Lejos quedan los tiempos en los que lanzaba furibundas proclamas contra la Junta de Extremadura. El Luis Cortés que el pasado martes compareció ante los medios parecía completamente distinto. En un tono tranquilo, casi con desapego, analizó la condena de cuatro años y dos meses de cárcel que acababa de aceptar por los delitos de administración desleal, falsedad en documento público y delito societario.
Cortés fue para muchos la voz del campo extremeño hasta 2005. En sus ruedas de prensa incendiarias criticaba con dureza a los políticos.
Pero en enero de ese año todo cambió. Fue detenido en el marco de una operación contra el fraude en el cobro de subvenciones europeas al higo seco. Fue lo que se dio en llamar el caso del higo de Trujillo. Más tarde saltó otro proceso, en este caso por el impago a 249 agricultores del producto que le habían entregado. Para diferenciarlo del otro a este se le llamó el caso del higo de Jerez. Por el primero fue condenado a tres años en 2009 y el segundo se ha fallado esta misma semana. Además, ha llegado a estar inmerso en tres procesos más.
Se consumó así la caída de Cortés, uno de los líderes agrarios más carismáticos que ha dado la región.
Y es que su personalidad -directo, visceral, altisonante- conecta con buena parte del sector agrario del país y de Extremadura. Una generación de productores que muestra un rechazo natural a los gobernantes después de tantas reformas agrarias. En todo caso, y a pesar de lo incendiarias de muchas de sus declaraciones, mantuvo buena relación dentro de lo que cabe con consejeros como Francisco Amarillo o Eugenio Álvarez. Sin embargo, nunca se entendió con José Luis Quintana, al que llegó a acusar de sus problemas judiciales.
Siempre fue capaz de atraer voluntades. Quienes le conocieron en aquellos años le definen como un hombre brillante, a pesar de no tener estudios. Acabó la Secundaria la última vez que estuvo en la cárcel.
Un auténtico encantador de serpientes, se suele repetir sobre él, hasta el punto de que la mayoría de sus antiguos seguidores creían en su inocencia incluso después de haberse iniciado las investigaciones.
Lo contaba a este periódico en 2005 uno de los 249 afectados que no cobraron el higo. «La mayoría de los productores que no quieren denunciar lo hacen porque no se creen que Cortés sea culpable. Hay muchos agricultores que todavía confían en él», aseveró seis meses después de que se destapara el asunto.
Según afirman los que le conocen, los cambios de humor han sido siempre una constante. Alguien que compartió con él tensas reuniones rememora su carácter ciclotímico. Es decir, pasaba de la pasividad a la excitación de forma inmediata.
Lo que no se puede negar es que nunca se esconde. En todo este tiempo siempre ha atendido a la prensa cuando se le ha preguntado. Sin embargo, el tono agresivo de las primeras declaraciones se ha ido amortiguando con el tiempo.
Hay algo en lo que coinciden casi todos sus partidarios y detractores, su forma de gestionar era eminentemente personalista.
Todavía hay quien recuerda cómo los mensajes que lanzaba ante los medios de comunicación eran completamente distintos a los que se había acordado decir en las reuniones internas de la organización agraria de la que era secretario general, COAG. De hecho, siempre llamó la atención que, mientras que la suya era una asociación progresista a nivel nacional, su discurso siempre coincidiera más con la conservadora Asaja. Incluso se le acusó de que sus palabras tenían siempre un objetivo político, aunque nunca dio el paso para entrar en ese mundo.
Otro viejo compañero de manifestaciones también le define como un hombre poco flexible y cabezón. No dejaba que nadie entrara en el círculo de decisiones más cerrado de las sociedades que controlaba. «Se metió en sitios donde no tenía que haberse metido, las circunstancias le sobrepasaron», apunta otro conocido.
Muchos de sus antiguos compañeros de lucha siempre se refieren al Luis Cortés anterior al año 2005, cuando fue detenido por primera vez. De entonces destacan su acusada personalidad, su valentía y su lucha por los derechos de los profesionales del campo.
Otros, en cambio, afirman que se trata de un manipulador que utilizó la plataforma de COAG para crear diversas sociedades con las que hacer negocios.