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Guía para detectar «las estupideces» de la cultura contemporánea

SOCIEDAD

Guía para detectar «las estupideces» de la cultura contemporánea

24.05.11 - 00:09 -
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Qué es hoy el arte? ¿Lo es una vaca abierta en canal y colgada por un gancho? ¿Lo es un bote que contiene heces de artista o de inmigrante? ¿Está el mundo artístico poblado de estafadores? Félix de Azúa, catedrático de Estética en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña, acaba de publicar una nueva versión de su 'Diccionario de las artes' (Ed. Debate) que a mediados de los noventa causó un enorme revuelo en el ámbito cultural. En el transcurso de una entrevista, el intelectual catalán, uno de los más brillantes del panorama español, aclara las dudas que tantas veces se ha planteado todo el mundo a la vista de algunas piezas presentadas como arte contemporáneo. Y llega a la conclusión de que el arte de hoy -o las artes de hoy, expresión que a su juicio responde mucho mejor a la realidad- se entiende sobre todo a partir de la filosofía y resulta ajena a la gran mayoría de la población. Muchos piensan que se les está tomando el pelo, y «no seré yo quien lo niegue», asegura.
-Los límites entre alta cultura y cultura popular han sido arrasados. Las paradojas del arte actual vienen de su democratización. Eso significa que todos podemos ser artistas porque además ya no hace falta formación. De hecho, el 80% de los artistas actuales no la tienen. Por eso cualquier cosa puede ser arte.
-No, pero se sigue la tendencia general. Hoy, la política, las instituciones, todo es puro espectáculo. Yo pertenezco al siglo pasado y para mí ha sido un gran impacto ver a Strauss-Khan esposado y darme cuenta de que era real. ¡Se parece tanto a una imagen de una teleserie...! La espectacularización de las artes es congruente con nuestra época.
-Un complejo de enorme poder político y económico. Forman parte del mismo los ministerios y departamentos de Cultura, los ayuntamientos que quieren tener sus museos, los galeristas, comisarios, expertos, coleccionistas, museos que tienen poder para imponer sus exposiciones, revistas, diarios, televisión, departamentos universitarios, agencias de viajes... Se mueven por ahí gigantescas cantidades de dinero que circula por densas redes de poder. Un caso extremo es Saatchi (publicista y coleccionista), que lo tiene todo para construir un arte británico: invierte dinero, busca chicos con talento y les dice lo que tienen que hacer, por ejemplo laminar tiburones. Es verdad que muchos se burlan de eso, pero qué más le da, si saca mucho más dinero del que invierte.
-Pertenece al orden de las artes. La reacción más ingenua ante una 'obra' así es considerarlo una tomadura de pelo. Las estupideces o las groserías de las artes contemporáneas forman parte de nuestra manera de representarnos a nosotros mismos. Dentro de un siglo, si existe civilización occidental -que está por ver-, los estudiosos de nuestra época dirán que éramos así. Los griegos de la era clásica estaban representados por sus esculturas y nosotros, por el tiburón laminado o la vaca colgada del gancho.
-Ninguna. El arte actual es democrático. Cualquiera puede envasar sus heces. Pero luego nadie daría un euro por ello porque es ese gran complejo del que hablaba quien fija su valor. La obra a la que se refiere, 'Mierda de artista' -luego ha habido variaciones sobre ese tema- se vendía al precio del oro en cada momento. Es una producción puramente teórica: no es arte, es filosofía del arte. El objeto de la obra ya no tiene importancia, solo la tiene la teoría. Las artes actuales se dirigen sobre todo a teóricos y filósofos. La paradoja es que, como está todo financiado por el Estado, hay que hacer con ellas grandes exposiciones para el público, que en general no las entiende.
-Como lo hay en la política. De hecho, cada vez se parecen más. El artista también tiene que montarse su chiringuito, igual que el político. Algunos lo hacen bien y otros rematadamente mal. En los dos campos.
-El asunto está muy petrificado. La primera edición del 'Diccionario de las artes' se publicó hace 15 años y en este tiempo la tendencia se ha reforzado. ¿Por qué esa ausencia de cambios? Puede ser que la máquina resbale sobre sí misma, repitiéndose. Pero puede ser también que estemos en un momento primitivo de la nueva era. Al fin y al cabo, las figuritas del románico se repitieron durante casi mil años. Otra vía de salida puede ser la hipertecnificación, que hace que todos podamos ser artistas en nuestra casa. No hay más que ver los centenares de miles de vídeos caseros que hay en 'youtube', con gente que canta o se come pollos crudos. Quizá cuando haya una gran masa crítica de todo eso salga algo.
-Eso es lo que dice la modernidad: que la materialidad de la obra es cosa de épocas anteriores. Nuestra época rechaza el original porque lo considera elitista. Todos los esfuerzos técnicos se centran en conseguir copias mejoradas. Nunca se logrará sustituir un original por una copia, pero lo que sucede es que en las artes actuales los originales ya no son necesarios.
-El mismo de siempre. El fraude ha existido desde muy antiguo: los romanos ya falsificaban piezas griegas. Las artes actuales están construidas sobre la base de que aceptamos el fraude. Antes estaba perseguido, es cierto, pero ahora jugamos con ello. Está admitido el fraude. Y lo contrario: hay artistas, por ejemplo, que juegan a imitar la pintura de los niños. Uno de los intereses mayores del arte actual es aceptar ese juego. Pero quienes no lo hacen siempre pueden pensar que todo es una tomadura de pelo. No seré yo quien se lo niegue. Aunque también preguntaré si a esos mismos ciudadanos no les parece que las pasadas elecciones no lo han sido también. O lo sucedido con la crisis financiera: los banqueros que han arruinado a tantas personas se han premiado subiéndose el sueldo.
-Informar. Por eso, hay que darles la misma confianza que al periodismo en general: poca. Pero hay teóricos, más que críticos, que son muy buenos.
-El coleccionismo trabaja siempre con un afán especulativo. Uno de los placeres del coleccionista es ver cómo suben de precio sus piezas. ¿Mecenas? Aquí no los hay porque el 80% de la producción artística está subvencionada por el Estado, y nadie puede luchar contra eso. Es algo que se debe al anquilosado y arcaico sistema español. En EE UU no pasa y por eso allí sí son mecenas privados los que compran y encargan. Eso explica, sin duda, que el arte actual más interesante venga de aquel país o del Reino Unido.
-Los intermediarios del arte quieren que suban los precios porque eso viene bien a sus bolsillos, pero me resultan más ofensivos los intermediarios de la alimentación o el sector farmacéutico, por poner solo dos ejemplos. Ningún intermediario del arte aplica unos márgenes tan grandes como los que se dan en la alimentación.
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Casa con barro.

120 toneladas de barro es la única materia prima que usó Santiago Sierra para su obra expuesta en Hannover. Quería recordar la creación del lago Masch. Los visitantes podían adentrarse en ella, pero con botas de goma.

. :: EFE

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Adán y Eva

Obra de la serie 'La muerte de Dios', de Damien Hirst, presentada en Ciudad de México. Uno de sus últimos récords ha sido una calavera humana de platino recubierta de diamantes. Un grupo inversor pagó 74 millones de euros.

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Tubos por la sala.

Una pieza de una muestra de Santiago Sierra en el CAC de Málaga se componía de tubos extendidos por el suelo de la sala, unidos en algunos puntos.

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Mierda de artista.

Las latas de la serie 'Mierda de artista' se vendían, según dispuso su autor, Piero Manzoni, al precio que tuviera el oro en cada momento. Sin embargo, llegó un punto en que su precio era muy superior.

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