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El día que Leire se convirtió en su señoría

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El día que Leire se convirtió en su señoría

18.12.11 - 00:29 -
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Soy el único varón en esta cafetería del centro de Madrid que no viste ni un uniforme de ujier del Congreso de los Diputados ni el traje reglamentario para las grandes ocasiones.
Café Bar Restaurante El Rincón de Sanabria. Calle Zorrilla, 11. Ocho y cuarto de la mañana. «Una botella de agua, por favor». «Ten cuidado, bébetela despacio, que el agua por la mañana tiene mucho peligro», bromea el camarero. El mismo que cinco minutos antes sirvió un café con leche y unos churros a una chica joven, con gafas y pelo corto. Hasta ella viste traje. De pantalón y chaqueta gris, con camisa marrón de rayas. Es Leire Iglesias, 33 años, vasca de Hondarribia en el DNI y extremeña de Cáceres en todo lo demás. No se ha quitado su abrigo negro de paño, y anda enredando con su iPhone. Primeros vistazos del día a su cuenta de Twitter, que si tuviera sangre, músculos, órganos y sentidos, llegado el final de la jornada se pondría de rodillas ante su dueña para pedirle un poco de sosiego.
Es martes y trece, y en Madrid no ha amanecido. La ciudad está oscura, pero despierta. Completamente despierta. Quizás haya algún barrio residencial quitándose las legañas, pero en este punto, la capital tiene los ojos como platos. No hay tregua en los semáforos. No pasa un minuto sin que algún conductor haga sonar el claxon. Los peatones apuran el muñeco verde con sprints un punto ridículos. Y en el edificio situado frente a la cafetería, todas las estancias tienen la luz encendida. Es el Congreso de los Diputados. Perdón: es el Congreso de los Diputados en los minutos previos al día uno de la décima legislatura de la democracia española.
«No, nervios no», dice Leire alargando la 'o' de su negación. «Me hace ilusión, y siento mucha responsabilidad, pero no estoy nerviosa». No lo parece, desde luego. Está a una hora y media de entrar en el hemiciclo para jurar su cargo durante la sesión de investidura de los 350 diputados que tienen encomendada la tarea de levantar el ánimo a un país en horas bajas. Eso, al menos, dice la teoría. O el tópico periodístico. Al gusto.
A las ocho y media en punto, después de un café, unos churros y varios saludos -entre ellos a dos diputados socialistas de Alicante que la reconocen nada más entrar en la cafetería-, Leire Iglesias sale de El Rincón de Sanabria, enfila calle Zorrilla arriba y entra en el Congreso de los Diputados. O sea, el que será su lugar de trabajo al menos tres días por semana durante los próximos cuatro años.
Quizás para despedirse, la noche antes, tras tomar una caña con un periodista en un local moderno -y absurdamente oscuro- de la plaza de Santa Ana, se fue a cenar por Malasaña con varios compañeros «del trabajo anterior». Hasta el pasado martes, ella ejercía como secretaria general adjunta de la Organización Iberoamericana de la Juventud (OIJ), ocupación que explica que tal día como hoy pero de hace una semana, Leire estuviera volviendo de Brasilia. Antes que eso fue directora general del Instituto de la Juventud de España (de 2004 a 2008), la más joven en ocupar ese puesto. Y antes aún fue directora general de Juventud de la Junta de Extremadura, también la más joven en ser elegida para el cargo (tenía 22 años). Y antes, concejala en Cáceres. Desde el martes, Leire Iglesias Santiago es diputada en el Congreso por la circunscripción de Cáceres.
Ocupó el número uno en una lista polémica -porque no fue ratificada por el comité provincial-, por delante de la placentina Pilar Lucio, y a partir de ahora compartirá muchas horas, como ya hizo el día de la sesión de investidura, con Marisol Pérez e Ignacio Sánchez Amor, los dos diputados del PSOE por Badajoz.
Sin embargo, los primeros políticos que se encontró Leire el pasado martes en el Congreso no fueron sus compañeros socialistas extremeños. Los primeros a los que saludó, nada más entrar en el edificio, fueron Bibiano Serrano y Germán López, dos de los seis diputados del PP regional. Después, Leire desapareció por uno de los pasillos del Congreso, camino de la sala en la que se reunió el grupo socialista. Ahí, ella utilizó la red social FourSquare para hacer saber dónde estaba. Después, vuelta a la cafetería, pero esta vez a la del Congreso, que en un día así, en el que nadie hace pellas, se presenta como el paraíso del 'buscafamosos'.
Ahí, en la cafetería del Congreso, se ve a las claras que Leire Iglesias no es una novata en estas lides. El martes 13 de diciembre del año 2011 pasará a la historia de su vida como la fecha de su toma de posesión como diputada. Pero no como el primer día que pisó los inmaculados pasillos de esa casa política nacional presente en la memoria colectiva de muchos españoles no tanto por los nombres de quienes han pasado, pasan o pasarán por ella como por el golpista Tejero.
Café entre saludos
Ahí, en la cafetería del Congreso, Leire charla con Marisol, Ignacio y Pilar, pero la conversación se interrumpe a cada rato porque alguien se acerca a saludarla. Entre otros, lo hicieron la exministra Cristina Narbona, que se dirige a ella con familiaridad, y Odón Elorza, exalcalde de San Sebastián. Terminado el café, los cuatro socialistas extremeños esperan a que llegue el ascensor para montarse en él. Pasa un minuto y se abre la puerta. Aparece Mariano Rajoy, que pasa junto a Sánchez Amor y dice «hola» como sin querer. Tras el episodio del ascensor, Leire y sus compañeros se juntan en el patio con los diputados populares extremeños que han sido citados por HOY para una foto conjunta (faltaron Floriano y Rodríguez Ponga). Pose por aquí, pose por allá y a coger sitio en el hemiciclo, donde esperan casi cuatro horas de ceremonia con un guión milimetrado.
Leire Iglesias se sentó entre Pilar Lucio y César Luena (socialista de La Rioja), a la izquierda de la presidencia, «respetando las tradiciones», apunta ella, y pasó el rato enganchada a su iPhone. «Sí, he estado tuiteando durante la sesión», afirma. ¿Y qué contabas, con lo aburrido que parecía aquello? «Algunos detalles y, sobre todo, contestar a la gente, creo que en este rato me han llegado como sesenta o setenta seguidores nuevos», explica la diputada, que asegura que entró en política como quien no quiere la cosa. «Todo me ha ido sucediendo un poco por casualidad», afirma Leire antes de hacer memoria. «Antes de ser concejala en el Ayuntamiento de Cáceres había rechazado dos ofrecimientos para ocupar cargos. Tras decir que no, me pidieron que fuera en las listas para el Ayuntamiento, aunque fuera al final, y acepté porque no pensaba ser concejala. Pero tras las elecciones, con los nombramientos, empezó a correr la lista (iba de número diez y el PSOE sacó nueve ediles) y acabé como concejala. Después me llamaron para irme a Mérida y me fui, y más tarde para Madrid».
Una sinopsis de 79 palabras
Así, en 79 palabras entrecomilladas, resume su trayectoria política, en la que acaba de comenzar un nuevo capítulo. Ha aceptado ser diputada a pesar de que llevaba tiempo pensando en alejarse de la política -«esa posibilidad siempre está en mi cabeza», asegura-. De hecho, tenía dos opciones sobre la mesa: trabajar en la empresa de unos amigos o instalarse en algún país americano para mejorar su inglés. Su decisión final, en cualquier caso, añade una línea más a un currículum que será la envidia de cualquiera al que le guste la política hasta el punto de dedicarse a ella. Y ese es el caso de Leire Iglesias, que lo reconoce. «Me gusta mucho la política», afirma.
Tampoco haría falta que lo reconociera, porque se le nota. Un rato de charla con ella -aunque sea en un local moderno y absurdamente oscuro de a tres euros y medio la caña- da para percibir que estamos ante un 'homo politicus', alguien que se encuentra cómodo cuando la conversación gira en torno a la política.
Y eso que no lo tuvo claro desde el principio. Empezó a estudiar ITOP (Ingeniería Técnica de Obras Públicas), después se cambió a Gestión y Administración Pública, y acabó matriculada en Ciencias Políticas, aunque ahora tenga que pelearse con su propia agenda para poder sacar adelante la carrera. «Estudio en los aviones», dice medio en broma medio en serio. Si uno estudia Ciencias Políticas para ser político, como el que cursa Periodismo lo hace para ganarse la vida como periodista, a la vista está que no se equivocó.
Puede que algo tenga que ver en todo esto los años vividos en la casa paterna. Leire Iglesias es hija de Sixto Iglesias, un nombre de sobra conocido entre los socialistas cacereños. Hoy, Leire, cordial en el trato, amable y de sonrisa fácil, se esfuerza por quitarse de encima eso de que ella vive en Madrid en vez de en Cáceres, probablemente uno de los argumentos que hicieron que no obtuviera el respaldo deseado en el comité provincial a la hora de votar las listas. «Mi sitio está en Cáceres», afirma.
Ahí, añade, en la que llama su ciudad están sus padres, algunos de sus amigos y también está su hipoteca, la de un piso en «la Conce» (se refiere a la plaza de la Concepción). «Yo siempre vengo a Madrid con la maleta», dice Leire, que también tiene un piso alquilado en la capital del país, en la calle Bravo Murillo. Los viajes entre Cáceres y Madrid los hace en su coche, que normalmente aparca al llegar y no suele volver a mover hasta el siguiente viaje. Por Madrid se mueve en autobús siempre que sea posible, y si no, en metro. Así lo hizo el martes, día uno de su nueva vida.
Tras prometer su cargo de diputada, Leire reconocía que el trámite no había sido cualquier cosa. «Impone, la verdad. Se siente algo especial. Es difícil de explicar», comenta. Finiquitada la sesión, cruzó la carrera de San Jerónimo para ir a un cajero automático y sacar dinero. Tocaba invitar a unas amigas a comer. «Nada de cosas elegantes, algo de andar por casa», bromea antes de despedirse. Lo hace mientras toma una caña en 'Ábaco', una cafetería y restaurante de la calle Zorrilla, a treinta pasos de El Rincón de Sanabria, donde empezó su día. Entre un momento y otro han pasado cinco horas y media. La ciudad rebosa luz. Y frío. Y Leire ya es su señoría Iglesias Santiago.
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