Las jornadas 'Noches de Toros', que la peña cultural taurina 'El Albero' dedica cada año a la fiesta, arrancaron la noche del pasado miércoles con el pregón a cargo del veterinario Santiago Malpica. En la presentación, el presidente de la asociación, Baltasar Manzano, destacó los 15 años que cumplían estas tertulias que este año se celebran en homenaje y recuerdo del directivo recientemente fallecido Francisco Mancera 'El Abuelo'.
Antes del pregón, Baltasar Manzano dio por inaugurada una exposición de pinturas de la artista extremeña Lola González Raymundo, titulada 'Tinteando la tauromaquia'.La muestra puede contemplarse los días que duren las jornadas en la Casa de la Cultura.
Otro veterinario y colaborador de la peña, José Ángel Perera, fue el encargado de presentar al pregonero. Malpica dio un pregón con tintes poéticos y cargado de emoción, y reivindicó la fiesta de los toros describiendo con acierto tantas sensaciones como se dan cita en una corrida de toros: el miedo y el valor, la muerte y la vida, el éxito y el fracaso, el peligro, la cogida y la emoción. Todos estos elementos son necesarios, incluso el peligro, del que aseguró que brota la emoción y si éste no existiese «no habría tarde de toros», hasta el punto que «después de la cogida, el torero se vuelve más torero, es el bautismo de sangre, y «a partir de ahí practican un toreo más pausado, más de verdad, como le ocurriera a Jaime Ostos, a Fernando Cepeda, a Joselito y a tantos otros».
Santiago Malpica sostiene que «el artista siempre se desnuda ante su obra, y el torero mucho más». Y lo pasa mal, aunque la compensación llega con el encuentro en la plaza con el toro, que a veces le permite exclamar: «Me he sentido a gusto», ya que torear, para muchos, es gustarse. También es un juego y por eso unos y otros se desean suerte. Pero la magia se produce cuando hay silencio, algo que debe formar parte del rito de la corrida, alejado del bullicio.
El toro no es solo una creación de la naturaleza. En opinión de Santiago Malpica, también es cultura, una cultura que los ganaderos a través de los tiempos han transformado en obra sublime. Por eso, dijo no comprender a las asociaciones ecologistas y antitaurinas que se oponen a la fiesta, aduciendo que «la crianza de los toros bravos favorecen el mantenimiento de la biodiversidad, evita la desertización y el efecto invernadero y favorece el valor paisajístico». Para terminar, proclamó que «la corrida de toros existe porque somos muchos los que nos emocionamos cuando Miguel Ángel Perera trae desde allá adelante hasta detrás de la cintura al toro cosido a la muleta, con el hocico arrastrando por el suelo o Alejandro Talavante con su izquierda prodigiosa muleteando olvidándose del cuerpo».