El futuro del Mérida es tan oscuro como, a la vez, tan diáfano. Oscuro porque su supervivencia tiene fecha de caducidad. Y diáfano porque todos saben cuáles son las dos únicas vías de escape. Aunque desde la directiva emeritense están convencidos de que existe una tercera. Es sin duda la menos factible, aunque también posible.
La Federación Extremeña está sopesando, a punto de confirmar, imponer un aval de 20.0000 euros a todos los equipos que compitan el próximo curso en Tercera para evitar conflicto de impagos a mitad y final de temporada. Tal y como sucede en el baloncesto: si el club no cumple con las nóminas, los jugadores tiran de aval para cobrar lo firmado. Así de fácil. «Pero tal y como están las cosas en el aspecto económico, es muy difícil que todos los equipos puedan tener esa posibilidad de presentar un aval de 20.000 euros. Posiblemente queden plazas vacantes, y ahí es donde nosotros intentaremos estar presentes», confían desde la directiva emeritense. Estar presentes, sí, pero con otra denominación, nunca la de Mérida Unión Deportiva.
El equipo, tal y como se conoce ahora, llegará al final de su camino una vez consumada la última jornada de la presente Liga. No puede hacer frente ni una milésima más a la Ley Concursal. De hecho, el último plazo del pago a los acreedores aún no ha sido abonado por la entidad. «Tal y como está ahora el Mérida, la situación es inviable. Nadie de los que tienen la intención de apoyarnos quiere tirar su dinero en la Ley Concursal. Es tirar el dinero a fondo perdido», reconoce la presidenta del Mérida, Marisa Gil. «Nadie es tan tonto como para pagar eso. Se puede ayudar y aportar, pero para confeccionar una plantilla que ilusione y enganche, no para dárselo a otro», confiesa un posible patrón.
Por eso, las dos únicas vías de escape son fáciles. La primera, y menos deseada, es afrontar lo que desde hace un par de años se viene intentando evitar: empezar desde cero, desde Primera Regional, con otra denominación. La segunda es sacar a subasta el club, una vez éste se declare insolvente al no tener ninguna fuente de ingresos, y que otro club de la ciudad, ya fundado, puje y se haga con su plaza en Tercera. En Lleida lo consiguieron el pasado verano con el Club Lleida Esportiu, ahora mismo en mitad de la tabla del grupo III de la Segunda B. Pero el Poli Ejido lo ha intentado hace apenas un mes y la nueva Ley del Deporte, que entró en vigor el pasado 1 de enero, se lo ha impedido. «Tengo que conseguir como sea que el club sea un club limpio, sin angustias. Ese es mi objetivo antes de marcharme», se propone Marisa Gil.
La actual junta directiva afrontó en su primer minuto dentro del club, el pasado mes de junio, la deuda que arrastraba la entidad del año anterior. Es decir, 34.000 euros, que era lo que se le debía a los jugadores. 23.000 los puso el Grupo Abeto, actual patrocinador principal del equipo; 7.000 lo sacaron «de buscar y pedir ayuda por todos lados en esos días»; y 4.000 los pusieron de sus propios bolsillos los directivos. Si las arcas ya estaban más que vacías, la deuda absorbió también los futuros ingresos. De ahí la situación actual.
En la presente temporada, el club solo cuenta con los ingresos de sus abonados, de las entradas de taquilla, de la televisión, de la subvención de la Federación Española de fútbol y la publicidad (también de la venta de papeletas los días de partido y, a partir de ahora, de la gestión de los bares del estadio). Y a la deuda con la actual plantilla (le deben diciembre y dentro de muy poco también enero) se le une el plazo de la Ley Concursal y varios frentes abiertos como, por ejemplo, una denuncia de un ex jugador de la etapa en Segunda B cuyo juicio será el próximo mes de marzo.
«Tenemos ya a dos personas que nos van a apoyar el año que viene. Sólo les tengo que demostrar que la gente de Mérida quiere fútbol. Si lo consigo, apostarán fuerte por este proyecto. Pero para conseguirlo necesito que la ciudad, la afición al fútbol en Mérida, dé un paso hacia adelante y se abone o se implique. Si no, no van a venir a una ciudad que no va a ir al estadio. Todo depende de los propios aficionados. Si quieren, hay proyecto el año que viene. Si no quieren, va a estar difícil», avisa Marisa Gil, que se refiere al Grupo Abeto.