómo se lee, de las opiniones de los usuarios; van probando, creando estrategias, asumiendo más riesgos y más apuestas, sacando experiencias del prueba y error. Y están haciendo cada vez más cosas, más promociones, más servicios, bajando los precios. Sí que veo un cambio, aunque hay muchas editoriales pequeñas y medianas que aún no han empezado con el digital».
Comunidad social
Una de las mejores iniciativas surgidas recientemente es Booquo, la plataforma digital de Círculo de Lectores, cuya directora de Negocios Digitales, Mariana Féged, describe así: «En Booquo, cualquier usuario puede acceder y comprar cualquier ebook, o alquilar una película en 'streaming'. Aparte está la zona Premium que viene a ser lo que era el Club del Círculo de Lectores, con una serie de ventajas de selección de contenidos adicionales y otros servicios, a cambio de la cuota mensual de suscripción de 9,90 que te da acceso a lectura ilimitada de la biblioteca Premium y a los canales temáticos, 'minisites' por diferentes géneros. En esos canales ofrecemos no solo los ebooks especializados sino también una experiencia de contenido que va mucho más allá: contacto directo con autores súper punteros, contenidos enriquecidos fuera de los libros, entrevistas, foros, grupos, una experiencia más allá de la simple transacción del ebook».
Sabiamente, el Círculo consultó a la comunidad de lectores de su club qué deseaba, de lo que dedujeron «que quieren contenido adicional, contacto con sus autores, disfrutar de la experiencia cómoda de lectura y poderla compartir entre ellos, con su comunidad, que es el centro de nuestra plataforma. La digitalización abre un camino enorme donde podemos hacer mil cosas trabajando ese contenido, tenemos que generar más experiencia alrededor de la lectura, aprovechar todos esos soportes tecnológicos para aumentar la interactividad, libros multimedia donde el lector vea algo más que la versión escaneada de papel», apunta. Aunque sea ponerle una banda sonora a cada libro como hace Booktrack.
A la hora de innovar desde la nada, el modelo pionero fue el de 24symbols, «una plataforma de lectura de libros digitales basada en un modelo de suscripción y con capacidades de lectura social. Los usuarios pueden leer en la nube cualquier título de un catálogo multieditorial de manera gratuita, pero con publicidad insertada y ciertas limitaciones, o pagar una pequeña suscripción para disfrutar de un servicio de mayor calidad», aclara David Sánchez. «Desde luego, nuestra visión es que hay un enorme espacio para los modelos de suscripción; simplemente porque los lectores asiduos van a ver con muy buenos ojos este tipo de ofertas que te garantizan el consumo de los libros que te dé la gana por una tarifa plana». Hay otras como StoryBundle que permiten al lector ponerle precio al lote de ebooks que escoja.
Los lectores ganan
El analista del sector digital Javier Celaya examinó estos modelos de suscripción desde los tres puntos de vista que él puede adoptar, a saber: «Como lector, puedes leer un montón con un poco de publicidad en medio, pasas la página de publicidad y sigues leyendo. Como autor, no es la panacea de la manera en que están estructuradas, porque no ganamos apenas nada. Ya era difícil vivir de los derechos de autor en el mundo analógico pero en el digital va a ser mucho más. Y como editor de DosDoce, quizás son una buena opción pero habría que equilibrar los repartos de beneficios».
Ahí aparece Hernán Casciari, gurú del periodismo y director de la revista 'Orsai', que tiene ya una editorial homónima donde el autor se lleva un 50% de las ventas, pero aún se plantea más cambios muy vanguardistas. Esto sería un resumen de lo que propone en su web: «Imagínense una editorial sin la intermediación de editores ni cazadores de talentos. Sin que haya ni uno solo de esos tipos que leen originales y deciden qué se publica y qué no. Imagínense una editorial con departamento de diseño, correctores de estilo, administración, imprenta, etcétera, pero sin empleados que lean los montones de propuestas que llegan. En esta editorial los lectores son anteriores al proyecto. Estaban ahí cuando no había nada. Fueron ellos quienes estimularon la empresa, no al contrario. Y no solamente eso: los lectores de esta editorial son muchos y están conectados, saben leer muy bien y tienen gustos similares. Pueden decidir, o al menos promediar sus decisiones. Pueden debatir qué se publica y qué no. Y exponer sus razones, y elegir lo que quieren que les llegue a su casa en forma de libro».
A estos lectores se les califica como prescriptores y han surgido ahora porque, como afirma Casciari, «solo en estos tiempos comienzan a florecer las comunidades virtuales maduras, capaces de convertirse en inversoras económicas de sueños propios colectivos».
La nueva era
Es lo que preconiza el escritor y periodista Bernardo Gutiérrez, que dirige Futura Media (futuramedia.net), una consultora de estrategias digitales: «Los intermediarios peligran, están en peligro de extinción. Por todo ello, veremos un declive paulatino del sistema editorial. Algunas editoriales se adaptarán, apostarán por el ebook, convivirá papel y digital durante un buen tiempo. Tal vez siempre exista papel: pero de una forma más racional. Imprimiendo pensando en la demanda real no en la oferta artificial. Lo de lanzar tiradas gigantes porque el librito es una apuesta de la casa será parte del pasado. Es innegable que los lectores como Kindle o Ipad petarán. Yo ya leo el 40% de mis libros en IPAD, formato pdf. Tal vez surjan modelos de lectura por 'streaming' (nube) y modelos de alquiler de libros. Pero creo que la mayor revolución es eliminar el intermediario, los editores pomposos que dicen qué mola y qué no, qué tiene calidad y qué no. En el centro de la cuestión está el 'copyright', un control excesivo de la propiedad intelectual, en algunos casos, un directo robo. El 'copyright' desaparecerá. Creative Commons (que es un control de derecho de autor), dominio público y copy left en general son modelos que incentivan la circulación de la cultura y que pueden incluso fomentar las ventas».
No son piratas
Mariana Féged opina que «la piratería se combate en la medida en que le ofreces a la gente una manera cómoda y asequible de consumir sus contenidos. No creo que la mayoría de la gente sea pirata por naturaleza, no quiere robar contenidos sino consumirlos, si se lo ponemos fácil. Esa es nuestra apuesta para que no tenga necesidad de ir a piratearlo porque lo tiene todo y más aquí por un precio módico. Currémonoslo para que su experiencia sea más completa. Que tenga un incentivo para no piratear».
Lo mismo opina Arantza Larrauri, de Libranda, que está haciendo una inversión para que las editoriales digitalicen sus fondos antes y los pongan a disposición de los lectores de una forma legal con los mejores servicios posibles por parte de las librerías. También han puesto al servicio de los lectores un blog llamado Cuaderno Digital para resolver dudas sobre el mundo digital, porque «hay que crear mercado».
Sin duda, la divulgación en España aún hace falta para aumentar del 2 o 3% de ventas aproximado de ebooks actual, al 20% que han alcanzado en EEUU en los últimos tres años que nos llevan de ventaja, según Javier Celaya. En su optimismo, ve factible «que este año acabemos en torno al 10 y quizás al año siguiente ya demos el salto al 20%. Allá se está viendo que la sociedad está asumiendo la lectura en pantalla de una manera mucho más natural y rápida que el propio sector, que pensaba que iba a ser mucho más fetichista, que añoraría el olor, el tacto del papel, etc...».
Si estás en 'streaming'
«Leer en la nube significa que toda la información relativa al proceso de lectura está en un servidor en Internet (lo que estás leyendo, los libros que te gustan, la página por la que vas, las notas y comentarios que has dejado en los libros.). Esto facilita que el usuario pueda cambiar de dispositivo (por ejemplo, porque sale de casa y deja el tablet para conectarse fuera desde un smartphone) y disfrute cómodamente de la misma experiencia de lectura. Desde el punto de vista del editor, puede estar seguro de que el lector accede al contenido sin realizar directamente la descarga de ningún fichero», señala David Sánchez.
Por eso, para la mayoría de los consultados, no solo el futuro sino, como apunta Mariana Féged, «el presente está en la nube. Hay paradigmas como el de la posesión que están cambiando mucho, el lector digital no tiene tan arraigado el poseer, el tocar, el tener en las estanterías. y eso fomenta modelos como 24 symbols, donde entras, consumes y ya está, no te interesa tanto tener las cosas almacenadas».
Arantza Larrauri coincide en que «esa sensación de apego al contenido no lo tiene tanto la gente a la que le gusta el digital y menos aún las siguientes generaciones, acostumbradas al disfrute del contenido sin necesidad de tener esa sensación de posesión».
En efecto, según Celaya, «el lector debe entender que ya no posee un libro, sino que básicamente lo está alquilando, por un precio concreto, pero si deja de pagar, el contenido desaparece. Lo cual normalmente te da igual porque sólo lo vas a leer una vez. Pero si hay alguno que quieres tener para siempre, accedes al sistema de venta perpetua, para el cual las editoriales te garantizan que si el día de mañana cambia el formato tecnológico, ellos te lo adaptarán para que puedas disponer siempre de tu contenido. Me parece muy inteligente porque eso una versión pirata no te lo da. Es una manera de combatir la piratería con unos contenidos y unos servicios superiores alrededor».