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2014, año cero para Afganistán

INTERNACIONAL

2014, año cero para Afganistán

La incertidumbre se apodera de un país, que se prepara para la salida de la OTAN y Karzai

25.03.12 - 00:23 -
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«Me voy a Australia y regresaré dentro de diez años para trabajar por mi país, ahora no se dan las circunstancias adecuadas». Mohamed Iddris vuela rumbo a Sidney para completar sus estudios y reunirse con su esposa. Tiene 26 años y, como la mayoría de los afganos con posibilidades, prefiere quitarse del medio y viajar a un lugar seguro. Y es que desde que la OTAN hizo pública la fecha de 2014 para su retirada, la incertidumbre se ha apoderado de los afganos y la comunidad internacional.
Una sensación amor-odio se respira entre los ciudadanos de a pie que recibieron «con los brazos abiertos a los americanos», pero que después se fueron dando cuenta que no están aquí por el pueblo afgano sino que están por sus propios intereses. «No son honestos», lamenta Hajji Fazul Mohamed, uno de los líderes tribales de Panjwai, el distrito de Kandahar donde un militar estadounidense asesinó a 17 civiles el 11 de marzo. Esta masacre es el último capítulo de una serie de despropósitos cuyo capítulo anterior fue la quema de coranes en la base de Bagram y que acelerarán el proceso de retirada. «Cada vez escuchamos más la fecha de 2013», apunta la diputada por Kandahar Shakiba Hashmi, que augura una «complicada» negociación con Washington para la relación futura entre ambos países. «Hasta el establecimiento de bases permanentes está en el aire», asegura.
Circular por Kabul transmite una sensación de progreso. Cada día se abren nuevas tiendas, crece el ritmo de edificación. pero más allá de la seguridad de los centros urbanos el clima de inseguridad afecta directamente a los proyectos de reconstrucción, uno de los pilares de la gobernabilidad, y a los negocios porque «la gente piensa que hay que cerrar todo antes de que llegue esa fecha».
El número de donantes se ha reducido y las grandes fortunas del país están llevándose el dinero a Dubai porque no confían en el día después. Afganistán necesita presencia internacional, pero la cuestión está en el número. «Lo importante es que confirmen cuanto antes su continuidad para salir del escepticismo», opina el analista financiero Haseeb Humayoun, especializado en asesorar a empresarios nacionales e internacionales en el complicado mundo de los negocios afgano y cuyo futuro es el sector de la minería, donde países como India, Turquía, China y Canadá ya toman posiciones. Las promesas de compromiso y ayuda a largo plazo lanzadas en las conferencias internacionales no transmiten demasiada seguridad sobre el terreno.
Doble adiós
La comunidad internacional centra sus mayores esfuerzos en preparar a las fuerzas de seguridad afganas con el objetivo de transferir cuanto antes la seguridad. Este relevo se producirá de la mano del relevo político en la cúpula del país, ya que la OTAN se marchará el mismo año que concluye el mandato de Hamid Karzai -a no ser que se modifique la Constitución- y será necesario organizar elecciones para elegir al nuevo presidente del país.
«Hay una especie de terremoto político interno, desde la diáspora, hasta los muyahidines, todos están tomando posición de cara al proceso electoral», opina el responsable del Instituto Americano de Estudios Afganos, Omar Sharifi, que prevé un escenario post retirada marcado por «una menor presencia de fuerzas extranjeras, pero más efectivas». «Si el mundo se olvida de Afganistán, la guerra civil es inevitable y volveremos a ser un santuario para Al-Qaida y demás grupos radicales», avisa.
Un panorama que podría complicarse aún más con la división interna generada por el diálogo con los talibanes, que enoja a los líderes de la Alianza del Norte que apoyaron a los americanos en la guerra de 2001. «La negociación es positiva si lo haces desde una posición de fuerza, pero en plena retirada te convierte en un actor débil y los talibanes son muy conscientes de ello. ¿Para qué se van a comprometer si saben que con el paso de los meses pueden obtener muchos más beneficios?», se pregunta Humayoun.
Sin la OTAN y sin Karzai, el nuevo Afganistán «seguirá en manos de extranjeros». «Todo dependerá de la actitud de Pakistán y, sobre todo, del compromiso americano con el sucesor de Karzai. Los propios talibanes también necesitan a EE UU, cuya presencia les permite justificar la guerra», piensa el diputado y candidato a la presidencia en 2009, Ramazan Bashardost, que mira al futuro con esperanza porque piensa que «puede ser el momento para el cambio de verdad». «Que nadie se engañe con procesos como el de Catar. Llevamos once años gobernados por criminales de guerra como el propio Karzai, Marshall Fahim o Karim Jalili, ¿queremos que ahora se sumen a la mesa de poder el mulá Omar y Gulbudin Hekmatyar?».
Bashardost abandera el proceso ideológico de depuración en las altas esferas de Afganistán, un sueño complicado para una nación presa de las armas y los negocios de unos nombres cuyo denominador común es el protagonismo en la situación constante de guerra que sufre el país asiático desde hace tres décadas.
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