La segunda jornada del ciclo 'Noches de Toros', organizado por la asociación 'El Albero' de Villafranca de los Barros tuvo La Maestranza de Sevilla como protagonista y argumento para versar sobre el toro que se lidia en ese emblemático ruedo.
Bajo el título 'El toro en Sevilla. Visión del aficionado', acudieron como ponentes Diego Martínez González y Antonio Martínez 'Finito de Triana' los cuales protagonizaron una amena tertulia para un respetable que aguantó estoicamente desde un repleto salón de actos de la Casa de la Cultura. Ambos son grandes conocedores de lo que se cuece en el coso andaluz por excelencia.
Diego Martínez, presidente de la Unión Taurina de Abonados de la plaza de toros de Sevilla, comenzó su intervención haciendo suya una declaración de intenciones con respecto al toro, que únicamente se puede ver en las páginas y blogs independientes de la red, y que textualmente dice «Nada tiene importancia si no hay toro. Por una fiesta íntegra, no al fraude». El segundo, torero de plata, bombardeó al auditorio con las diversas experiencias vividas a pie de callejón y también como asesor de la presidencia.
Diego Martínez, que se mostró en desacuerdo en definir al astado que se lidia en Sevilla como «el toro de Sevilla», afirmó que si tuviera que reseñar su tipo y comportamiento echaría mano de unos versos de José Luis Garrido Bustamante que expresan lo que debe ser el toro para el aficionado: «que tenga peso y trapío/ que esté en el tipo y que valga/ y, al embestir cuando salga/ levante un escalofrío./ Y que se quede 'dormío'/ mientras le aprieta el piquero./ Para lidiar en Sevilla:/ el que repite. y humilla/ y hace triunfar al torero».
El torero de plata reconoció que, tras asistir a más de 600 reconocimientos en 21 años como integrante de un equipo gubernativo de la plaza de toros de la capital andaluza, debía afirmar que «el toro de Sevilla en absoluto sobrevuela en las mentes de presidentes y veterinarios para aprobar una corrida».
No tuvo reparos en aceptar que los toros que se lidian en La Maestranza bajan en trapío con respecto a otras plazas de primera como Madrid, Bilbao o Pamplona, pero con matices. «Es cierto, y más cierto es que ello se produce exclusivamente cuando se anuncian las figuras en las tardes de farolillos. En el resto de los carteles, con toreros que no se encuentran en los primeros puestos del escalafón, el toro de Sevilla tiene tanto o más trapío que en las tres plazas aludidas», sentenció.
Por su parte, Diego Martínez quiso dejar claro que «el aficionado de Sevilla quiere un toro acorde con su encaste; y no es cuestión de kilos o volumen, es cuestión de morfología y buena selección». En su opinión, el toro de La Maestranza debe ser un animal cabeza de camada, que responda a su encaste, que sea ofensivo, que presente un morrillo y parte posterior con plena armonía y que en definitiva su morfología sea la que le corresponde con los cuatro años de edad mínimo que debe tener para su lidia; y aunque reglamentariamente también debe ostentar el peso mínimo de 460 kilos, este parámetro podría suprimirse si los equipos de presidencia dispusieran de criterio y capacidad acreditados como para obviar el peso sin que el toro que salte al ruedo no tenga el trapío suficiente.
En cualquier caso, «la afición de Sevilla se caracteriza -según destacó Diego Martínez- por inclinarse más por el torero que por el toro, aprecia o valora más el buen comportamiento de un toro que su trapío; pero cuidado, que no le tomen el pelo, cuando en un festejo normalmente de los de postín, le quieren dar gato por liebre».
Terminó su conferencia apelando a la selección de la raza brava, integridad del toro, intervención de la Universidad para establecer con rigor el concepto de trapío, solicitar la defensa del toro de lidia como patrimonio cultural, subvenciones para las ganaderías que cuiden y respeten la selección, responsabilizar al aficionado del buen desarrollo y defensa de la fiesta brava y, en particular, algo que ya se ha aprobado en el pleno municipal de Villafranca: declarar la fiesta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Antonio Martínez 'Finito de Triana' es, entre otras muchas cosas, asesor taurino de la Real Maestranza de Sevilla, y se jacta de haber nacido en la calle Castilla, junto a la Iglesia de Nuestra Señora de la O, en Triana, el día 9 de abril de 1936. Desde pequeñito quiso ser torero, y en la temporada 1963, después de mucha lucha, cambió el oro por la plata y toreó con casi todos los novilleros de la época y con varios matadores de toros.
Sin secretos
Para él, el mundo de los toros no tiene secretos. Es categórico al afirmar que «el toro va evolucionando a más, y en particular el toro de Sevilla es el más grande que ha salido en la vida». Sin embargo, reconoce que «lo que hace falta es que embistan, que tengan fuerza, que se mantengan, que sean capaz de aguantar algunos pases más de lo que suelen aguantar; y eso depende de cómo sea el toro en su origen y de la raza que tenga».
Después de haber sufrido cuatro cornadas y varios traumatismos importantes, Antonio es una autoridad a la hora de enjuiciar el toro de Sevilla. «En Sevilla -dice- siempre ha habido un toro característico con unas proporciones determinadas y un peso que oscila entre los 500 y los 520 kilos, pero eso sí: con trapío. Unos pitones que asombran a la concurrencia desde que salen a la plaza».