No por previsible fue menos dolorosa la derrota. Así podría resumirse el debut del Plasencia esta temporada ante un FC Barcelona que venía con la condición de favorito para quedarse con el triunfo y que, en efecto, acabó llevándose el gato al agua. Sin embargo, ni mucho menos fue un paseo militar para los barceloneses, pero lo que sí es cierto es que, en baloncesto, como en casi todos los deportes, quien más calidad individual atesora en su plantilla es quien suele ganar. Y ayer, desafortunadamente para los de Rafa Gomariz, no fue ninguna excepción a la regla. Además, si tenemos en cuenta que los verdes cerraron filas en torno a su plantilla hace tres días y que sus americanos apenas cuentan con los dedos de la mano los entrenamientos que llevan en Plasencia es quizás demasiada ventaja para un filial muy aplicado.
Fue un partido luchado en todo momento, donde el Barcelona B se llevó una difícil victoria gracias a la tarea de Eriksson y Papa Abdoulaye, las dos figuras de la tarde. El partido fue igualado hasta que los azulgranas supieron aprovechar el juego de sus grandotes en el último cuarto, donde llevaron a buen término varios ataques para llevarse el triunfo.
Plasencia jugó unos primeros minutos muy buenos y se alejó 9-2 en un parcial 7-0, con actitud, convicción y concentración. En defensa confundió a su rival anulando momentáneamente a Nick Spires (no pudo con Longmire) y Abdaulaye (sufrió con la marca de Conejero).Pero no pudieron despegar porque los catalanes contaron en ataque con un Josep Pérez inspirado. El escolta, listo y veloz, hizo mucho daño con su determinación para correr y lanzar. Y si no anotaba (9 puntos en el primer cuarto), alimentaba de juego a sus compañeros.
En el segundo cuarto, que se inició 14-14, el desencanto de Gomariz coincidía con el de los aficionados, que asistieron boquiabiertos a la exhibición de los imberbes. Eriksson estaba encendido y todo comenzaba a funcionar. Barcelona daba una cátedra de lanzamientos, mientras Plasencia iba a remolque.
Pero no sólo es grande el equipo que consigue anotar con espectacularidad, sino también el que, sin estar sus jugadores al cien por cien y sin haber alcanzado su mejor nivel, es consciente de ello y sabe jugar sus cartas, conteniendo los ataques rivales. Y eso fue justamente a lo que se dedicó el Plasencia en el tercer cuarto. Con Néstor Zamora anulado por la pegajosa defensa, Gomariz dio galones a Morales, Piru Ros y Fran Robles, y entre los tres se apañaron para no dejar escaparse el partido.
Una de las cosas que no se les puede achacar a Gomariz y a los suyos es la actitud porque nunca estuvieron tan lejos en el marcador como para no seguir intentándolo. A falta de 17", los verdes aún sólo estaban debajo a 3 puntos (67-70). Y el mérito fue mantener la intensidad para no dejar que su rival se escapara.
Las canastas Fran Robles llegaron incluso a poner el partido tan a tiro que a punto estuvo Longmire de igualarlo a 70 en un lanzamiento triple errante. El cuadro extremeño acusó el desgaste. Con Conejero en el banquillo y los debutantes Longmire y Thorton exhaustos, a Rafa Gomariz le faltó un recambio necesario. Papa Abdoulaye se aprovechó de esa circunstancia para dominar ambas zonas ytodo lo que Plasencia trabajó en 39 minutos, el Barcelona lo destruyó en segundos.