Alonso Corrales Gaitán (Cáceres, 1956) es un enamorado del pasado. Cultiva esa imagen clásica que refuerzan su abrigo 'loden', dos anillos de plata, uno con el escudo templario y otro del sol inca, una cachimba que a veces luce en sus paseos y lo que es determinante, varias décadas de militancia en el cacereñismo más tradicional. El mayor de dos hermanos y padre de dos hijos adoptados, un chico de 23 años y una niña que esta primavera hará la Primera Comunión, reconoce que si pudiera económicamente, «adoptaría cinco más, porque aunque sea triste, es una cuestión económica poder tener a los hijos educados y como Dios manda». Colaborador desde hace años con este diario en temas «cacerenses», como a él le gusta denominar todo lo relativo a la historia de la ciudad de Cáceres, Alonso Corrales se considera un investigador y divulgador de esos temas y asuntos que suelen permanecer semiocultos en el desván de la memoria, a caballo entre la leyenda y la historia. Autor de once títulos publicados (más otros cinco o seis inéditos, pendiente de patrocinio) en 1993 vio la luz 'Cáceres. Sus construcciones ocultas', y en años sucesivos títulos como 'Historia y curiosidades de la Hermandad del Cristo Negro', 'Aproximación a los tesoros escondidos en Cáceres y Badajoz', 'Guía de Cáceres', 'Ermitas cacerenses', 'Galería de alcaldes e hijos ilustres de Cáceres', 'Bajo el signo de Santiago', 'Don Miguel A. Orti Belmonte. Un cacerense venido de Córdoba' y 'Guía artística de Cáceres y provincia'.
Hijo, nieto y biznieto de cofrades, posee una amplísima experiencia de colaboración con el mundo cofrade, en el que destaca su condición de cofundador de varias cofradías, entre ellas la del Cristo Negro, de la que es actualmente mayordomo. Ha sido presidente de la Unión de Cofradías de Cáceres y mayordomo de la Cofradía de las Batallas. Bibliófilo, numismático, perteneciente a la Asociación de Amigos de los Castillos, es desde 1980 funcionario por oposición en la Diputación Provincial de Cáceres. Convencido de que se podría escribir una novela sobre alguna de las reliquias que se conservaron en Cáceres y ahora están perdidas, dice que lamenta no haberle dado la satisfacción a su padre de haber sido un buen deportista. «Pero ahora practico con mis hijos natación, que me encanta, y en vacaciones el submarinismo».