Divorcio al canto entre Ibarra y Vara. Aunque uno y otro guarden silencio y mantengan las formas, eso es lo que parece, porque un ataque, una vez, puede interpretarse como que se ha dicho una cosa y se ha entendido la contraria, pero dos ya no. Y con las últimas actuaciones del veterano político extremeño lo que se demuestra es que hay un claro desencuentro entre padre e hijo. O lo que es lo mismo, que Ibarra ha decidido abrir la veda de su propio delfín, a quien sigue culpando de la derrota electoral de los pasados comicios autonómicos.
Es un secreto a voces que el expresidente de la Junta ya no va sentado en el último asiento del autobús, donde decía que se iba a situar cuando dejara sus cargos de presidente y secretario general del PSOE extremeño, se ha ido corriendo asiento tras asiento y ya está delante del todo; vamos, que le va dando capones constantes al conductor, en este caso a Guillermo Fernández Vara, y cantando aquello de que 'para ser conductor de primera, acelera, acelera'.
En la enmienda presentada por él a la ponencia marco del próximo congreso federal del partido propone que aquellos candidatos socialistas que pierdan unas elecciones con un resultado tres puntos inferior al de los anteriores comicios deben dimitir de sus cargos como concejales, diputados regionales o nacionales, lo que significa sin decirlo: 'Rubalcaba, tú no puedes ser el futuro del PSOE'; y a la vez: 'Vara, vete para tu casa'. Es evidente que Ibarra no quiere volver, pero pareciera que tampoco quisiera marcharse. Porque busca estar presente en la escena política española y extremeña y, por supuesto, en la de su partido.
Si se aplicara este mismo principio a la trayectoria profesional de un montón de políticos tras la llegada de la democracia hubiera habido una limpia de marca mayor, empezando por el propio Ibarra, que en el año 1995 perdió 10 puntos con respecto a 1991 y la mayoría absoluta. Si se hubiera ido en ese momento, no habría arrasado como lo hizo después en los comicios de 1999 y también en los de 2003.
Vara está débil, de eso no hay duda, y el PSOE más débil aún. No hay que olvidar que están en la oposición, donde hace un frío de aúpa, después de 28 años subidos en el machito. No hay cargos para nadie, arrastran una herencia de crisis y desempleo que les deja pocas oportunidades de hacer oposición sin encontrarse por respuesta aquello de 'pues anda que tú'. Y encima, el partido está más que revuelto, con gente que quiere figurar pero no quiere dar pasos en falso, no sea que se salga del tablero de juego.
De todas formas, para bien de los socialistas extremeños y también del propio Vara la cosa tiene fin en unos pocos meses. Tras el congreso federal vendrá el regional y ahí, en la arena, se medirán todos los candidatos, si es que hay más de uno. Y punto final. Lo que sí está claro a fecha de hoy es que si en el anterior congreso el recién llegado Vara sólo se atrevió a lanzar una renovación parcial, esta vez será total. El líder extremeño necesita recomponer el partido, hacerlo suyo del todo si quiere renovar su imagen ante un electorado que acaba de darle la espalda.
Tres años de recorrido dan mucho de sí. Y Vara sabe que para tener una oportunidad, si llega, debe contar con una base sólida en toda la región, tal y como era antes, cuando su ahora 'ex' era el que mandaba.