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23-F: El día que Faustino empezó a adelgazar

CÁCERES

23-F: El día que Faustino empezó a adelgazar

23.02.11 - 00:04 -
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El 23 de febrero de 1981, Faustino Muñoz comió un caldo y una tortilla francesa. Lo propio para alguien con mucha prisa y un estómago ulceroso. «Había tenido una reunión en el Gobierno Civil de Cáceres hasta la una y media, comí y me fui deprisa a Madrid», recuerda.
En la capital estaba citado para la toma de posesión de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, tras la dimisión de Suárez. El treintañero Faustino Muñoz, casado, padre de tres hijos (de 11, 9 y 7 años entonces), diputado de UCD, jefe de gabinete del ministro de Sanidad, tenía una cita con la Historia de España. Y llegó por los pelos. «Tuve que dejar el coche abierto y con las llaves puestas porque estaba mal aparcado, es que no llegaba... De hecho, al alcanzar la puerta, el ujier estaba ya cerrándola. Puse el pie, me vio y pasé. Yo creo que fui el último diputado que entró en el Congreso».
Lo que sucedió aquella tarde es de sobra conocido: el 23-F, fecha en la que todo español en edad adulta recuerda dónde estaba y qué hizo. En Estados Unidos, la pregunta es qué hacías el día que mataron a Kennedy. En España, la referencia es el 23 de febrero de 1981.
Que se sepa, esa tarde había en el hemiciclo al menos seis cacereños: los diputados de UCD Faustino Muñoz, Juan Rovira y Manuel Bermejo -designado presidente de la Junta preautonómica-, los del PSOE Eusebio Cano Pino y Pablo Castellano, y un guardia civil de Botija. «Días después del golpe me llamó su padre para pedirme que hiciera algo para que no castigaran a su hijo», recuerda Faustino Muñoz. En realidad, el ex diputado -un hombre elegante y de trato exquisito que ahora ejerce como secretario personal de Obispo de la Diócesis de Coria-Cáceres- lo recuerda todo de aquel día.
«Dijeron mi nombre, 'Muñoz García, Faustino', dije 'sí', y estando todavía de pie, le comenté a Antonio Morillo, el diputado que se sentaba a mi derecha 'He oído un tiro', y al poco empezaron a aparecer ujieres diciendo 'la Guardia Civil pegando tiros, la Guardia Civil pegando tiros'. Si los de la tribuna de prensa no se llegan a agachar, hoy estaríamos contando esto de otra forma...».
Eran las 18 horas y 23 minutos. «Vi al guardia civil que entró pistola en mano y le reconocí», explic, treinta años después, pero con el recuerdo muy vivo, el ex diputado cacereño. «'Éste es Tejero, así que esto es un golpe de Estado', le dije a Antonio Morillo. Supe que era Tejero porque yo había estado siguiendo toda la información que se había publicado sobre la 'Operación Galaxia' (el plan de golpe de estado en el que estuvo involucrado) y porque yo ya conocía las graduaciones militares».
15 horas para no olvidar
Entre la entrada de Tejero y la salida de Faustino Muñoz del edificio del Congreso pasaron unas quince horas. Cuando el golpista gritó 'todo el mundo al suelo', los hubo, como Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo, que eligieron no hacerle caso -«yo le vi en el suelo», asegura Muñoz sobre el líder comunista-, y otros que no lo hicieron porque no pudieron. Por ejemplo, el diputado de UCD por Cáceres, sentado en el primer asiento de la cuarta fila, a la izquierda según se sube por la escalera situada frente a la tribuna presidencial. «Me quedé sentado en el escaño, pero no por ser más valiente que los demás, sino porque no había sitio en el suelo -recuerda el protagonista-. Me quedé sentado en la butaca, pero recostado hacia un lado, hasta que llegó un guardia civil, por cierto con un olor fortísimo a una mezcla entre coñac y anís, me puso la punta del subfusil en el cuello y me dijo 'que se siente, coño'. Yo le dije que no tenía sitio y él me repitió 'le he dicho que se siente, coño'. No me quedó otra que echarme, con la mitad de mi cuerpo encima del de Morillo».
No se le ha borrado ni ese ni otros muchos momentos de esa tarde histórica. «Recuerdo que Blas Piñar se sentaba tres o cuatro filas por detrás de mí, y le recuerdo plácidamente dormido. También recuerdo que en un momento determinado se acercó a él un guardia civil, que le habló al oído medio minuto. Al poco, Blas Piñar se levantó sin pedir permiso con la mano hasta que un guardia te veía, como teníamos que hacer todos. Se fue, y estuvo hora y media fuera del hemiciclo. Cuando volvió traía un abrigo en la mano, quizás nos quería hacer pensar que había ido a por el abrigo... Llegó, se colocó el abrigo como almohada y se volvió a echar a dormir».
Entre las fotografías mentales que aún conserva no podía faltar una de su jefe último, Adolfo Suárez. «Fui impactante la escena en la que Suárez le dice a un sargento 'cuádrese, que soy el presidente del Gobierno'». Y debió ser impactante la imagen que a la mañana siguiente, sobre las nueve, se encontró Manuel Bermejo, también diputado de UCD por Cáceres. «Él fue quien me encontró a mí en un baño, tirado», recuerda Faustino Muñoz, al que el estómago le acabó diciendo 'basta'. «Desde hacía veinte años padecía una úlcera sangrante, y necesitaba tomar a diario un medicamento concreto, creo que se llamaba Roten. Pero aquel día, con las prisas y porque no pensé que fuera a pasar lo que pasó, dejé las pastillas en el coche. Se las pedí a la médico, pero no tenía. Con el paso de las horas tuve que salir al servicio varias veces, empecé a notar dolores, vomité y así fui empeorando hasta que me caí al suelo».
Lo siguiente que de lo que tiene constancia es despertar en el Hospital Gregorio Marañón (entonces llamado Francisco Franco). Su úlcera había empeorado. Consiguió que el doctor Barros, director del Hospitale, le autorizara la salida para participar en la votación de investidura de Calvo Sotelo el 25 de febrero, porque «no podíamos permitirnos perder ni un solo voto», dice. Le llevaron en un coche del Congreso hasta la carrera de san Jerónimo. «Fui todo el camino completamente tumbado, y me impactó ver Madrid desierto». Dos ujieres le cogieron de las axilas para ayudarle a llegar a su asiento en el hemiciclo. «Cuando entré estaba hablando Agustín Rodríguez Sahagún, que al verme, se calló, se hizo un silencio... Me tocó votar pronto, dije 'sí', y recuerdo con ilusión que en ese momento, hubo en el hemiciclo un aplauso general».
Finiquitada la votación que no Antonio Tejero no logró evitar pistola en mano, el diputado Muñoz volvió al Hospital. Pidió ser operado en Cáceres, por el cirujano Julián Murillo, y todo fue «muy bien». Le tuvieron que extirpar un tercio de su estómago, y durante los once días que siguieron al 23-F, Faustino perdió 24 kilos. Treinta años después ha recuperado casi todo ese peso. Y mantiene el recuerdo de aquella fecha extraordinariamente vivo. «Más que miedo, lo que el golpe de estado me produjo fue tristeza», reflexiona ahora.
Y quizás valga también como resumen una anécdota. «El 24 -cuenta Faustino Muñoz-, mi hijo pequeño fue al colegio y le dijo a todo el mundo: 'A mi padre lo han fusilado anoche'». Tres décadas desués, el ex diputado por Cáceres lo puede contar con una sonrisa en la cara.
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