Guillermo Fernández Vara llegó a las once de la noche de ayer a la sede regional del PSOE de la calle Eugenio Hermoso de Mérida de la mano de su mujer y no salió de su despacho hasta después de más de dos horas reunido siguiendo la evolución de un apretadísimo resultado.
Había que reflexionar mucho cómo valorar los 30 diputados que había conseguido por los 32 del PP que, sin embargo, le daban una pírrica y engañosa victoria socialista, hipotética en cualquier caso teniendo en cuenta los tres escaños que acababa de conseguir Izquierda Unida, que se convierte en la llave para entrar en la presidencia de la Junta de Extremadura.
Fue lo primero que dijo Vara , dejando claro que quiere pactar con IU no sólo en la Asamblea sino también para formar gobierno. «En la vida hay que saber ganar y perder. Supe ganar y pactar no necesitándolo», declaró, y ahora considera que esta opción es la mejor «por la estabilidad de Extremadura». El presidente extremeño reconoció no osbtante que ya había telefoneado a Monago por haber conseguido ser la lista más votada y calificó de «incontestable el éxito que han obtenido en muchos municipios de Extremadura».
También había hablado ya con Pedro Escobar, de IU, conversación que le permitió empezar su primera aparición pública hablando de «pacto de izquierdas». «Los ciudadanos nos han dicho que se acabaron las mayorías (...) empieza una etapa nueva en nuestra autonomía. La situación tiene su complejidad», dijo antes dejar claro que a partir de ahora se inicia una ronda de negociaciones «para ver qué es lo que más interesa a Extremadura».
La refinería
Era inevitable hablar de la refinería, proyecto por el que IU no pasa. «Vamos a ver, porque se trata de un proyecto privado»", declaró Vara al respecto. Admitió que las encuestas venían señalando que podía darse este resultado, «pero honestamente yo pensaba que no iba a ocurrir».
Vara compareció al filo de la una de la madrugada. Primero se anunció que se pondría ante los micrófonos con el 95% escrutado, pero no estaría tan claro cuando finalmente decidió esperar al 99% del escrutinio. La verdad es que la noche en la sede regional del PSOE en Mérida fue una montaña rusa de emociones.
Si con los primeros escrutinios ya se vislumbraba lo que podía ser una debacle, con la mayoría absoluta del PP con el 27% del voto contabilizado pasadas las diez de la noche, nada más llegar Fernández Vara a su despacho el PP perdió un diputado, el PSOE ganó otro y con los tres escaños de Izquierda Unida aún era posible apear a Monago del poder provisional que ya celebraban en la sede popular.
Más de un socialista firmaba en esos momentos semejante reparto, aunque hubiera que recurrir a un pacto. Es más, los tres escaños de la coalición de Izquierda Unida estaban en el alambre pues contaban con un 5,58% de los votos y con menos del 5% la ley electoral les hubiera 'robado' esos tres diputados.