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Una excursión de lo más taurina

TOROS

Una excursión de lo más taurina

Dos clases de Secundaria del IES San José y los Maristas de Badajoz realizan una visita a la ganadería de Luis Terrón para conocer al toro bravo y al caballo en la dehesa

28.11.10 - 00:32 -
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PROFE, yo pensé que esto iba a ser un rollo pero resulta que no, que me lo estoy pasando en grande». Esta frase que rezuma sinceridad fue pronunciada el miércoles por un chaval de apenas trece años. El 'rollo' inicial al que se refería era una de las actividades del proyecto 'Somos dehesa', que la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural realizó en la finca 'Los Fresnos', propiedad de Luis Terrón y donde pastan los toros que tantos éxitos han dado en corridas de rejones esta temporada. Ese chico antes de salir de casa seguro que no pensó que terminaría descubriendo la dehesa mientras paseaba a escasos metros de toros que se lidiarán el próximo año, que conocería la nobleza del caballo y, lo más curioso, que terminaría dando de comer en la mano a un toro de lidia.
Esa fue, sin duda, una de las cosas que más impactó a los chavales. Pero vayamos al inicio. El proyecto 'Somos dehesa' engloba distintas actividades para promocionar y, sobre todo, para dar a conocer el patrimonio natural extremeño tanto a personas adultas, como a jóvenes y niños. Por ello, se seleccionaron dos clases de Secundaria del instituto 'San José' y del colegio 'Nuestra Señora del Carmen' (Hermanos Maristas) para participar en una de las jornadas. Un autobús los recogió en sus colegios a las nueve de la mañana, desde donde se dirigieron a 'Los Fresnos', entre Valverde de Leganés y Táliga. El día no acompañaba. El cielo estaba encapotado y no paraba de llover. Sin embargo, ni la lluvia ni el barro impidieron que los chavales disfrutasen al máximo. Nada más llegar les explicaron las actividades y todos exclamaron a coro un sonoro 'ohhhh' cuando les contaron que estarían a escasos metros de un toro.
Fue lo primero que hicieron. Conocer a 'Farruco' de la mano del joven ganadero Kiko Cancho Terrón. Este les contó que 'Farruco' era un toro nacido hace casi cinco años. «La madre se murió en el parto y lo encontramos mojado y temblando junto a ella. Entonces lo cogimos y lo criamos a biberón. Es un toro bravo pero os podéis acercar», narró el ganadero ante la atenta y sorprendida mirada de los chavales. Allí, detrás de la valla se encontraba el morlaco.
Los chicos lo miraban sin creerse del todo que fuese un toro bravo el animal que tenían a escasos metros. Entonces Kiko cogió unas ramas de encima y comenzó a darle de comer, momento que aprovecharon los chavales para hacer lo mismo. Durante casi una hora no pararon de darle hierba, tocarle la testuz o hacerle fotografías, siempre desde el respeto al conocido como el 'rey de la dehesa'. Después de contemplar al astado y de manera espontánea, comenzaron las preguntas. ¿Cuánto vive un toro? «Pues depende -explicaba Cancho Terrón-, los sementales pueden vivir unos 20 años y las vacas pueden llegar a los 25». «¿Cuánto corren?» «Yo creo -afirmaba el ganadero- que pueden alcanzar los 50 kilómetros por hora». «¿Sí? -replicaba un chaval- ¡pero si pesan mucho cómo van a correr tanto!».
Kiko Cancho también les aseveró que la ganadería era de su tío Luis Terrón, quién la compró en 1989, y que era de encaste Murube. Las preguntas cesaron cuando llegó la hora del desayuno, aunque los chicos se hubiesen quedado allí mucho más tiempo si les hubiesen dejado, prueba del interés que demostraron ante el toro, del que sin duda aprendieron mucho y que les resultó instructivo.
No menos que la explicación sobre el caballo que corrió a cargo de Esther Gil, quien tiene un centro de doma y equitación y conoce en profundidad el mundo equino. La amazona les explicó, en primer lugar, las partes del toro, posteriormente las capas y las razas, diferenciándolas. No olvidó comentarle a los jóvenes que los caballos también tienen sentimientos y así les enseñó, por ejemplo, que dependiendo de la posición de las orejas pueden expresar tristeza o enfado. «¿Y tienen memoria?», preguntaron. «Pues sí, claro que sí, si no tuviesen memoria sería imposible domarles», subrayó Esther, quien también respondió con agrado a las dudas que surgían a los alumnos, con respecto a las razas, al coste de mantener a un caballo o a las enfermedades que padecen. De hecho, les sorprendió muchísimo lo propensos que son los equinos a las molestias estomacales e intestinales y cómo pueden morir por cólicos en cuestión de minutos. Hubo quién mostró gran interés por aprender a montar y quien confesó que lo hacía en sus ratos libres. Quizás en unos meses salgan de aquella visita futuros jinetes y amazonas.
Con los chavales ilusionados por todo lo que habían aprendido llegó el momento de conjugar toros, caballos y dehesa. Subidos a sendos todoterrenos (el piso no permitía otros vehículos) los chicos hicieron su peculiar 'safari', solo que en lugar de tigres y cebras observaron toros de lidia. Fueron los primeros a los que 'visitaron'. El cercado donde se ubican los 72 astados que se lidiarán la próxima temporada. Los novillos estaban desperdigados por la finca. Cuando los coches se acercaban, los miraban y seguían buscando entre la hierba las bellotas que habían caído con la lluvia. Otros echaban a correr.
Los jóvenes quedaron encantados con la actividad y no les resultó pesada, aunque con total seguridad podía decirse eso de que 'había toro hasta en el plato'. Y es que, arroz con carne de lidia fue el menú que degustaron antes de jugar al trivial de la dehesa y de contribuir plantando unas encimas en la bonita finca extremeña. Con pena se despidieron de aquel idílico entorno y volvieron a las clases, los apuntes, las matemáticas y el recreo, aunque seguro que en el patio comentaron a sus compañeros lo que habían aprendido de la jornada.
No fueron los únicos que quedaron encantados con la jornada. El propio ganadero reconocía que le había sorprendido el interés que habían demostrado los chavales. «Algunos se han interesado bastante y me han hecho preguntas que no me esperaba, relacionadas sobre todo con el tipo de cría, con las vacas, los sementales.», narró Cancho Terrón, quien sabe de primera mano el desconocimiento que existe hacia el mundo del toro. «La gente no sabe lo que es el campo -apostilla- muchas personas de ciudad, y más si son de grandes ciudades, desconoce como vive el toro, la manera en la que seleccionamos a los sementales, cómo se aprueban las vacas. desde que nace el becerro hasta que se lidia hay mucho trabajo pero también es muy bonito y ayuda a crear afición».
Desde la ganadería de Luis Terrón no lo dudaron y se decidieron a participar en el proyecto 'Somos dehesa'. Su finca además reúne muy buenas condiciones para llevar a cabo estas actividades debido, entre otras cosas, a las instalaciones cubiertas de reciente construcción. De hecho, Kiko Cancho reconoce que no le importaría seguir realizando este tipo de eventos. «Sobre todo de cara, también, a otros países, que conozcan la cultura española y Extremadura, que esto no es un desierto. La región es la gran desconocida y creo que merecemos darnos a conocer y tenemos algo que podemos aportar a la gente, que gustaría, lo que pasa es que aún no lo conocen. Yo creo que a través de este proyecto nos podemos dar a conocer tanto en España como en el resto del mundo», subraya el ganadero.
'El ganado bravo como factor de desarrollo sostenible de los hábitat adehesados' era el lema que rezaba en uno de los carteles de 'Somos dehesa' que estaban colocados en los exteriores de la plaza de tientas de la finca. Una de las personas que mejor lo conoce es Idoia Pérez de Heredia, técnica del programa, que explica que esta es una actividad de sensibilización, parte importante del proyecto, pues hay que demostrar que el ganado bravo forma parte de la sostenibilidad de las dehesas. «Una parte importante es transmitírselo a la población en general y también a los chavales», comenta ilusionada tras recordar que había visto muy ilusionados a los jóvenes. «Ellos nunca han visto un toro, no solo tan cerca como han visto a Farruco, sino que en muchos casos no los han visto ni siquiera de cerca», apostilla.
La prueba de ese desconocimiento hacia el mundo taurino la tiene la propia Idoia, quien ha podido comprobar como en muchos pueblos cercanos a fincas de ganado bravo ni siquiera sabía que existían. «Parece sorprendente que venga gente de China a verlo y personas que lo tienen a un kilómetro nunca se hayan acercado a contemplarlo. Lo que pasa es que muchas veces no valoramos lo que tenemos al lado y pasa un poco desapercibido», explica la joven que muestra su agradecimiento a los ganaderos que les han abierto las puertas de sus fincas.
Ganaderos como Luis Terrón y su sobrino Kiko Cancho, que sin saberlo, han contribuido a hacer felices a muchos chavales que sin duda aquel día llegaron a casa contando a sus padres que ellos se habían arrimado tanto o más que José Tomás. Quien sabe si en alguno de ellos ha nacido un aficionado.
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