Enrique Asensio tiene hoy 53 años, ya no es árbitro aficionado ni tampoco tiene la soltura para correr de sus años mozos pero no ha perdido ni un gramo de la ilusión que tenía cuando contaba con 28 años. Entonces, en Burguillos del Cerro (3.300 habitantes, a 17 kilómetros de Jerez), junto a otros ocho amigos decidieron que no había mejor manera que despedir un año y entrar en el nuevo que corriendo. Algunos en el pueblo no creyeron en que ese pequeño desafío saliera bien. Hoy, ningún burguillano, viva allí o fuera, quiere perderse su San Silvestre. En este año, cerca de 300 personas están inscritas en la carrera.
«Fue una idea que alguien dijo y todos compartimos enseguida», resume Asensio, presidente de la comisión organizadora, a la hora de explicar cómo cuajó la iniciativa. «Se planteó y funcionó. Cuando ya llevaba la carrera 18 años pensamos en dejar la comisión organizadora, pero aquí estamos casi los mismos de 1985», añade este enamorado del deporte que mata sus ratos libres echando el resto en el fútbol como presidente del CD Burguillos.
La San Silvestre burguillana --o Cross burguillano como aparece este año en los carteles de sus bodas de plata- siempre arranca en la plaza de España y termina en la plaza del Cristo. El recorrido ofrece, para el espectador, estampas hermosas del pueblo, con el castillo presidiendo siempre la carrera y la iglesia de San Juan como otro ilustre referente. Para los atletas supone un pequeño calvario. Transcurre por calles llanas en buena parte, pero también por cuestas. A eso se añade el tiempo que haga ese día.
Unos 300 valientes están llamados este año a participar en las diferentes categorías fijadas. La más pequeña, la benjamín, para niños de 8 y 9 años, que deben recorrer 1.000 metros. La carrera empieza a las cuatro de la tarde. Mientras, los alevines (de 10 y 11 años), deben superar 2.800 metros y los infantiles (12 y 13 años), 3.800. Lo más duro llega para los hombres y mujeres que participan en las categorías cadetes, juvenil senior y veterano. Para todos ellos, la distancia es de 7.300 metros.
«Lo bonito es que participan gente de 8 a casi 70 años. El año pasado, por ejemplo, corrió un vecino de 67», resalta Asensio. «Es una prueba deportiva que da prestigio al pueblo y que la apoyamos decididamente desde el Ayuntamiento», añade el alcalde, José Calvo.
Continuidad
La modestia de esta San Silvestre rural, alejada del glamour y multitud de las de Vallecas o Sao Paulo en la que participan atletas consagrados, se percibe en los premios. Dinero sólo hay para el campeón absoluto senior, 300 euros. Para el resto de categorías se entregan trofeos a los tres primeros clasificados.
El presupuesto de la carrera llega a 3.000 euros, de los que más de la mitad los pone el Consistorio. El resto, «nos buscarnos la vida entre empresas del pueblo y de fuera para cubrirlo», añade Asensio, quien resalta lo complicado y, a la vez, fascinante que supone organizar cada año la cita. «Aunque parezca que no, tiene su trabajo, su infraestructura....y como salga mal el tiempo, peor», asegura. Sólo en una edición, la de 1998, se ha tenido que suspender debido a un temporal de agua y lluvia. Se suspendió....por unos días. No se olvidó. Se corrió el 6 de enero. Es lo que tiene que, en Burguillos, la San Silvestre sea ya algo sagrado y con una historia de plata.