El nuevo año no le ha sentado nada bien al Badajoz. Acabó el 2011 con dos victorias pero desde que nos comimos las uvas el equipo pacense solo da disgustos a su hinchada. Este domingo tocó el quinto consecutivo en la visita de un Lucena que le remontó el gol de Diego Torres en una segunda parte para olvidar de los blanquinegros. La grada, como es habitual en estos casos, la pagó con el entrenador y Moisés Arteaga aguantó la bronca del respetable. Esta vez no fueron los más aguerridos o menos indulgentes seguidores, sino una amplia mayoría.
El partido del Badajoz fue bastante malo. Y cuando las cosas se torcieron con el gol del empate, malísimo. El equipo se siente presa del pánico cuando camina cuesta arriba. Es lógico que el estado de ánimo no sea el mejor cuando se arrastra una racha negativa como la actual. Además, pagó cara la ausencia de un futbolista creativo en la medular. La pareja Fall-Durán aprueba en la contención y el espírito combativo, pero suspende con el balón en los pies. Gaspar no tuvo su mejor tarde, los extremos no dejaban atrás a sus pares y Torres estuvo activo pero desasistido pese a que esta vez anotó el gol que tanto se le resistía.
A los más críticos habría que recordarles que el cuadro pacense se medía a uno de los gallitos del grupo. Un Lucena que se instala en la segunda posición tras el empate sabatino entre Cádiz y Linense. Un conjunto lucentino con más plantilla, calidad, experiencia, colocación, conocimiento de las posibilidades, etc. Ayer no necesitó ni la suerte que otros rivales sí han tenido en el coliseo blanquinegro. Hasta tuvo, por momentos, más posesión del balón que los locales cuando su sello personal es el juego directo y la presión arriba para encimar al contrario.
Esa intención se vio desde el primer minuto. Balones aéreos y a achicar la salida del rival. El Badajoz no conseguía trazar jugadas con sentido. El partido era muy aburrido, sin llegadas de importancia salvo algún disparo de Gaspar aprovechando el buen juego de espaldas de un Diego Torres que fue de lo mejor. Camacho tuvo una buena intervención en la réplica cordobesa por medio de Lanza. En el 21 Diego Torres inicia una gran jugada que tiene continuación por banda derecha. Pese a que el pase no le llega en las mejores condiciones, el ariete se anticipa a la zaga -puede que se ayudara con la mano según se quejó después Falete- y, aunque fuera a trompicones consigue impactar y enviar el esférico a la red. Gol de delantero astuto. Esta vez sí le sonrió la suerte que en otras ocasiones le fue esquiva.
El choque se animó un poco con la inercia del gol. Torres seguía poniendo la calidad en el bando local y las ocasiones empezaban a crecer en el visitante. En el 24, disparo de Matías Saad a la media vuelta que no ve puerta. En el 25 lo intentaría Durán. Segundos después nueva parada de Camacho a tiro de Quini, el extremo lucentino que más trabajo dio. Le faltó apostar más por los centros o pases y no buscar tanto el disparo. El propio Quini forzó su colada en el área para pedir penalti en una caída que a simple vista pareció exagerada. Con el 1-0 se fueron los futbolistas a la ducha. Poco fútbol, mucha igualdad y encuentro abierto para las pretensiones de ambos.
La segunda parte arrancó con los mismos protagonistas. De nuevo el juego se espesó, especialmente el del Badajoz, que cada vez reculaba más. Más fútbol aéreo y poco terrestre. Mucho salto en busca del balón y poca combinación. Ese era el advertido menú lucentino, al que añadió unas gotas de posesión y regate imponiéndose cada vez más en busca de nivelar el marcador. El primer aviso lo daría Mario de cabeza en el 60. Hasta entonces no había ocurrido casi nada.
En el 62 se cocina la debacle. Centro al área blanquinegra que la zaga no acierta a despejar, como tantas otras veces sucede en este equipo. Es Fall el que parece tocar el balón con la mano, en vez de con la cabeza o lo pies. El esférico le queda manso a Matías Saad, que lo cruza haciendo inútil la estirada de Camacho. 1-1 y otra vez un fallo defensivo (o regalo, según Arteaga) nubla al Badajoz.
Desde ese momento los jugadores entran en una espiral muy negativa. Imprecisos, nerviosos, desanimados... El Lucena se hacía dueño total del choque con su adversario casi noqueado. En otras fechas cualquier jugada aislada, fallo o decisión arbitral contraria se hubiera superado con positivismo, pero esta racha lastimosa blanquinegra hace mella en la mente pacense, y más si hay ausencias tan significativas como la del capitán Curro.
Seis minutos después del mazazo de la igualada el Badajoz tropieza con la misma piedra. Otra vez a balón parado. Otra vez el fallo en el despeje. Otra vez el balón le queda franco a un enemigo, en esta ocasión Javi Lara, quien chuta con tanta potencia que dobla la manopla de Camacho y se cuela en la red. El hundimiento era total. Salvo algún tirón a base de casta pero carente en todo momento de ideas, el Lucena no sufrió apuro. El segundo tanto cambió la actitud de los incondicionales seguidores albinegros. Lo que en instantes previos fueron tímidos silbidos esta vez se convirtieron en toda una orquesta gritando ¡Arteaga dimisión!. Ese cambio de tendencia es importante, porque hasta ayer no se había escuchado con tanto tronío.
Doble cambio en el 72: Herrera y Del Moral por Valverde (a quien la entrada de Armero le había cogido muy cansado) y Villatoro. Antes puso en el campo a Dani López, que volvía tras una larga lesión. Tuvo tiempo para recordar uno de sus clásicos trallazos al larguero. Fue en el 82 y la mejor ocasión local. A Del Moral se le vio poco A Zamora, el otro refuerzo de invierno, más, ya que disputó los noventa minutos.
Al final se confirmaría la quinta derrota consecutiva del CD Badajoz, a excepción del partido del Sporting Villanueva del ahora lucentino Albiol. Los blanquinegros, con un calendario más relajado, tienen que reaccionar cuanto antes porque ya están a tres puntos de promocionar.