Ceferino Martín Calvarro (Robledillo de Gata, 1935) se ha despedido de la parroquia de San Juan, el templo al que ha estado vinculado durante los últimos 17 años de su vida. Después de permanecer 53 años en activo, se retira. Ahora sólo tiene un objetivo en mente: dedicar todo su tiempo a cuidar de su padre, de 103 años. En San Juan ya han empezado a echarle de menos. Sus feligreses le despidieron el pasado domingo, 29 de enero, con una misa en la que le dedicaron dos ovaciones. Ceferino, como el resto de curas, se jubiló civilmente a los 65. Pero lo habitual es que los sacerdotes permanezcan en activo durante diez años más. Él está a punto de cumplir los 77. «Yo sigo siendo cura y canónigo y, cuando pueda, iré a decir misa a la Concatedral», matiza. «La diferencia es que ya no tengo responsabilidades».
-¿Cómo fue la despedida de sus feligreses?
-Simplemente les dije que esa celebración de la eucaristía tenía el más genuino sentido de lo que significa eucaristía: acción de gracias. Fue una misa de acción de gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de ser párroco de San Juan, donde he recibido tanto.
-Además de párroco de San Juan y vicario general de la Diócesis, ¿qué otros cargos ha ocupado durante todo este tiempo?
-He sido rector del seminario. Antes fui director del colegio Diocesano, coadjutor de San Mateo y también estuve en Coria otros dos años con los pequeñitos que iban a hacer el examen de ingreso en el seminario.
-¿Cuál fue su primer destino cuando se ordenó sacerdote?
-Mi primer destino fue Coria. Compatibilicé mis dos años en el seminario con la parroquia de Rincón del Obispo, un pueblecito de colonización que entonces se acababa de construir. Allí fue donde yo estuve de cura. Cuando llegué, no había ni bancos en la iglesia. Iba, fundamentalmente, los domingos a decir la misa. Pero yo vivía en el seminario de Coria. Después me fui a estudiar a Salamanca y al volver de Salamanca me vine a Cáceres.
-¿Le hubiera gustado ser obispo?
-Creo que eso le gustaría a cualquiera, pero llega un momento en que crees que no. Yo al final vi que ese no era mi camino, aunque tampoco dependía de mí. Depende de que te elijan. No he hecho problema de ello nunca.
-Durante sus tres décadas como vicario general ha conocido a tres obispos: Jesús Domínguez, Ciriaco Benavente y Francisco Cerro. Destaque una cualidad de cada uno de ellos.
-De don Jesús destacaría el carácter andaluz que tenía y, sobre todo, su visión de futuro. De don Ciriaco me gustaba la cercanía y su desprendimiento y generosidad. Y con don Francisco he estado menos tiempo. De él destacaría su disponibilidad a escuchar, su deseo de pedir consejo y su cercanía.
-¿Cómo le ha cambiado la vida en estos últimos días? ¿En qué nota que ya está retirado?
-Al estar mi padre tan mayor y ver que me necesita muchísimo, he perdido el sentimiento ese de cierto agobio por no poder estar todo lo que yo quisiera en la parroquia por tener que estar con mi padre. Ahora ya no siento ese agobio. Me queda una gran paz en el corazón y una serenidad para afrontar el tiempo que Dios disponga de la vida de mi padre o de la mía.
-¿Qué recuerdos se lleva de su paso por la parroquia?
-De San Juan me llevo una gratitud inmensa. Se lo he dicho a todos los feligreses. Ellos me han dado mucho más a mí que yo a ellos porque celebrar la misa en San Juan imprime carácter. Sientes a la gente muy participativa. He confesado a más de 53.000 personas en estos 17 años. Suelo decir que si se pusieran todos en fila llegarían a Alcántara.
-Bajo su punto de vista, ¿cómo ha cambiado al Iglesia en el último medio siglo?
-La iglesia ha cambiado para bien. No cabe duda. Es verdad que la secularización ha influido en todo pero eso ha hecho que el que se siente hijo de la Iglesia se sienta más hijo de la Iglesia. Ahora es más libre porque lo hace porque quiere y está convencido.
«Éste era mi puesto»
-¿Ha echado en falta alguna vez tener una familia propia?
-Creo que eso siempre ocurre. Eso pertenece al más elemental sentido humano de la persona. Pero nunca me ha complicado la vida. Posiblemente, porque he estado muy metido en otro tipo de familia. He estado durante nueve años en el Diocesano con mil muchachos y luego en el seminario. He tenido mucha vida de comunidad. Y, por lo tanto, no he estado solo casi nunca. Dios ha sido indulgente conmigo y me ha tenido siempre entretenido. Y siempre he creído que éste era mi puesto.
-¿Quién la va a sustituir al frente de San Juan?
-No lo sé. De momento está don Baltasar, que es el coadjutor.
-¿Cuál ha sido el momento más duro de su carrera?
-Los curas de mi generación hemos experimentado en nuestra vida la transformación del Concilio Vaticano II. Nosotros lo notamos más que otra generaciones. Fue una época en la que empezó a haber sacerdotes que se marchaban. El cambio deberíamos haberlo asimilado pero empezó a moverse la tierra bajo los pies y eso producía inseguridad. Pero, bueno, muchos hemos continuado a pesar de las inseguridades del momento.
-Nació en Robledillo de Gata. ¿Va mucho por allí?
-Aunque nací en Robledillo, he vivido casi toda mi vida en Descargamaría, donde está la casa de mis padres. Cuando ellos estaban allí, iba todos los veranos al pueblo. Pero ahora no puedo dejar a mi padre aquí solo. Supongo que si sobrevivo a mi padre volveré a pasar temporadas al pueblo porque tengo ganas del silencio, de la tranquilidad.
-Después de tantos años en Cáceres, ¿cuál es su rincón favorito de la ciudad?
-Me he sentido siempre especialmente sensibilizado con la subida a la Montaña. Me encantaba. Y hay otro sitio que siempre me ha llamado la atención: San Antonio del Barrio. Aquel entorno me recuerda tanto a Robledillo como a Descargamaría. Me hacía yo a la idea de que allí se debía vivir como se vivía en esos pueblos de Gata donde creo que el elemento judío tiene mucha raíz.
-De no haber sido sacerdote, ¿a qué se hubiera dedicado?
-Hubiese sido seguramente futbolista. Estando en el seminario hice mis pinitos en el fútbol. Incluso lo intentaron pero mi rector dijo que no. Y yo creo que acertó. (Risas).
-¿Llegó a hacer alguna prueba para algún equipo?
-No, el rector dijo que no. A mí, entonces, sí me hubiera gustado. Pero creo que acertó.
-¿De qué equipo es?
-Del Real Madrid. El fútbol y los telediarios son casi lo único que veo en la televisión.