Una vez terminada la
feria taurina de Olivenza es el momento de hacer balance de lo acontecido en la pasada edición de este ciclo con el que se inaugura la temporada en España. Unos festejos que gran parte de la afición esperaba desde finales del mes de enero cuando
Juan José Padilla anunciaba su reaparición en la localidad extremeña con
Morante de la Puebla y
José María Manzanares como compañeros de cartel, ante ejemplares de la ganadería de
Núñez del Cuvillo.
Desde aquel 20 de enero el interés creció en el municipio y los rumores de la presencia de José Tomás se apagaban al tiempo que aumentaba la expectación por volver a ver de luces al 'Ciclón de Jerez'. Tanto que las entradas se agotaron en poco tiempo y la plaza volvió a registrar un lleno de 'no hay billetes', aunque la asistencia de público ha sido buena durante todo el ciclo.
La feria comenzó, como viene siendo habitual en sus últimas ediciones, con una novillada con picadores en la que tres jóvenes debutaban con picadores: Tomás Campos y Tomás Angulo, de la Escuela Taurina de Badajoz y alumnos más destacados en la pasada temporada, y Álvaro Sanlúcar. Los astados, de José Luis Marca, tres de ellos pitados al arrastre. Mostraron un comportamiento desigual siendo la nobleza la única cualidad.
Álvaro Sanlúcar salió a hombros tras cortar tres orejas, paseando un apéndice Campos y otro Angulo. No tuvieron suerte los extremeños que comienzan una nueva andadura profesional en la que tendrán que enfrentarse a muchas dificultades pero siempre con la esperanza de un futuro prometedor.
Una de las corridas que más expectación levantó entre los aficionados fue la que se celebró el sábado. Se anunciaron reses de Garcigrande para 'El Juli', Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante que iniciaban una campaña que se presenta, cuanto menos, diferente a las demás para los dos primeros, ausentes de las principales ferias que se celebran entre marzo y abril (Castellón, Valencia y Sevilla). Ellos lo tuvieron claro y fueron a por todas.
'El Juli' impuso su magisterio y su dominio, demostrando su poderío y su capacidad innata para la lidia, sometiendo a sus oponentes y tapando sus defectos a base de oficio. Por su parte Perera se mostró muy valiente y arriesgó ante el quinto de la tarde, que tenía cierto peligro. Sorprendió que sus faenas no se hicieron eternas y tediosas algo que le suele suceder cuando alarga la lidia a ejemplares que no dan más de sí. Dos orejas se llevó el madrileño -falló con la espada ante el cuarto- y tres el extremeño.
Alejandro Talavante puso en pie los tendidos y realizó una faena muy completa al primero de su lote. Por ello fue premiado con dos apéndices tras recibir a ese ejemplar por delantales, bajarle mucho la mano en la muleta y templar las embestidas, destacando su toreo al natural. Además dejó una buena estocada que hizo al toro rodar sin puntilla. Lástima que ante el sexto se atascase con los aceros. Salida a hombros de la terna y orgullo para los aficionados extremeños por contar con dos paisanos triunfadores.
Y como dicen que no hay dos sin tres, Antonio Ferrera conmemoró sus quince años de alternativa por la puerta grande de la plaza de toros de Olivenza, la misma que acogió su doctorado. Se proclamó triunfador al pasear cuatro orejas de toros de Zalduendo que no se lo pusieron nada fácil. Vibrante con el capote, enérgico en el tercio de banderillas y templado y poderoso con la muleta, el de Villafranco lo puso todo y volvió a demostrar el buen momento que atraviesa. Con un apéndice se premió la discreta labor de Ponce y Cayetano, que pasaron bastante desapercibidos en el serial.
El Ciclón en Olivenza
Una feria que tuvo un protagonista indiscutible no por su actuación en sí, sino por su mera presencia en la plaza. Tras la grave cornada sufrida en Zaragoza, el maestro de Jerez volvía a vestir de luces, a sentir el toreo, a conquistar al público y a triunfar. Para los seguidores de twitter
Juan José Padilla es un héroe y en Olivenza demostró que es cierto que los toreros están hechos de otra pasta.
Fue jornada de emociones, de recoger el cariño del público, de los aficionados y compañeros que no quisieron perderse la 'resurrección' de un torero que está en un momento cumbre y al que no le ha afectado nada de lo sucedido porque él está por encima de todo.
Para los que asistieron a la plaza, volver a ver a Juan José Padilla quedará marcado en sus recuerdos para siempre. Por la larga cambiada de rodillas, por el tercio de banderillas compartido con Morante y Manzanares, por el poder y la valentía. Y sobre todo porque ese día, ese 4 de marzo nacía un mito y una esperanza: la del hombre que venció las adversidades y dio con su actuación un ejemplo de superación y de torería ante la vida.