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«En mi juventud, no tuve ni un día de fiesta. Tocaba el saxo en el baile»

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«En mi juventud, no tuve ni un día de fiesta. Tocaba el saxo en el baile»

03.04.11 - 00:19 -
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La entrevista transcurre en Alcuéscar, en la casa de su mujer, cerca del local parroquial donde se guardan las formidables andas de madera que ha tallado para el Cristo, a un paso de la iglesia donde se celebró el concierto de la banda de música de la Diputación, en la que toca el saxo. En ese concierto se estrenaron varias de sus piezas para banda.
-Usted nace en Deleitosa en 1945. Cinco años antes de que Eugene Smith fotografiara escenas de la vida cotidiana del pueblo y las publicara en la revista Life. ¿Recuerda esas fotos?
-Tuvieron una resonancia internacional impresionante. Pero fue muy negativo para el pueblo. Yo era un crío. Hemos tenido muchas visitas, pero siempre con el morbo de las imágenes de las fotos. El reportaje es un poco exagerado porque muchas fotos son montaje, pero sí reflejan la realidad de entonces. La verdad es que tampoco han aportado mucho al pueblo. Ha habido un periodista catalán que trabajó muchos años para abrir un centro de estudios apoyado por la Universidad de Barcelona, pero eso se ha parado.
-¿Cómo fue su infancia?
-Mi abuelo paterno, Ernesto, era de Belén, en Trujillo. Le gustaban mucho los negocios, tenía mucha vista para eso, pero no acababa ninguno. Tuvo una camioneta, CC-33, solo con marcha atrás y marcha adelante. Curtía pieles, arrendaba fincas para ganado, hacía vino, tuvo de siempre el salón de baile de Deleitosa. Mi padre era un buen músico. Había nacido en Madroñera. Mis padres viven y tienen 92 años. Deleitosa era un pueblo ganadero con 3.000 habitantes en los años 60, pero que hoy tendrá 800. La gente emigró a Vitoria, Madrid y Francia, a Orleans. Mi padre era carpintero, yo era el hijo mayor. Fui al colegio y después empecé a ayudar en la carpintería. Yo quería estudiar Bachillerato, pero mi padre me dijo que tenía que hacerlo por libre y que las horas me las sacara de donde pudiera. Entonces, ya tocaba yo el saxo en el baile. Mi madre es pianista.
-Sus padres eran músicos en aquella Extremadura de mediados del siglo XX. ¿Cómo se conocen?
-Mi padre estuvo en la banda militar de Cáceres. Aquellos soldados músicos montaban sus grupos y vivían de ello. En el grupo de mi padre estaba Pedro Cámara, que tiene que ver con la conocida orquesta Cámara y que los trajo a Alcuéscar a tocar. Mis padres se conocieron, se enamoraron y ya está. Mi abuelo materno era un gran músico, Mariano Rubio Crehuet, primo hermano de Diego María Crehuet. Era carpintero artesano y músico. En aquella época creó una banda municipal en el pueblo. En la provincia de Cáceres solamente había cuatro o cinco bandas. Enseñó música a personas que no sabían leer ni escribir.
-El caso de su madre, al ser mujer y pianista en un pequeño pueblo, parece más llamativo.
-Mi madre estuvo con un tío mío, que era militar, en Mahón y allí estudió en el conservatorio. Al casarse se fue a Deleitosa, allí se metió y allí sigue. En Deleitosa ha dado clase a decenas de muchachos, ha hecho una labor formidable con la música. Los preparaba y los llevaba al conservatorio de Cáceres o al de Plasencia. Enseñaba el piano y el acordeón. Mi abuelo de Alcuéscar también me enseñó música. El caso es que con 13 años empecé a tocar en el baile el saxo, lo que sigo tocando. En mi juventud, no he sabido nunca lo que era un día de fiesta, no tuve ni un día libre. Lo pasaba muy mal. Era duro, con 18 años, ver cómo tus amigos se divertían en el baile y tú allí arriba tocando. Eso solo lo sabe quien lo ha vivido. Es que había que tocar a pulmón porque no había micrófonos. No dejé de tocar en el baile hasta que me fui a Francia a los 19 años.
-¿Y cómo estudiaba?
-Me levantaba todos los días a las cinco de la mañana para poder estudiar. Iba a clases particulares sin quitarme el mono de trabajo de carpintero. Me examinaba por libre en el Brocense. Cuántas veces he besado el dedito gordo de San Pedro de Alcántara en Santa María para que me echara una mano. Al acabar el Bachillerato me fui a Francia. Mi padre no me dejaba salir. Yo lo convencí diciéndole que para estudiar en un conservatorio, mejor me iba a Francia, estudiaba en el conservatorio de Orleans y me buscaba un trabajillo. Allí estaba la gente de Deleitosa que se había ido a Francia. A los 15 días de llegar, encontré trabajo y me metí en una orquestita muy bonita por mediación de un español. Se llamaba Los Cinco Jóvenes. Trabajaba en un taller de carpintería. Llegamos a tener cierta fama con la orquesta, pero me volví y quizás haya sido uno de los errores que he cometido en mi vida. Se llevaban mucho las canciones latinoamericanas. Yo cantaba en español. No me sabía muy bien las letras y cuando tocábamos preguntaba siempre si había muchos españoles por allí porque con algunas canciones acababa improvisando las letras.
-Regresa y salta del lirismo de la banda a la prosa de la banca.
-Me salió un trabajo en la presa de Azután, en Puente del Arzobispo, como administrativo. Después aprobé en 1968 unas oposiciones para la banca en Madrid. En el 70 me hicieron interventor de una oficina. Desde entonces siempre estuve de interventor. En el 2000 me prejubilé en el BBV.
-¿Por qué se viene a Cáceres en 1973?
-Estaba hasta el gorro. En Madrid no me daba tiempo a nada. El Museo del Prado lo he conocido estando ya en Cáceres. Si es que mi mujer se casó con 18 años. Era una cría y ya tenía tres hijos. Yo me iba temprano a trabajar, comía fuera de casa, trabajaba por la tarde, los fines de semana me llevaba trabajo a casa. Al volver a Cáceres ya era distinto. Fue un cambio impresionante. Cáceres tenía los servicios precisos, tus necesidades estaban cubiertas, los críos estaban más libres, salías al campo enseguida, tenías menos preocupaciones.
-¿Seguía con la música?
-En Madrid me compré un piano para enredar un poquito y el saxofón casi lo había dejado. Ha sido ya al llegar a Cáceres y entrar en la banda de la Diputación, hace 15 años, cuando comienzo de nuevo con la música y empiezo a realizarme. El saxo no me lo enseñó mi padre porque era un carácter muy fuerte y con él no se podía estudiar. Si hacías una cosa mal a la primera ya te reñía. Mi madre sí era una santa y quien no aprendía con ella no aprendía con nadie. Después ya estudié yo solo.
-¿Cuándo compone?
-Eso sale, vas por la calle, estás con los amigos. Casi siempre estoy dándole vueltas a la música. A veces me levanto a las cuatro de la mañana, tomo notas y me acuesto otra vez. Conozco mis limitaciones, compongo por intuición y he leído mucha música. Puedo hacer pasodobles, adagios. A Cáceres le he dedicado varias cosas.
-Estrena varias de sus composiciones en un concierto celebrado en Alcuéscar el pasado 19 de febrero.
-Antonio Luis Suárez, director de la Banda de la Diputación, me dijo que por qué no hacíamos un concierto monográfico con mi obra. Unos meses antes había muerto en Alcuéscar Trini, la mejor amiga que he tenido yo. Le hice un pasodoble. Pensaba dar el concierto en Deleitosa, pero al fallecer Trini, creí que el mejor sitio era Alcuéscar, para estrenar su pasodoble delante de su familia, en la iglesia. Tuvo un gran éxito, hubo mucha gente. Tocamos mis obras Cáceres monumental, El mercadillo, Paseo Alto, Amigo mío (un adagio que hice a un primo mío que murió con 56 años), Isa Pérez (pasodoble a mi mujer), Ilusiones (vals nupcial para la boda de uno de mis hijos), La morenita de la Montaña (marcha procesional dedicada a la Virgen de la Montaña que compuse hace años y se toca muchísimo), Torre de Bujaco y el pasodoble de Trini.
-¿La otra afición: hacer andas procesionales?
-Eso es también genético como la música. Mi abuelo materno era un artesano muy bueno y mi padre era carpintero. A mí no me ha enseñado nadie a tallar, aunque yo veía cómo tallaba mi tío y me fijaba mucho. Las andas las hice porque mi mujer pertenece a una cofradía en Alcuéscar. Hace tres años iban a comprar unas andas, pero yo sabía que mi mujer quería que las hiciera yo. Iba a hacer una cosa sencillita. Pero es como con la música, se me calienta la cabeza y empiezo, pero no sé cómo voy a terminar. Hice las andas. Estuve tallando, solo tallando, 1.143 horas. Son también de madera de cedro. He tenido que imaginar un artilugio para que el Cristo baje muy despacio antes de salir de la iglesia, porque si no, no cabe por la puerta, y luego suba. Es espectacular.
-Eso es en Sevilla y está saliendo todo el día en televisión.
-Ahora me he comprado una casita y la he reformado para tener allí un taller. Quiero hacer unas vitrinas para guardar mi colección de unos 50 relojes de bolsillo y otra colección de medio centenar de instrumentos musicales en miniatura.
-¿Sus hijos siguen con la música?
-Empezaron, pero tuvieron una profesora nefasta y se desanimaron. La dinastía sigue con un sobrino de unos 30 años. Hace dos años acabó Composición, tiene un master y este año va a hacer el doctorado en París.
-Usted vive entre Cáceres y Alcuéscar, ¿cómo se vive la crisis en una ciudad y en un pueblo?
-Por lo que observo, la crisis se nota un poco, pero en los pueblos, entre el paro y las cosillas, la gente vive.
-¿Por qué Alcuéscar ha perdido su importancia vitivinícola?
-Es que hay que renovarse o morir. El problema que tienen en Alcuéscar es que están obsesionados con que el mejor vino que se hace en el mundo es el de Alcuéscar. Y eso no es cierto. Estos vinos de aquí son muy fuertes, muy duros, muy blancos y solo se beben aquí. Yo creo que ese vino, en cuanto pase nuestra generación, se acaba. Que conste que yo hago vino para mí y es de Alcuéscar. Pero en las viñas tenían que poner tinto.
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Aficiones. Mariano Donoso es aficionado a la música y a la carpintería y guarda en su casa una curiosa colección de instrumentos. :: LORENZO CORDERO

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