Ya es de sobra conocido que El Desván del Duende es un grupo que nació de botellón, donde varios amigos con una guitarra versionaban otros temas y se convertían en el foco de atención. Hasta que decidieron ser genuinos, pues creatividad les sobraba, sobre todo a su vocalista, dedicado a la poesía desde joven, con dos libros editados (el tercero está corrigiéndolo) y varios galardones, entre ellos el de Cáceres Patrimonio de la Humanidad, que ganó en 2006 con 'La caja vacía'.
A José Manuel Díez (Zafra, 1978) en realidad lo conocen como Josele. Llegó a Badajoz en 1999 y aunque suene a tópico que él es solo uno más de un grupo de seis, saltan a la vista su carisma y liderazgo, lógico por otro lado cuando se trata de un vocalista que, además, es de los más activos componiendo. Es más, en los orígenes El Desván ensayaba en casa de su abuela, en la barriada pacense de San Roque. De allí viene el nombre del grupo, aunque a aquella especie de local lo llamaran La Cueva.
Lo de ser pregoneros en el carnaval de Badajoz, recientemente declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, podría haber ocurrido un año antes, pero cuando el Ayuntamiento los llamó ya tenían concierto en su agenda.
Este 2012 han decidido comprometerse a estar el próximo viernes en el balcón del gobierno, primero por la magnitud del acto y el amor hacia su ciudad y esta fiesta, donde no pocas murgas han entonado sus temas en los popurrís; pero también porque la promoción que supone es innegable.
En su relación más directa con el carnaval, él siempre se disfraza de lo mismo, de extremeña, folclórico disfraz que incluso lució en Munich (Alemania) durante un viaje a su tradicional fiesta de la cerveza.
En estos momentos, su implicación con la fiesta carnavalera se centra en elaborar el texto del pregón, tarea de la que se encarga junto a sus compañeros de grupo Antonio y Carlos.
Generoso con sus fans, a los que no suele dejar sin un autógrafo o una foto, es implacable sin embargo con el humo del tabaco. Alejándose de los estereotipos de músicos alocados 'on the road', él ha impuesto que en la furgoneta de nueve plazas donde viajan hasta el siguiente bolo no se fume. Tampoco en el camerino.
Y de camino al siguiente concierto, nada de desgastarse. Josele suele sentarse en el asiento de atrás, se pone los cascos o coge un libro y es cuestión de minutos que se quede dormido con una facilidad que deja asombrados a aquellos que no lo conocen.
Sin carné de conducir
Josele aún tiene recorrido como artista y lo sabe; por eso ha empezado a recibir clases de canto. A lo que se niega de momento es a cambiar su viejo móvil de hace ocho años por un smartphone y a sacarse el carné de conducir. Ya sea alguien del grupo o su novia, siempre hay alguien dispuesto a llevarle. Y si no, tiene su bici para moverse por Badajoz.
En lo musical tiene gustos variados, pero sobre todo es seguidor de grupos de rock y flamenco. Camarón y Loquillo son sus ídolos musicales, igual que Burning, por eso cuando hace dos años este grupo tocaba en un festival de Getafe justo después de ellos, se produjo un momentazo que les alegró lo que quedaba de año. Y es que el único miembro que quedaba de los Burning originales se dirigió a Josele y a Carlos, el bajista, y les dijo «¡qué pedazo directo acabáis de hacer!». Y eso no se le olvida.