El 8 de julio, María, de 50 años, salió de la cárcel. Le queda una condena por cumplir, pero ha conseguido pasar el tercer grado en un piso de acogida en lugar de tener que ir a dormir al centro penitenciario de Badajoz. Lo ha logrado gracias a un grupo de mujeres que conoció dentro, voluntarias del Centro de Promoción de la Mujer que gestionan la vivienda donde ahora reside y que llevan 27 años entrando y saliendo de la cárcel para ayudar a sus internas.
«Son gente que viene de voluntaria a echarte una mano, a ayudar, a darte ánimo. Están ahí para cualquier cosa que necesites, siempre que está en su mano», explica María. A su lado la escucha Mercedes Moreno, una de las voluntarias que la ayudó y que está pasando un año muy especial, ya que su trabajo de promoción de la mujer desde hace 52 años le ha valido una Medalla de Extremadura que recogió el pasado 7 de septiembre.
Para ella, sin embargo, el mejor reconocimiento es escuchar a mujeres como María que han salido fuera y están recuperando su vida. «Recuerdo la primera vez que visité la cárcel. Me impresionó, pero luego conocí a la gente que había dentro y eso te compromete», cuenta Moreno.
Dice que su labor de voluntaria le ha dado algunos disgustos, pero, ante todo, muchas satisfacciones. María es un ejemplo. Ha pasado dos años en la cárcel y asegura que ha sido el apoyo de estas mujeres lo que le ha permitido que la condena fuese más ligera. «Se me ha hecho menos largo de lo que pensaba gracias a los talleres y a los cursos. Tienes a la familia que te apoya y a esta gente», dice María.
Ella participó en un taller de costura, en las charlas de videoforum y, como no, «de clienta en el curso de peluquería, que es un lujo», recuerda sonriendo. Junto a ella María Moreno no puede disimular el orgullo por una tarea que les ha costado mucho esfuerzo.
«El objetivo es conseguir que ellas se conciencien de que tienen posibilidades y que pueden formarse. Que espabilen y se preparen para salir a la sociedad», explica la voluntaria premiada.
Desde hace dos años, además, en los centros de promoción cuentan con una nueva herramienta, un piso de acogida para expresidiarias que les permite residir durante la condicional y prepararse para conseguir un trabajo y retomar su vida. María explica que muchas internas en el centro penitenciario no podrían salir si no fuese por este piso lo que alargaría su condena al no tener una vivienda para pasar el tercer grado. Junto a María y Mercedes están Manoli Martín e Isabel María Cabezas, madre e hija y también voluntarias en esta labor. Las cuatro charlan en la casa, «como amigas porque creas un vínculo, es normal». Isabel es la más joven. Tiene 31 años, pero en realidad es una gran veterana porque solo tenía 17 la primera vez que acudió a colaborar al centro penitenciario. Tuvo que pedir un permiso especial firmado por sus padres, ambos implicados también en el proyecto.
Ahora dirige el coro de la cárcel y el taller de videoforum. «He crecido como la loca del grupo de amigos. Me preguntaban cómo me metía ahí, pero las personas que están privadas de libertad también tienen una cara positiva. Por circunstancias de la vida están ahí, pero hay que pensar que a cualquiera le puede suceder».
Medio siglo de trabajo
Mientras habla la escucha Manoli, su madre, y Mercedes, que llevan medio siglo con este trabajo. La primera recuerda que los comienzos en la lucha por ayudar a las mujeres fueron difíciles. «En el año 85 nos propusieron ir a trabajar en la cárcel, pero estuvimos dos meses, se cumplió el contrato y no nos volvieron a llamar. Las mujeres nos dijeron '¿sois lo único que hay aquí para ayudarnos y nos vais a dejar?' Y ya no las dejamos nunca», recuerda emocionada Manoli.
Ahora hay muchos más recursos para las presas, dice Mercedes Moreno, aunque hace un llamamiento para que la gente se implique en el voluntariado. «Las personas están muy lejos de las realidades difíciles de la vida y solo se solidarizan con cosas puntuales. En esos momentos responden, pero la realidad nuestra es tan compleja que prefieren cruzarse de brazos porque piensan que no van a conseguir nada».
María no está de acuerdo. A ella le ha servido. «Mucha gente necesita que le pongan el pie en la calle para saber donde tirar. Hay muchos que salen del centro penitenciario y no tienen ni idea de qué hacer», asegura y para ayudarles hay personas como Mercedes Moreno. María está orgullosa de que la hayan premiado por su trabajo. «Me parece genial. Se merece que se conozca a la gente que es anónima y está ayudando a personas que realmente lo necesitamos».