Un segundo antes de arrancar el partido, el Ciudad de Plasencia hubiera cambiado años de vida por rascar siquiera un mínimo puntito del Romano. Y sin embargo se marchó de Mérida irritado, impotente, bajo una sensación de vacío insondable. Porque después de adelantarse en los albores del choque, de defenderse con una calma abrumadora, de permitirse el lujo de errar las únicas claras ocasiones de gol que se crearon en todo el partido, el Mérida le empató en su única ocasión en el descuento tras un más que probable fuera de juego de Juanan Vélez, autor del tanto.
Tocando arrebato, queriendo llegar pero sin saber cómo, los de Diego Quintero enviaron por aire el balón al área del Ciudad en el 92'. Allí, Pedro Juan saltó en pugna con Dani, y del choque el balón le cayó muerto a Carlinos en la línea del área pequeña, en una posición muy justa. El canterano, que debutaba con el primer equipo, la peleó para elevarla por encima del cancerbero Luis, y ahí, solo, a un palmo de la línea de gol, Juanan Vélez la empujaba con la testa a placer entre las quejas de los defensores del Ciudad pululando por los alrededores del línea y el árbitro.
Llegaría luego la expulsión por protestar de Acero, la segunda ocasión más clara del Mérida en el 94' anulada por fuera de juego y las insistentes protestas de la expedición del Ciudad mientras todos se retiraban a los vestuarios. Protestó tanto el conjunto placentino como tiempo perdió durante todo el partido. De manera inexplicable, además, porque no le hacía falta: el Mérida se mostró siempre romo, estéril, espeso y lento. Si la primera parte de los emeritenses fue para olvidar, en la segunda sólo le salvó su actitud, que entonces sí pareció querer ganar el partido. Sobre todo tras las entradas de Lauri y Pedro Juan en el 62' y el ajuste del sistema para cerrar con tres en defensa. Pero por mucho dominio, por mucho empeño que pusiera, el Mérida moría siempre en el mismo lugar: a cinco metros de la frontal del área. Falto de profundidad, de roturas en desmarque, de movimientos arriba, el ataque del Mérida terminaba siempre con un centro frontal desde la zona de tres cuartos. Muy fácil de defender para los de Miguel Rubio.
O sea que el Ciudad no se alteró casi nunca en todo el partido. Marcó Dani de espuela en el primer palo tras un córner muy mal sacado y peor defendido y se limitó desde entonces a aguantar ordenado y salir a la contra, donde desperdició hasta cinco claras ocasiones de gol. De ahí su cabreo. Lógico.