La última noticia relacionada con el proyecto de instalación de una refinería en Extremadura salió por boca del ministro de Agricultura,
Miguel Arias Cañete. El pasado 26 de enero, en Sevilla, aseguró que el informe sobre la declaración de impacto ambiental (DIA) se daría a conocer antes de que terminara febrero, esto es, antes de las elecciones andaluzas. «No va a estar siete años en un cajón, como lleva esta decisión sin tomarse. Este Gobierno cuando hay un problema intenta resolverlo», dijo. El principal impulsor, accionista e inversor de esta industria,
Alfonso Gallardo, ha permanecido callado durante bastantes de esos siete años. De hecho, este diario ha requerido sus opiniones personales en múltiples ocasiones durante ese tiempo. Pero siempre con la misma respuesta: no.
Ayer, sin embargo, cambiaron las cosas. Antonio Tinoco, director de El Periódico Extremadura, y un servidor fuimos citados por el empresario jerezano para mantener un encuentro con él a las 10.30 de la mañana en su despacho de la nueva planta de Siderúrgica Balboa, en Jerez de los Caballeros. Lo habitual en estos casos es dedicar la cita a una charla informal, fuera de micrófono; más si cabe cuando son periodistas de diferentes medios de comunicación los que participan en ella. Pero esta vez la cita no era para explicar ni convencer, sino para responder. Y a quemarropa. «Preguntadme lo que queráis», fueron sus palabras.
Sin estructura de entrevista ni preguntas previstas, la conversación fue, por tanto, más una charla a tres bandas que un ejercicio argumentativo o dialéctico. No obstante, precisamente es eso lo que le concede un valor poco corriente, el de la espontaneidad. Alfonso Gallardo solo se mostró algo nervioso cuando quisimos improvisar unas fotografías con nuestros teléfonos móviles. Él prefiere las fotos de lejos.
El factor político
El primer paso fue, pues, pedirle un resumen de la situación; cuál sería, desde su punto de vista, el momento procesal del 'asunto refinería'. En este punto administrativo del proyecto, Gallardo cree con tozudez que es la
Junta de Extremadura, y particularmente su presidente, José Antonio Monago, quien tiene en su mano el signo de la declaración de impacto ambiental. En Madrid y en Extremadura gobierna el mismo partido. Si Extremadura apoya que se construya la industria, ésta se hará, concluye: «Si la Junta quiere, habrá refinería». Es por tanto en
José Antonio Monago en quien descarga toda la
responsabilidad. Pero además le sugiere un argumento de corte electoral: el
PSOE ha perdido muchos votos en las últimas elecciones autonómicas en Zafra y las localidades de Tierra de Barros, resume Gallardo. Un motivo es que la refinería no ha salido adelante. Así que Monago «tiene que jugársela». Y él confía en que lo hará; y que además agilizará todos los trámites que sean responsabilidad de la administración regional una vez se le dé luz verde a la refinería.
Conviene recordar que la refinería Balboa nació con el apoyo pleno de la Junta de Extremadura, incluso económico a través de una participación en el accionariado; que el PP, con Carlos Floriano en la presidencia del partido, apostó en su contra y fracasó en las elecciones del 2007, especialmente en los municipios del entorno en el que está prevista su construcción, la finca 'Sierra de San Jorge' de Los Santos de Maimona; también que José Antonio Monago cambió esa opinión nada más asumir la presidencia del Partido Popular, consciente del daño electoral que provocó en las aspiraciones de su antecesor; y, por último, que los tres escaños que logró el pasado 22 de mayo en las urnas Izquierda Unida (coalición que rechaza de plano una factoría de estas características) hicieron que Guillermo Fernández Vara (PSOE) matizara su sí a la refinería la misma noche electoral y, posteriormente, que Monago relegara este asunto a una cuestión puramente técnica, una iniciativa empresarial en la que no debe inmiscuirse la política.
Así las cosas, Alfonso Gallardo entiende que es Izquierda Unida el único factor de incertidumbre. José Antonio Monago no se vuelca en la aprobación de una DIA positiva porque eso le podría costar la presidencia. ¿Fruto de una moción de censura apoyada por el PSOE? Es posible, abunda Gallardo, pues si el PSOE no ha hecho demasiado para sacar adelante la refinería en los últimos años, tampoco hay que descartar que en una circunstancia así cambie de opinión con tal de recuperar el poder autonómico. Eso sí, no entiende qué lógica hace que Izquierda Unida, un partido que -según señala- debería defender a los trabajadores, adopte una actitud tan beligerante contra una planta que daría miles de puestos de trabajo y -remarca el empresario-, entre 2.500 y 3.000 millones de euros en impuestos cada año. O sea, una cifra que representa la mitad de los presupuestos de la Junta de Extremadura.
La pregunta entonces es, ¿qué debería hacer José Antonio Monago para propiciar una solución rápida y positiva de esta declaración ambiental? Alfonso Gallardo opina que el presidente debe ir a Madrid y dirigirse a Arias Cañete con un ultimátum en estos términos, más o menos: puesto que se han invertido ya unos 50 millones de euros en proyectos, estudios, correcciones, consultorías, etcétera de los gabinetes más prestigiosos del mercado internacional (UOP, Shell, Foster Wheeler) y puesto que la refinería traerá riqueza a la región, empleo e ingresos para la Administración, Monago debe decirle al ministro «o sale una DIA positiva o dimito». Es lo que hubiese hecho el expresidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, añade. El único que lo hubiese hecho, insiste.
Para él no es un problema devolver la participación económica de la Junta (aproximadamente un 20%). Es algo que se haría «por amor propio», aclara Gallardo. Además, una DIA positiva es un «cheque al portador» y, con ella en la mano, habrá inversores de sobra para que la primera máquina comience a mover tierras solo ocho meses después de conocerse esa declaración ambiental. Tampoco la crisis económica reduce las expectativas de rentabilidad o negocio. Entre otras cosas, porque la demanda de gasóleo en España no está cubierta internamente. Seguimos importando toneladas de ese tipo de combustible pese a las ampliaciones de las plantas de Cartagena y Huelva. Ni siquiera con la producción de Refinería Balboa se cubriría la totalidad del consumo nacional.
¿Pero se mantiene la idea que algo de esta envergadura se haga bajo el liderazgo del Grupo Gallardo? Así hubiese sido hace unos años, pero hoy la crisis en el sector de la construcción y las serias dificultades por las que atraviesa la corporación jerezana (que recientemente ha vendido a los brasileños de CSN la acería alemana de Thüringen por 485 millones) han limitado mucho esa posibilidad. En ese sentido, también explica que las tensiones financieras del grupo, afectado por varios expedientes de regulación de empleo, se verían claramente mejoradas si la refinería saliese adelante. Es decir, el Grupo Gallardo, al margen de pilotar o no la refinería, se vería notablemente saneado si el proyecto se hiciese realidad.
Y si es una DIA negativa...
Continúan las preguntas. ¿Qué ocurrirá si finalmente el dictamen es negativo? Aunque con una expresión más coloquial, el industrial insinúa que en tal caso se terminarían las contemplaciones, que se dejaría hasta la última gota de sangre, literalmente, en el empeño de mantener viva su idea. Pero cree que esa posibilidad es remota porque habría que asumir las consecuencias. En el otro extremo, tampoco considera sencillo para la Junta encajar una DIA positiva que ponga en jaque el equilibrio político que mantiene con Izquierda Unida. Nadie dijo -cabe interpretar del dilema que plantean sus palabras- que esto de gobernar fuese fácil...
En todo caso, no parece asumible la premisa de que los emprendedores del proyecto no hayan cometido ningún error, técnico o político, a lo largo de estos años. Alfonso Gallardo reconoce que ha podido haber deficiencias, pero todas se han corregido. Y en cuanto al fuerte vínculo político con que nació el proyecto, ¿qué otra cosa hubiese podido hacerse?, confiesa. Si vas a instalar una planta de refino, ¿no se lo vas a contar a la Administración?, es su interrogante.
Últimas cuestiones. ¿Por qué no se ha conseguido, por tanto, un mayor apoyo social al proyecto? ¿Se ha sentido suficientemente arropado por los agentes sociales, por ejemplo? ¿La dimisión de Juan Sillero como consejero delegado del Grupo Gallardo ha tenido algo que ver con la dilatación de este proyecto en el tiempo? A la primera pregunta responde que no comprende esa apatía de la sociedad extremeña, que no comprende cómo los jóvenes en paro (en Zafra, por ejemplo, una ciudad que cree que saldría muy beneficiada) no salen a la calle a manifestarse. Ante la segunda dice que ha percibido más claridad en el empuje de los sindicatos que de la patronal Creex. A la tercera, que nada tiene que ver una cosa con la otra. Juan Sillero le anunció hace seis meses que quería dejar el grupo y él, desde entonces, le fue quitando cometidos y atribuciones hasta que se quedó sin apenas responsabilidades, momento en el que presentó su dimisión.
Hoy Alfonso Gallardo ha recuperado todo el protagonismo, todo el impulso y toda la ilusión por poner en pie una refinería en Los Santos de Maimona.