En 1917 la Revolución Rusa mitigaba el poder de los zares e iniciaba un largo periodo gobernado por el Partido Comunista. En 1922 se formaba la URSS. El control social iba estrechando su cerco y el arte iba poniéndose también al servicio de la dictadura del proletariado. Los creadores del régimen se afanaban en construir el estado socialista mientras otros, fuera de los circuitos oficiales, simplemente trabajaban, escuchando y atendiendo a su particular voz creativa. Sin más consignas.
Más allá del oficialismo, que encontraba en los murales y la cartelería su mejor herramienta propagandística, durante ese extenso periodo hubo una fértil vida artística. De puertas para adentro, oculta y silenciada, pero vida. Un aparente vacío domina esta época. Chagall, Kandinsy, la vanguardia, habían salido por patas de un país que les rechazaba y les acusaba constantemente de decadentes y burgueses. La exposición 'Rusia, siglo XX', que se inauguró ayer en la Fundación Mercedes Calles de Cáceres, muestra una representación de 33 artistas que integran un interesante mapa temático y social. Tal vez los nombres de estos autores «rebeldes» sean desconocidos para el gran público, pero visitar esta muestra, que se expone en la Casa de los Becerra, en la Plaza de San Jorge, no defraudará al que vaya con la voluntad de enriquecer su retina y de dejarse envolver por estampas únicas.
Hay varios estilos enmarcados en esta selección, que pertenece a la insólita coleccionista Dolores Tomás. Hay exaltación del trabajo y patriotismo, pero, según cuenta el catálogo, aquí, en estas obras, se ensalza por igual a obreros y campesinos. No hay gestas épicas. Este sentimiento lo reflejan Danilichev, Litvinski, Striguin y Martynov. Hay naturalezas, donde destacan Velichko, Preobrazhenski y Buj. Retratos individuales, como el de Lenin, de Alexander Danilichev, o colectivos. Hay bodegones y flores. Muchos paisajes que retratan a la perfección atmósferas y estaciones.
Intimidad del pueblo
Pero 'Rusia, siglo XX' guarda, sobre todo, el magnetismo de las obras de género y sociedad. «El espectador tiene ocasión de penetrar en la intimidad del pueblo ruso», asevera Matías Díaz-Padrón, restaurador del Museo del Prado, en el prólogo del catálogo. Son escenas puras, con la magia del reflejo fiel de unas personas que vivían al ritmo de esos días. No conviene perderse, en esta sección, obras tan seductoras, casi hipnotizantes, como 'El autobús', de Vladimir Stroyev, que se acerca al hiperrealismo. Delicadas, infantiles y suaves son las escenas retratadas por Pavel Shardakov o Tatiana Shevenchenko. 'Dia feliz en familia', de Vladimir Zajarkin, ofrece los detalles de un hogar con niños, con sus juguetes y utensilios.
Fueron tiempos de escasez en los que estos autores tuvieron que aprovechar sus materiales. Algunos, ante la falta de lienzo, pintaban en cartones, lo que limitaba el tamaño de las obras. Para aprovechar el soporte, algunos cuadros están pintados por ambos lados.
La exposición se enmarca en la celebración del XXV aniversario de la Declaración de Cáceres como Patrimonio de la Humanidad. Luis Acha, director de la fundación Mercedes Calles, explicó que también quieren contribuir a la celebración a nivel nacional del año España/Rusia, que tiene actos en los museos del Prado y Romántico de Madrid, en la Casa Encendida, también de la capital, y en el Museo Arqueológico de Alicante. 'Rusia, siglo XX' puede verse hasta el próximo 5 de diciembre.
La inauguración de esta muestra ayer por la noche se convirtió en un notable acto social de esta ciudad, que va adentrándose en el frío. Junto a Maritina Guisado, presidenta de la Fundación, estuvieron la alcaldesa Elena Nevado, el consejero de Fomento, Víctor del Moral, y otros representantes políticos. Alexander Súrikov, Ministro Consejero de la Embadada de la Federación Rusa en España, Ekaterina Kuznetsova, la esposa del Embajador, y la princesa Felízitas Obolensky acudieron a la Casa de los Becerra, la casona del siglo XV restaurada para acoger esta institución privada que, exposición tras exposición, coloca Cáceres en una dimensión cultural de primer orden.