Hace ahora tres años, Caja Badajoz comenzó a levantar un edificio que estaba llamado a convertirse en el centro financiero de la región. Sus 88 metros de altura y la estratégica ubicación buscada -junto al Puente Real- prometían hacer del entorno una de las estampas más representativas de Extremadura.
Iniciado 2012, la torre de Caja Badajoz es una realidad. Igualmente se ha materializado la nueva Biblioteca del Estado. Pero esos dos proyectos conviven todavía con una edificación en ruinas en la que campan a sus anchas toxicómanos y ocupas.
De la existencia de esa casa ya alertó HOY en el año 2009. Entonces se colocó en el punto de mira de los responsables urbanísticos municipales el daño estético y la inseguridad que provocaba la pervivencia de ese inmueble en desuso.
Quince meses después, nada ha cambiado, pero el Ayuntamiento de Badajoz ha reconocido por primera vez que el edificio que genera las molestias es de su propiedad y que será derribado tan pronto como concluya el expediente de desahaucio que ya ha iniciado.
Este anuncio ha causado sorpresa en la zona. Los vecinos aseguran que los últimos ocupantes de la vivienda desaparecieron hace muchos meses y que ahora sólo se cuelan en la casa toxicómanos y ocupas que se refugian en su interior a la caída de la tarde.
Waldo Malato y Luciano Román, residentes en la barriada de La Paz, están indignados con la pervivencia de esa ruina. «Eso debería desaparecer. ¿Cómo se va a consentir una cosa así al lado de una biblioteca y de una torre? Lo que deben hacer ahí es un parque».
Waldo recuerda que antes de iniciarse las obras escuchó en televisión que los alrededores de la torre de Caja Badajoz iban a transformarse en una dehesa extremeña a escala. «Hablaban de que habían diseñado una especie de moqueta verde, una dehesa muy bonita. Pero lo que vemos es una casa que se está cayendo».
La edificación que está en entredicho es recordada por los mayores como 'la casa de la huerta'. Luciano Román añade que allí vivió un churrero y otros vecinos afirmaron a finales de 2009 que por allí sólo iban los hijos del señor que ocupó esa construcción.
Sin inquilino habitual
Un trabajador de la empresa que remata estos días la Biblioteca del Estado afirma que mientras se desarrollaba la obra les pidieron que arrojaran escombros en el acceso para averiguar si alguien seguía haciendo uso de la casa. Pero nadie dio las quejas, por lo que suponen que ya no existe ningún inquilino habitual.
A esa tesis apunta el estado del inmueble, cuyos exteriores están comidos por la maleza. Y en el interior tampoco parece que se pueda hacer vida normal, puesto que faltan las ventanas, se han producido derrumbamientos y nada hace suponer que se pueda residir en el interior.
Aún así, algunos vecinos insisten en que hace pocos días vieron saltar la tapia a «un señor y una señora» que llevaban unas bolsas en la mano. «Igual vienen a dormir, pero no creo que vivan ahí. Eso está inhabitable».
Luciano y Waldo aseguran que a comienzos de la pasada semana también se escuchaban golpes en el interior de la casa. «No sé, pero eso debería desaparecer pronto. Por aquí vienen muchos niños a jugar y nadie quita que se puedan meter ahí dentro».
Desde el Ayuntamiento de Badajoz se ha confirmado que el terreno en el que se encuentra esa ruina es de propiedad municipal. Al parecer, procede de una permuta realizada en torno a la década de 1970 y desde entonces pertenece a la ciudad.
Uso dotacional
Sin embargo, nunca antes había supuesto un problema y parece que nadie se había encargado hasta ahora de averiguar la situación legal de esa vieja construcción. «La intención del Ayuntamiento es tirarla en el momento que esté concluido el proceso de desahucio», se insiste desde la Concejalía de Patrimonio.
A partir de ese momento, el Ayuntamiento podrá concluir el tramo de vial que separa el solar de la casa de la nueva Biblioteca del Estado, una calle que aún es de tierra.
Igualmente tendrá la posibilidad de disponer de un terreno que el Plan General de Ordenación Urbana de Badajoz reserva para la construcción de un edificio público con uso recreativo y social, denominación bajo la que se agrupan servicios tales como centro social, museo, cine, uso religioso...