Abel Ferreras, más conocido por 'Abel el de Correos', acaba de ser puesto en libertad después de llevar encarcelado casi dos años. Un auto de la Audiencia Provincial dispone que abandone el centro penitenciario de Cáceres al considerar que no existe riesgo de fuga y tampoco hay riesgo de que elimine pruebas contra él.
Abel, de 62 años de edad, llevaba 40 años trabajando en Correos de Madrigalejo, en donde se casó y tuvo tres hijos, cuando en marzo de 2010 desapareció durante varios días al descubrirse que podía haber estafado más de un millón de euros a sus convecinos.
Cuando el pueblo de 2.200 habitantes estaba alterado y la noticia ya se ofrecía en los informativos de televisión a nivel nacional, Abel se entregó a la policía judicial en el despacho de su abogado, Ángel Luis Aparicio. El 23 de marzo del 2010 compareció ante el juez de Logrosán, que ordenó su ingreso en prisión a petición propia y también de su familia. Él reconoció que a lo largo de los últimos 11 años se había quedado con 1.228.000 euros de una veintena de clientes. Su abogado comentó entonces que no iba a pedir la libertad de Abel hasta que BanCorreos y Deutsche Bank entregaran el dinero. Aparicio recalcaba que su cliente fue quien avisó de la estafa, y que había apuntado al detalle el dinero que había quitado a cada convecino para que el banco les devolviera sus euros cuanto antes.
Eso es lo que pedían los hermanos abogados José Luis y Juan Ignacio Pérez Mena, que representan a 20 perjudicados: que los bancos entregaran a sus clientes el dinero y luego ya verían los bancos la forma de que Abel les devolviera el dinero.
BanCorreos ya ha devuelto más de un millón de euros. De los 20 perjudicados sólo tres faltan por cobrar unas cantidades que rondan los 30.000 euros. Según el abogado defensor de Abel, éste podría ser condenado como mucho a seis años de cárcel, de los que ya ha cumplido casi dos.
Abel Ferrera seguramente será juzgado dentro de unas semanas en la Audiencia Provincial de Cáceres, en donde hablará de su ludopatía. Según ha recalcado su letrado, llegaba a gastar hasta 3.000 euros a la semana en quinielas, fingiendo que representaba a peñas, y en 10 años nunca le tocó un premio importante.