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IU-PSOE, la historia de un obstinado desencuentro

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IU-PSOE, la historia de un obstinado desencuentro

26.06.11 - 00:47 -
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E l gran ensayo para un encuentro de la izquierda en toda España. Por dos veces ha habido ocasión en Extremadura de iniciarlo, y por otras tantas socialistas e izquierdistas, como dos vecinos mal avenidos, han acabado tirándose los trastos a la cabeza y desenterrando el hacha de guerra para unos cuantos años más.
«El laboratorio». Así titulaba Juan Carlos Rodríguez Ibarra un artículo en la prensa extremeña el 3 de junio de 1995, días después de haber perdido por primera vez la mayoría absoluta en las elecciones autonómicas. Ofrecía a IU en el escrito cualquier tipo de acuerdo posible, incluido el gobierno de coalición.
Aventuraba Ibarra que podría tratarse de «un gran laboratorio» para ensayar una fórmula de gobierno PSOE-IU que si daba resultado podría facilitar el encuentro de la izquierda en España. «Habremos demostrado», concluía uno de los párrafos, «que la izquierda sí puede, sabe y debe hacer política progresista en unidad».
Pero los cuatro años siguientes fueron de una inestabilidad política extrema, el propio Ibarra pactó unos presupuestos con el PP y otros con IU. Esta formación acordó con los populares el gobierno de la Asamblea, los tribunales sentenciaron que la Junta no se podía mangonear desde el Parlamento a base de leyes, el grupo de diputados autonómicos de IU acabó rompiéndose para regalar al PSOE la mayoría absoluta que las urnas le habían negado.
En la siguiente cita electoral Ibarra subió de 31 diputados a 34 (la mitad más uno de la Cámara) y por contra IU se quedó en la mitad, de seis a tres.
El pasado 22 de mayo por la noche, cuando ya era indiscutible el triunfo de José Antonio Monago, el líder socialista Guillermo Fernández Vara lanzó a Izquierda Unida una propuesta parecida a la de 16 años antes: un acuerdo para pactar un programa o formar un gobierno conjunto.
Salvo que ocurra una erupción volcánica como la mítica de Tera en la isla griega de Santorini, esta vez no solo la llamada de Vara será en vano, sino que el PSOE irá a la oposición deteriorando por varios quinquenios una relación que algunos describen como tentativa de aniquilación mutua.
Democracia directa
La decisión de IU de abstenerse y dejar gobernar ahora a José Antonio Monago ha sido democracia directa pura, algo a lo que los partidos no están acostumbrados porque funcionan con un mecanismo de delegación de voto en el que a veces el deseo de la base y la decisión de la dirección poco tienen que ver.
En el Consejo Político Regional de Izquierda Unida de hace una semana que mandató a la abstención se oyó por parte de los militantes una retahíla de reproches al PSOE, una lista larga y personal de agravios, heridas, menosprecios y humillaciones que, según ellos, se han sucedido fundamentalmente fuera de las grandes ciudades, y cometidos por algunos alcaldes de la 'vieja guardia' socialista.
Esos hechos han provocado en ciertos casos tener que irse del pueblo por falta de trabajo o boicoteo a los negocios propiedad de concejales izquierdistas. En casos extremeños han llegado a alguna agresión.
Teresa Rejas, exdiputada y la única expresidenta de la Asamblea que ha tenido IU, recuerda ahora por ejemplo cómo un joven de Malpartida de Cáceres, al que se le ocurrió presentarse a concejal por la coalición, fue agredido, hecho del que, eso sí, se desmarcó rápido y pidió disculpas el alcalde socialista.
La explicación resumen que dan algunos dirigentes socialistas a este desencuentro consiste en una cierta inmadurez de la propia Izquierda Unida, cuyos dirigentes en general no han sabido gestionar una situación que era propicia, pero se les ha ido de las manos en el momento en que han elegido un mecanismo de decisión que ha hecho preponderar el «rencor» de algunos militantes frente a la responsabilidad de otros.
Un diputado autonómico socialista añade a todo eso la entrada en juego de «intereses ajenos a la política».
Sin embargo, nada que no haya sucedido también a escala nacional en las relaciones que han mantenido ambas fuerzas desde la transición, advierte otro dirigente socialista. A la política extremeña se han trasladado exactamente los mismos encontronazos.
El 'anti' como reacción
Hay quienes acusan, desde IU, que ya Felipe González y Alfonso Guerra, con el beneplácito de la socialdemocracia alemana y los intereses estadounidenses, inauguraron una práctica de 'exterminio' del rival en la izquierda, reproche que contrapesan desde la otra parte recordando las óptimas relaciones que Adolfo Suárez y Santiago Carrillo mantuvieron para frenar el progreso socialista.
En cualquier caso un anticomunismo como reacción a un antisocialismo, o al revés, que también se vivía de forma larvada en la Extremadura de los años 80.
Manuel Parejo, secretario regional del Partido Comunista, mantenía a caballo de los 80 y 90 una dura oposición a Rodríguez Ibarra que discurrió en tonos caballerosos excepto por un episodio lamentable como fue el asalto, en Valdivia, a una cooperativa de socialistas en la que no hubo una desgracia de milagro ya que resultó incendiado el interior de un edificio del que pudieron escapar a tiempo los socios.
La explicación socialista es que con las leyes de reforma agraria, y las expropiaciones de fincas de la nobleza, la Junta había arrebatado al PCE su bandera tradicional y la que más adeptos atraía por la base clásica agraria, sindicalista y jornalera del partido.
En los años 90 el nuevo líder nacional comunista y de la nueva IU, Julio Anguita, tras recoger una excelente cosecha de diputados en el Congreso, usó el término 'sorpasso' para expresar una futura línea ascendente de la coalición, teoría según la cual IU acabaría adelantando al PSOE para alcanzar la hegemonía de la izquierda.
En Extremadura el cambio se personificó sobre todo en el nuevo secretario regional del PCE y coordinador de IU, Manuel Cañada, cuya aparición significó «una confrontación total» con Rodríguez Ibarra, recuerda un dirigente del PSOE. Eran dos líderes de fortísima personalidad que llegaron prácticamente a las manos en una reunión en la Presidencia de la Junta cuyos gritos escuchaban desde el exterior los periodistas.
De Andalucía llegó la «pinza», la alianza que en 1995 se planteó tras un resultado de elecciones autonómicas en Extremadura que por primera vez dejaba al PSOE sin mayoría absoluta y le daba a IU con seis diputados la llave de la gobernabilidad.
Cañada, Teresa Rejas y el resto de dirigentes la usaron de una doble forma, para pactar por un lado con el PP la presidencia de la Asamblea (Rejas) con su consiguiente eco mediático, y a la vez para permitir con su abstención la continuidad de Rodríguez Ibarra, pero ahora en minoría precaria, al frente de la Junta.
Este último ha recordado días atrás su estéril oferta de acuerdo e incluso gobierno a IU. Teresa Rejas se refiere a aquello como una vana promesa: «No tenían interés en llegar a ningún acuerdo, nosotros les dijimos que lo primero que había que hablar era de la Asamblea».
Rejas recuerda que hubo conversaciones. «Pero jamás quisieron reunirse con nosotros, y el planteamiento de que entráramos en el gobierno creo que tampoco era sincero, habría sido un gobierno totalmente imposible».
La estrategia que Anguita marcaba respecto al PSOE empezó a causar grietas en IU, y la corriente Nueva Izquierda, contraria a la política de enfrentamiento con los socialistas, cuajó también en Extremadura con una evolución que causó la mayor herida que se recuerda desde ambas orillas de la izquierda.
El 'caso' Nueva Izquierda
El grupo de IU formado por seis diputados acabó fraccionado en tres tendencias y su portavoz Manuel Cañada lo disolvió, medida a la que siguió la dimisión de la presidencia de la Asamblea de Teresa Rejas.
Los dos diputados de Nueva Izquierda, Luciano Fernández 'Chano' y Juan Luis Aparicio, acabaron actuando de forma independiente y años después el primero de ellos acabó afiliándose al PSOE. Desde IU no se perdona aquello y acusan al Partido Socialista de estar detrás de la maniobra.
Hoy día 'Chano' Fernández, que ha sido vicepresidente de la Asamblea en la reciente legislatura, rechaza cualquier reproche y recuerda que ni siquiera votó a favor, sino que lo hizo en blanco, del nuevo presidente socialista de la Asamblea, Manuel Veiga. Dieciséis años después sigue defendiendo «como entonces, estaría bueno» un encuentro de los dos partidos de izquierda, aunque lo ve imposible «hoy por hoy».
Las circunstancias ahora eran más favorables gracias a que la dirección de IU Extremadura es «bien distinta». Dentro de ella alaba a Pedro Escobar. «Pero han actuado con desconocimiento de la realidad política porque no se puede apelar a las bases en términos del nombre y apellido del nuevo presidente de la Junta», añade Fernández.
Izquierda Unida en conjunto tiene poderosas razones para no dar su apoyo a Vara, pero la llamada a la responsabilidad por parte de la organización ha sido superada por una porción mayor deseosa de expulsar a los socialistas de las instituciones en correspondencia al de desencuentro de años. «Han sido muchos años de machacarnos por parte de algunos alcaldes y concejales del PSOE», explica Manuel Piñana, concejal de IU en Alconchel durante 12 años. Participó en el Consejo Político regional del pasado domingo 19 y escuchó bastantes relatos de compañeros, generalmente entrados en años, que recordaban en ese momento amenazas de agresiones y otros malos ratos.
«No ha sido un rechazo político al PSOE, lo ha sido a los comportamientos en cada pueblo, donde te han machacado, ridiculizado y despreciado». «Todo se ha truncado por culpa de unas bases muy cerradas».
«La pinza ya no vale»
Manuel Cañada, excoordinador regional de IU, ve también imposible el encuentro y sostiene que la estrategia de subrayar una idea de pinza por parte del PSOE no les va a funcionar porque ya no son la fuerza más votada como sí fueron en 1995. «Que tengan cuidado».
En su opinión, la actitud de resistencia llevada a cabo en Extremadura va a marcar tendencia en IU federal de seguir siendo fuerza alternativa. Cañada critica al coordinador nacional, Cayo Lara, por adoptar un papel «más colonialista que federalista».
Ignacio Sánchez Amor, portavoz regional del PSOE, cree que Izquierda Unida no se perdona a sí misma el «error» de haber apostado en 2007 contra la refinería y haberlo pagado en aquellas elecciones con la desaparición de la Asamblea. La tragedia de la coalición izquierdista es que «nunca ha encontrado un discurso suficientemente sólido como para conseguir una presencia estable en la Asamblea».
Ve en ellos una tendencia histórica, la misma que les llevó a pactar algunas cosas con el PP en 1995.
«En campaña electoral Pedro Escobar dice que nunca llegarán a un acuerdo con el PP, pero su querencia es esa; es consustancial o genético, ¿qué agravios le hemos hecho a Izquierda Unida?».
Uno de los testigos del incendio de la finca La Encomienda en los años 80, Antonio Cortés, tiene ahora la perspectiva del conflicto desde la ejecutiva federal de IU en Madrid, a la que pertenece. Se ha perdido una oportunidad de política de izquierda conjunta, pero entiende a sus paisanos extremeños por la actitud de «agresividad» por parte del PSOE en los pueblos.
Pese a que Vara es distinto a Ibarra, tampoco se ha traducido en hechos, apuntan Cortés y Teresa Rejas. No se les ha dejado participar ni en el Estatuto de Autonomía, ni en la Ley de Educación.
Ello no quita para que Cortés haga autocrítica. Ve errores en la gestión del asunto por parte de sus compañeros tanto de Extremadura como de Madrid, y desde luego él no es partidario de sanciones. «O hay una solución política, o no la hay».
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