Probablemente ni a los colectivos conservacionistas les parezca desarrollo lo que se ha hecho en el complejo deportivo y de ocio de la Isla de Valdecañas, ni a los promotores de la urbanización les parezca conservación la actitud de los ecologistas. Sin embargo, algo así es lo que se está dirimiendo desde hace cinco años alrededor de un terreno baldío al que nadie prestó atención durante décadas, situado entre El Gordo y Berrocalejo. Conservación frente a desarrollo.
Son precisamente los vecinos de ambas poblaciones los más firmes defensores del proyecto -en el que se han invertido ya más de 140 millones de euros- por entender que su propia supervivencia como pueblo pasa por la Isla de Valdecañas. Los primeros vecinos son los alcaldes. Elías Correas, de El Gordo, y Evelio García, de Berrocalejo, que no comprenden lo que está ocurriendo y el empeño, según ellos, de hacer daño a los pueblos y a una iniciativa que es apoyada de forma mayoritaria por la Junta de Extremadura, la Diputación Provincial, el PP, el PSOE, la Mancomunidad de Municipios, los ayuntamientos, los sindicatos...
«Que se lo expliquen a los bares que dan comidas, a los proveedores, a las mujeres que hacen casas... A la gente que ha vuelto al pueblo para trabajar allí. Que les digan por qué se quiere paralizar. Porque antes no había nada, solo eucaliptus y matorral. Ahora mismo hay siete veces más de vegetación y de aves que había antes», señala con vehemencia el alcalde gordeño.
Tranquilidad en la Isla
Dentro de la propia isla -que no es tal sino una península- se respira una tranquilidad absoluta, ajena al ruido mediático que provoca cada paso del proceso judicial emprendido por Adenex y Ecologistas en Acción. De hecho muchos de los jugadores que patean el campo de golf, de Madrid, ni siquiera saben que existe ese conflicto. Lo único que dicen es que les gusta mucho el campo y que si no existiera no estaría tan cuidado.
A pocos metros Iván trata de organizar a algunos de los 70 chavales que tiene en la escuela de golf que dirige. «Como trabajadores estamos un poco indignados, porque con el paro que hay y las cosas que están pasando no se entiende que se pongan trabas a un proyecto que ha respetado el entorno, donde hay más aves y más fauna que antes, que ha tenido cientos de trabajadores durante las obras y que ahora mismo tiene más de 60. Nos parece irrisorio. Creo que ésto no tiene nada que ver con el medio ambiente, porque si no, que la gente venga y vea lo que se ha hecho».
Un tercer grupo de afectados son los propietarios de las villas, que han invertido entre 500.000 y 700.000 euros en una casa de lujo en un lugar «maravilloso». Es el caso de Javier, también de Madrid, que asegura no sentir intranquilidad alguna por entender que si el Ayuntamiento y la Junta de Extremadura han dado los permisos para construir tiene su casa «con todas las autorizaciones necesarias. Preocupación ninguna», insiste.
Javier, que visita con frecuencia la isla con sus hijos y nietos -«porque para los niños es un sitio muy bueno»- cree que además es bueno para el conjunto de Extremadura que se hagan cosas así. «En Andalucía hay muchas. Y en Madrid. Pero aquí se ha hecho muy poco».