Puede parecer una errata o un simple descuido, pero la anécdota no deja de ser ilustrativa.
Nazaret González Muñido, jugadora de tercera categoría, es oficialmente el campeón regional de billar bola ocho desde el pasado mes de noviembre. El problema es que se trata de una chica de 23 años y a nadie de la federación se le ocurrió pensar que la única mujer que competía se podía convertir en la campeona cuando hicieron la inscripción en el trofeo.
A los más profanos les puede parecer sorprendente que sea ella la que se imponga a todos los billaristas de tercera categoría, pero para los aficionados y jugadores del club Pool Nueva Ría, el bar en el que juegan frente a la estación de autobuses, ya no es ninguna sorpresa.
Nazaret entró por primera vez en este local hace más de una década. Tan sólo era una niña de trece años que se acercaba a merendar antes de las clases particulares. Un día, por simple curiosidad, echó una partida de billar. Probó al siguiente y al siguiente hasta que el dueño del bar en ese momento y presidente del club de billar le dijo que siguiera practicando porque tenía cualidades.
Desde entonces ha vivido su particular historia de amor con un deporte en el que las chicas ni tan siquiera tienen ya categoría propia para competir. Nazaret participaba en torneos femeninos y los ganaba. Apenas había media docena de competidoras. Cuando suprimieron la competición femenina por falta de participantes y se pasó a la masculina siguió con la costumbre de ganar. Con el reciente título planea ya su participación en un campeonato nacional que se celebrará en Galicia en marzo. Allí se ponen en juego dos plazas para un competición internacional en Las Vegas en mayo. Asume que será la única chica y que la posibilidad de plantarse en Las Vegas se vende muy cara, pero Nazaret ya atesora experiencia en dar sorpresas con su taco Buffalo en la mano. Detesta los tópicos que envuelven al billar. «Ni gente marginal, ni macarras, el billar es un deporte de caballeros y señoras». Cuenta que nunca se ha sentido discriminada por jugar con hombres, más bien todo lo contrario. «A los que le gusta quieren enfrentarse a buenos jugadores da igual chica o chico».
Aunque vivió en Madrid y ahora lo hace en Cáceres porque estudia Derecho en la universidad, confiesa que sólo le gusta practicar en su club de siempre, en la nueva Ría. Ya no lo lleva Julián Galán, su descubridor, ahora es Antonio Rodríguez quien se encarga de todo. Con ambos se muestra enormemente agradecida por lo que le enseñan.
Tiene claro que no se va a ganar la vida con el billar, pero no renuncia a la experiencia, lo viajes y las personas que conoce. Sabe que una chica que estudia derecho y que hizo ballet durante años no es precisamente el perfil de billarista que muchos tienen, pero en cierto modo, cuando recuerda algunas anécdotas da la sensación de que le gusta sorprender. En la residencia de estudiantes en la que vivió ganó muchas apuestas a compañeros suyos que dudaban de su capacidad frente la mesa de billar. A alguno no le dejó ni tirar una bola en la partida. Como todo jugador experto, las series completas no son una excepción cuando inician una partida. Como tampoco lo son las bromas de sus amigas cuando presumen ante los demás.