La película política está anunciada. Y promete acción. Administrativa e institucional. No será lo mismo que la espectacular saga cinematográfica de Tom Cruise. Pero huele a éxito informativo. Cuando menos, acabará en un nuevo culebrón que siga la estela de las reclamaciones, sin éxito hasta la fecha, que la ciudad ha hecho para 'rescatar' del Archivo, Biblioteca y Museo Provincial de Cáceres los fondos del Legado Paredes Guillén.
El anuncio del alcalde Pizarro del reto de traer a la ciudad, de la que nunca debió salir, el tesoro documental, bibliográfico, histórico, arqueológico y artístico que legó a su muerte (1916) el que fuera historiador, investigador y arquitecto municipal a finales del XIX y principios del XX, dan pie a establecer paralelismos con la serie cinematográfica.
A las frustradas gestiones y demandas hechas en los tiempos democráticos por los gobiernos de Cabrera (1992) y Díaz (2000) o del PP y el Ateneo de Plasencia, que no tuvieron apoyo del PSOE (2004), se suma ahora la decisión de Pizarro de comandar la cuarta reivindicación y traer el legado a casa.
Estará asistido en su tarea ante la Diputación por el concejal de Promoción Cultural, Ángel Custodio Sánchez y por la edil de Relaciones Institucionales, Loli Marcos. Establecer otros paralelismos con el reparto de Misión Imposible IV queda abierto a la imaginación del lector.
El alcalde está convencido de que el Consistorio conseguirá superar los escollos que hay. Algo que pasa en principio, por obtener fondos para habilitar un lugar adecuado que haga posible la vuelta a la ciudad del legado de Vicente Paredes, que custodia la Diputación Provincial por R.D. de 1919, del Ministerio de Instrucción Pública.
Objetivo de legislatura
Es el quid del éxito de la misión. La ciudad perdió, de hecho, el legado al no cumplir el Ayuntamiento la cláusula dejada en el testamento por Paredes, de disponer de instalaciones y personal cualificado que garantizasen la oportuna conservación de esos bienes.
La vuelta a la ciudad de este legado se la plantea Pizarro como un «objetivo de legislatura». Y se aferra al cumplimiento de la cláusula testamentaria citada para salir airoso del difícil reto. El alcalde interpreta ésta como que los fondos deben volver a la ciudad si prepara un lugar que cumpla con los requisitos exigidos para su custodia y conservación.
Pizarro defiende que el patrimonio documental público y privado son fundamentales para conocer la realidad histórica y no le cabe duda de que el destino final debe ser Plasencia. El hasta ahora genérico proyecto de reformar patrimonio y crear 'un nuevo espacio cultural' en el centro histórico puede tener algo que ver con la idea de buscarle un sitio adecuado.
Sin embargo, el cumplimiento de este requisito no elimina otros impedimentos administrativos derivados de la división, catalogación original y posterior cesión a distintas entidades de los fondos. El legado fue dividido en tres partes. La documental está en el Archivo Histórico de Cáceres; otra formada por libros y otros fondos, depositada en la Biblioteca Pública de Cáceres; y la colección arqueológica se guarda en el Museo Provincial.
En los casos del Archivo y Biblioteca no habría mucho problema en reclamar los fondos, sostienen los expertos, porque no se respetaron algunas condiciones. En el de las monedas y sellos, se cree casi imposible reunir el legado original por la deficiente catalogación que no identificaría el origen. Los fondos del legado pasaron de la Biblioteca Provincial que lo recibió en 1919, al Archivo Histórico en 1933, año en que se crearon estas entidades.
Recuperarlo es un reto que hará justicia, según defendía el presidente del Ateneo, Nicéforo Luengo. «Creo que, en justicia, debe volver a Plasencia y la ciudad reconocer su figura más allá de la calle que tiene junto a la plaza de toros o el nombre dado a la Escuela Taller». El protocolo de 'rescate' del llegado está listo para activarse.