Manuel García Méndez trabaja como funcionario del Ministerio del Interior de lunes a viernes por la mañana. Manu Alburquerque se dedica a contar cuentos por la noche y los fines de semana. Son las dos caras de este extremeño que vive en Madrid desde los ocho años de edad y que empezó a narrar historias con su personaje en el Festival Medieval de Alburquerque. Él es uno de los 200 narradores registrados en la Red Internacional de Cuentacuentos, tarea que le ha llevado por toda España, siguiendo la tradición de los juglares que trasladaban las noticias de lo acontecido en lugares lejanos y se transformaban en fantasías y leyendas.
Una gran parte de los cuentos que componen su repertorio son propios, otros son adaptaciones de textos de otros autores. «El público que va a escuchar cuentos quiere oír algo diferente a los clásicos, por lo que tienes que investigar, indagar, buscar y leer todo lo que te puede ir llegando de cualquier fuente», señala.
Manu Alburquerque hace galas principalmente para niños. Los colegios, las bibliotecas, las librerías o tiendas de juegos demandan sus servicios para este tipo de público. Luego están los cuentos para adultos que tuvieron un gran auge en los años 90 a raíz de la llegada de los narradores hispanoamericanos. Numerosos cafés realizaban sesiones de cuentos para mayores, pero hoy en día están en decadencia y se ha puesto de moda el monólogo humorístico. «Los bares y cafés no quieren oír hablar de otra cosa, aunque la crisis está haciendo mella en el sector hostelero y empieza a decaer» asegura Manuel García, quien insiste en que el gran reto está en llevar la narración oral al teatro.
Así, en su nuevo espectáculo para adultos que lleva a cabo en una sala madrileña, Manu Alburquerque utiliza una escenografía que hilvana los cuentos con un monólogo teatral, aderezada con unas entradas y salidas musicales que bien iluminadas hacen que la hora y diez minutos transcurran de una forma mucho más amena. En 'Hacia la alegría por mis cuentos tristes', hace un recorrido gradual que empieza con una historia triste a la que sigue otra incluso más trágica para continuar con una tercera más agradable y terminar con algunas de humor, cuenta este alburquerqueño que pasa largas temporadas en Extremadura, región en la que solo conoce a cuatro narradores, una de ellas chilena.
Manuel García viaja con una maleta llena de achiperres y un duendecillo que se llama Getulio. El es el auténtico protagonista de sus sesiones infantiles. De hecho le han llamado de muchos sitios para contrataciones particulares tras haberles visto narrar cuentos en espacios públicos. Luego interpreta otros personajes, como el señor Pongo, un viajero que lleva una maleta y que atrae la curiosidad de los niños por ver lo que va a salir de ella y un pirata malo que ha robado todos los libros del mundo con una «sana intención».
Aparte de un traje de pirata comprado, el resto del vestuario de Manu Alburquerque es de elaboración propia. El primero, origen de todo, es el que utiliza en el Festival Medieval, elaborado por su madre con una vestidura de una mesa camilla. Otros son reciclados de trajes que utilizó en el carnaval de Badajoz en sus tiempos como miembro de la comparsa 'Infectos Acelerados'. «Como tenemos esa costumbre de guardar, resulta que en el desván siempre hay un baúl con restos de trajes y ahí es donde yo rebusco», señala este cuentacuentos de 49 años de edad.
De todas las galas que lleva realizadas desde hace unos 15 años recuerda especialmente la primera vez que actuó en el teatrillo del hospital infantil 'Niño Jesús' de Madrid. «A partir de esa experiencia, cada vez que tengo tiempo voy a echar una tarde con ellos porque me recarga positivamente», añade esta especie de Dr. Jeckill y Mr Hide, solo que en su caso, los dos personajes, el real y el fantástico, son igualmente entrañables.